Mimos, Publilio

Obras escénicas de Publilio (90?-40? a. de C.), de carácter bur­lesco y de farsa, que tuvieron en Roma gran éxito y la protección del mismo César.

Cuando Publilio, esclavo procedente de Si­ria, llegó a Roma, el género del mimo era conocido allí desde hacía años y era apre­ciado como representación de música y de baile, mucho más por su carácter indecente y lujurioso que por su intrínseco valor artístico. El mismo nombre de mimo deri­vaba del hecho de que gran parte de la representación estaba confiada a la mímica, a la mueca, al movimiento, todas ellas ha­bilidades y características más de bailarín que de actor. Publilio, que a sus naturales méritos de gracia y habilidad Unía tam­bién una discreta cultura, tan pronto como fue liberado organizó una compañía de teatro y empezó a recorrer las ciudades de Italia, dando a conocer su talento; grandes éxitos obtuvo también en Roma, donde re­sultaba particularmente simpático el equi­librio entre el motivo cómico, que provoca la risa, y el elemento gnómico, que invita a pensar. Precisamente por este carácter sentencioso se sacó de sus mimos una se­lección gnomológica titulada Las sentencias (v.), que tuvo una amplia difusión en la Edad Media. Resultó ventajoso para Publi­lio el carácter políticamente anodino de su producción, que por ello gustó a César, quien en cambio se veía continuamente ata­cado por los Mimos (v.) coetáneos de La­berio. De éstos se diferencian también los mimos de Publilio por un interés más vivo por las situaciones teatrales, por un deseo de gustar inmediatamente y de adivinar el gusto del público.

Buen actor, siente la necesidad de cuidar de su taquilla y de mostrarse indulgente con su espectador. De sus mimos sólo se conocen dos títulos: El gruñón y Los podadores de vid. En cambio se han salvado unos mil versos de la colec­ción gnomológica, pero aun así resultan casi inútiles para reconstruir el movimiento dramático y el argumento de las compo­siciones.

F. Della Corte