[Messagges]. Ensayos críticos del francés de origen mexicano Ramón Fenandez (1894-1944), publicados en primera y única serie en 1926.
Al hablar del arte de Balzac o de Stendhal, de Conrad o de Meredith, o del pensamiento de Maritain o de Newman, el crítico afirma la necesidad de no reducirse al valor literario de su obra, sino de interpretarlos como «mensajes» de una espiritualidad más profunda. Todo autor entrega a la posteridad la prueba de su meditación; cada época trata de entrar en lo íntimo de un descubrimiento y emitir un juicio propio; permanecer en el ámbito de una crítica descriptiva de las bellezas del estilo o del interés psicológico de personajes o descripciones es cosa vana, porque no se capta lo mejor de una afirmación espiritual. Los escritores, en cambio, dejan una interpretación del mundo que continúa en nuestro espíritu, suscitando una humanidad más completa. Los grandes son verdaderamente faros de la civilización, y en el esplendor de las letras, de las artes y de la filosofía muestran el arduo camino de una ascensión hacia la realidad. Por esto adquiere decisiva importancia entre – los contemporáneos, Proust y, en cuanto a las referencias de una civilización inmediatamente precedente, Pater y George Eliot. Tiene particular interés el ensayo de introducción «De la crítica filosófica» [«De la critique philosophique»J que establece una relación entre la crítica discursiva e impresionista y una estética verdadera y apropiada; ésta ilumina las íntimas fuentes de una obra y considera su problema metafísico en el plano de la imaginación, valorando la creación artística en los problemas esenciales de pensamiento que reviste.
Otras distinciones entre arte y autobiografía (gracias a Stendhal y al hechizo de su arte tan singular y solitario en la época romántica) presuponen la seriedad de la obra de arte y su oficio de disciplinar el gusto y la vida espiritual. El libro de Fernandez, documento representativo de la cultura francesa de principios de la postguerra, supera la fragmentación de las posiciones de vanguardia, con una exigencia clásica de la poesía y del arte. Por este carácter «filosófico» de la crítica, sostenido en polémica con Rivière y Thibaudet, e indirectamente con Du Bos, Fernandez no ha dejado de influir en la formación de una estética, por decirlo así, «ontológica» («la estética debe ser una ontología imaginativa», afirma en el último ensayo) en las corrientes de vanguardia de nuestro tiempo.
C. Cordié

