Memorias Políticas, Felice Orsini

[Memorie politiche]. Es la autobiografía de Felice Orsini (1819-1858), que sigue, en 1857, a otras obras del mismo género: Mazmorras aus­tríacas [Austrian dungeons] y Memorias y aventuras [Memoirs and Adventures], que publicó en lengua inglesa, sirviéndose como traductores, respectivamente, de Jessie White y Giorgio Carbonel. Un año antes de subir al patíbulo, a consecuencia del aten­tado contra Napoleón que había de des­encadenar la crisis que determinó la inter­vención francesa contra Austria, dedicó este volumen a los jóvenes italianos; omi­tiendo muchos detalles de su vida privada, ya expuestos en las obras precedentes, daba especial relieve a los acontecimientos po­líticos, de los que, a partir del año 33, ha­bía sido él testigo y actor, así como a las enseñanzas que de ellos había sacado.

Na­cido en Meldola, en el Estado pontificio, y crecido entre las luchas de las diversas sectas que apuntalaban o combatían el do­minio papal, Orsini, mazziniano ferviente, es detenido por vez primera en Bolonia, el año 1843, y encerrado en S. Leo; de allí salió amnistiado al ser designado papa Pío IX; en 1848 le hallamos en la defensa de Venecia; un año después figura como comisario de la República romana y en­cargado de la depuración política de Ancona, entre otras ciudades; viaja por diversas naciones europeas, mezclándose en todos los movimientos mazzinianos, siendo arres­tado en 1854 en Hermannstadt, cuando se dedicaba al peligroso juego de vestir el uni­forme austríaco para sembrar gérmenes di­solventes entre el ejército enemigo, salván­dose por poco de la pena capital. Vuelve a ser encerrado en Mantua, en el fuerte de San Jorge, del que Pier Fortunato Calvi sale para subir al patíbulo; pero Orsini consigue (1856) perpetrar una fuga asom­brosa, minuciosamente preparada en todos sus detalles, limando una doble reja y des­colgándose con sábanas anudadas, desde una altura de veintinueve metros, al foso inferior.

Desde allí marcha a Zurich y más tarde a Londres, donde encuentra a Mazzini. Pero sus ideas, maduradas en sus pe­ríodos de encierro, no coinciden ya con las del gran agitador, al que reprocha, en­tre otras cosas, el misticismo religioso y la vanidad de las conjuras ciegas. Algunas de las páginas de estas Memorias, referentes a esta divergencia, contienen expresiones excesivas e injuriosas que desataron contra Orsini las iras de los mazzinianos fervien­tes. Éste señala todavía a los jóvenes, como normas directrices,- la conspiración y la acción, a la vez que los exhorta a obrar por sí mismos y a no fiarse de los expa­triados, por su desconocimiento de las con­diciones reales que Italia atravesaba en aquellos momentos; en cambio, siente ad­miración por Cavour, y ello señala el pri­mer síntoma de aquel acercamiento al go­bierno piamontés que intentó con una fa­mosa carta dirigida al gran estadista, antes de dirigir, en un último holocausto, la pos­trera etapa de su agitada vida hacia la meta del tiranicidio.

E. C. Valla