Men Rodríguez de Sanabria, Manuel Fernández y González

No­vela histórica del más fecundo y notable de los escritores «por entregas» español, Manuel Fernández y González (1821-1888), publicada en 1853. Se desarrolla en el rei­nado de don Pedro el Cruel o el Justiciero, de Castilla, y el protagonista, de una fide­lidad pasmosa- al monarca, interviene en guerras, intrigas, amores, dramáticos suce­sos, junto a figuras femeninas encantadoras (como Isabel, Beatriz, la hermana bastarda del rey), y otras de carácter diabólico (co­mo Leila, la vengadora). Doña Blanca, la reina infeliz, esposa de don Pedro; doña María de Padilla, también esposa del mis­mo rey, pero en secreto, son criaturas que el autor destaca con ternura. Los empeños tremendos entre don Pedro y sus nobles siempre sublevados o intrigantes, a la vez que con sus hermanos bastardos, a algunos de los cuales tiene que sacrificar para afir­marse en su trono, aunque al fin muere a manos de don Enrique de Trastamara, en­tre veras y fecundas imaginaciones, desfi­lan ante el lector que se encuentra dueño de un magnífico campo de aventuras con el carácter de «históricas».

Es lástima que un escritor de la fluida vena de Fernández y González no cuidara sus escritos y nos dejara una obra que además de interesan­te sería serena y bien construida; pero le perjudican la velocidad con que componía sus novelas y el superficial barniz de do­cumentación con que las revestía. La no­vela se lee, no obstante sus defectos, por las muchas virtudes que contiene: ame­nidad, fantasía, historia manejada con agi­lidad y sin miedo a la inverosimilitud, des­cripciones arqueológicas, etc., prestando to­do ello un impulso vital a las páginas de Men Rodríguez de Sanabria, joven caba­llero lleno de virtudes, de belleza natural, de arrogante espíritu, cuya vida se interrumpe para continuar — ya muerto don Pedro de Castilla por la mano fratricida de don Enrique — en otra novela que el autor nos promete al terminar ésta.

C. Conde