[Micromegas]. Historia satírica de Voltaire (François-Marie Arouet, 1694-1778), publicada en 1752.
El autor se imagina que un habitante de Sirio, Micromegas, de proporciones hiperbólicamente gigantescas, debido a la publicación de uno de sus libros (la alusión al teatino Boyer que había perseguido a Voltaire por sus Cartas filosóficas, v., es evidente) es condenado a no presentarse en la Corte durante muchos años. Entonces sale de viaje hacia el planeta Saturno, donde conoce a uno de sus habitantes, una especie de enano, en comparación con él, en el que está representado satíricamente Fontenelle, autor de las célebres Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos (v.)} que se había aliado con los enemigos de Voltaire. Los dos viajeros llegan, discutiendo sobre los más variados temas, a nuestro Globo, de cuyos habitantes ni siquiera se dan cuenta, debido a sus modestas proporciones, imperceptibles a sus sentidos. Haciendo de un diamante una especie de microscopio, Micromegas descubre al principio una ballena, que observa teniéndola sobre la uña de su pulgar y, finalmente, un buque con unos hombres, que los dos viajeros toman al principio por insectos, pero que luego reconocen provistos de alma, a pesar de sus minúsculas proporciones, cuando consiguen que entiendan y comprendan su lenguaje. Es un grupo de filósofos, pertenecientes a distintas escuelas, que exponen sus teorías Sobre la naturaleza del alma y la formación de las ideas.
A través de esta exposición el autor satiriza el aristotelismo y los sistemas de Descartes, Malebranche y Leibniz. Sólo un partidario de Locke, cuyo sensismo Voltaire había adoptado, habla más razonablemente, a juicio de los dos viajeros, afirmando su teoría sensista y reconociendo a la vez la potencia eterna. Pero una tempestad interrumpe el coloquio; todo desaparece ante la vista de los dos viajeros hasta que Micromegas encuentra de nuevo el navío, que sostenía sobre una de sus uñas, en un bolsillo de los pantalones y, después de un rato, a toda la tripulación, a la que dirige palabras bondadosas, aunque deplorando el desmesurado orgullo de aquellos pequeños seres. El cuento no tiene la fresca y sonriente gracia de Zadig (v.) y de Cándido (v.), ya que en Micromegas se hace más visible el carácter algo abstracto de la narración, llevada a cabo más para agitar y difundir unas ideas que para representar a unos individuos. Sin embargo, se afirma también aquí, en su habitual estilo impecable y cristalino, el mordaz espíritu de Voltaire, tan inigualable en el arte de disolver todo un sistema a través de una pequeña historia, con su actitud socarrona, aparentemente ingenua e inocente. Y, más que en otros escritos del escritor de las «luces» y del progreso, se afirma aquí su desolada visión de una humanidad necia e ignorante, infinitamente pequeña y desmesuradamente orgullosa. [Trad. española del abate José Marchena en el volumen I de las Novelas de Voltaire (Burdeos, 1819, y Sevilla, 1836)].
F. Ámpola
La fantasía reina sin freno, o mejor dicho, el capricho del autor, que rápidamente pasa de la imaginación más libre a la realidad más escrupulosa. (M. Bontempelli)

