[Il microcosmo della pittura]. Obra del médico y escritor de arte italiano Francesco Scannelli (que vivió hacia la mitad del siglo XVII), publicada en Cesena en 1657 y subdividida en dos libros. El primero, de carácter teórico, recoge y desarrolla barrocamente el concepto, caro también a los tratadistas del manierismo, de la analogía entre el microcosmos del cuerpo humano y el universo de la pintura, concebida como un cuerpo vivo cuyas partes principales corresponden a los máximos artistas de las tres grandes escuelas: romana, veneciana y lombarda.
El hígado está representado por Rafael; el corazón por Ticiano; el cerebro, «parte noble y calificada», por Correggio, «verdadera cabeza del microcosmos de la pintura»; los órganos genitales por Paolo Veronese. Los alambicados y fatigosos razonamientos con que el escritor, refiriéndose a las cualidades del arte de los distintos maestros, trata de demostrar su extravagante tesis, le brindan ocasión de recordar a otros artistas de mérito inferior, entre ellos Leonardo y Miguel Ángel, que, a su juicio, sólo se aproximan a la perfección sin alcanzarla. Sucesivamente, Scannelli discurre sobre las tres escuelas ya recordadas, a las que añade como cuarta la boloñesa. Por su culto de Correggio, de Rafael y de los coloristas septentrionales, el escritor se muestra orientado sobre todo hacia el eclecticismo de Carracci: su académica prudencia se manifiesta en el precepto de que «hay que huir en pintura de todos los extremos, pues son nocivos». Otros capítulos, que atestiguan una notable información de la literatura artística precedente, están dedicados a los conocimientos universales necesarios a los pintores, como la doctrina de las proporciones y de la perspectiva.
La segunda parte del libro, donde «se señalan las diversas obras más famosas y excelentes que viven ahora a los ojos de los virtuosos como adorno particular de Italia», es un resumen histórico y crítico del desarrollo de las principales escuelas pictóricas, que no carece de interés por las noticias y juicios ofrecidos sobre numerosos artistas, y ante todo por la tentativa de coordinar en torno a los jefes de escuela las principales corrientes del gusto.
G. A. Dell’Acqua

