Misterio de Santa Inés, Anónimo

[Jeu de Sainte Agnès]. Misterio provenzal del si­glo XIV. En Roma, en época no bien de­terminada, el hijo del «praefectus urbis» se enamora de una niña de trece años, Inés, con la que quiere casarse; pero ella lo rechaza con insistencia y dice estar ligada a otro esposo que la ama.

El joven, deses­perado, enferma, y su padre, al conocer la causa de ello y saber también que Inés es cristiana, no consiguiendo doblegarla, la in­tima a hacerse vestal, ya que quiere per­manecer virgen; de lo contrario, la llevará a un lupanar. Pero la muchacha, con la protección divina, nada teme. En efecto, despojada de todas las ropas que lleva, los cabellos le crecen de repente hasta el punto de formar un manto en torno a su cuerpo. En el lugar de la infamia, un ángel situa­do junto a Inés ciega con su luz a quien intenta acercársele. En breve el prostíbulo se convierte en lugar de oración y reden­ción. El que entra en él sale purificado. El hijo del prefecto, que ha ido allí con unos amigos, al ir a poner sus manos en la mu­chacha es estrangulado por el demonio. Acude el prefecto junto al cadáver de su hijo, acusa a Inés de sortilegio y le pone como condición para salvar su vida que resucite a su hijo; la muchacha reza y el joven resucita y afirma en alta voz su fe cristiana. Pero los sacerdotes paganos su­blevan al pueblo contra aquella a quien llaman una «maga», por lo que el prefecto la abandona en manos de su lugarteniente Aspasio.

Puesta en la hoguera, las llamas se dividen y alejan de su cuerpo, mientras ella alaba y da gracias a Dios. Aspasio, para aquietar el tumulto de la multitud ignorante y sedienta de sangre, manda degollar a la virgen. El autor del drama ha seguido en sus líneas esenciales el relato de una Vida latina de Santa Inés atribuida a San Ambrosio, pero la ha ampliado li­bremente, ha añadido episodios y ha in­sertado numerosos intermedios líricos. El efecto escénico es logrado; pero falta en la obra finura de sentimiento y de situa­ciones psicológicas, y hasta el estilo es bastante vulgar. La obra hace pensar na­turalmente en la Teodora (v.) de Pierre Corneille, el cual, por otra parte, debió conocer la Sainte Agnès, tragedia muy des­igual, con coros, de Trotterel (1615).

C. Cremonesi