Memorias Inútiles, Carlo Gozzi

[Memorie inutili]. Autobiografía de Carlo Gozzi (1720-1806), escrita en 1780 y publicada en 1797. En estas Memorias, Gozzi se muestra como un hombre incapaz de salir de sí mismo; un soñador decepcionado, sumido en una ago­biante misantropía, que padece manía per­secutoria y que se empequeñece con la sombría hipertrofia de mezquinos casos per­sonales y con supersticiosas quimeras. Es­taba convencido de haber nacido bajo una mala estrella, y su vida le parecía una lu­cha vana contra el destino inexorable.

Las Memorias, en realidad, nacieron como una autodefensa y apología, siendo impresas bajo un título que revela el humor desde­ñoso del autor: Memorias inútiles, publica­das por humildad. Pero, precisamente por ello, estas Memorias constituyen la obra maestra de Gozzi, quien se nos revela como escritor barroco y prerromántico, con un gusto decadente en expresión y un tono descriptivo, fastuoso y arrogante. La obra se inicia con la descripción del servicio militar en Dalmacia, burdas aventuras so­bre un fondo de paisaje selvático. Después, al regresar a Venecia, la gran lucha entablada para defender el patrimonio fami­liar, que se hunde en la ruina en medio de un alegre desbarajuste. Le contraría su cu­ñada, la poetisa arcádica Irminda Partenide (Luisa Bergalli, esposa de Gaspar), quien impone a todos los caprichos de su voluble imaginación, mientras su marido se encie­rra en una melancólica e irónica apatía. Sigue una serie de pleitos y procesos (unos ochenta), así como la violenta polémica contra los innovadores: Chiari, Goldoni y los «ilustrados». Finalmente, el borrascoso amor por la actriz Teodora Ricci.

Gozzi fue un platónico, que exaltaba a la mujer y sentía horror ante la hembra; ve en el sexo débil el eterno niño, víctima del ins­tinto, y su posición es tradicionalmente ca­balleresca y tiernamente irónica. Pero de su papel de pedagogo platonizante acaba por caer en el de moralista fornicador, y sufrir la befa de la traición. Teodora Ricci, temperamento histérico, mujer caprichosa, ligera e interesada, después de haberse ser­vido de él, lo traiciona con Gratarol, se­cretario de la República, petimetre a la moda, personaje de costumbres libres y no menos libres ideas. Gozzi afecta indiferen­cia, pero el escándalo que sigue a la rup­tura con la Ricci, estalla con la represen­tación de la comedia, que había compuesto con anterioridad, Los filtros de amor, en la que aparece un personaje, don Adonis, fiel retrato de Gratarol. Dándose cuenta del pe­ligro, intenta retirar el manuscrito de la obra, pero los enemigos de Gratarol impo­nen que la representación se celebre. Gra­tarol se ve obligado a huir al extranjero, pero sobre Gozzi pesa la acusación de ha­ber causado la ruina de su rival, por afán de venganza. En defensa propia escribió, en 1780, las Memorias, cuya publicación fue prohibida por el Gobierno. Sus últimos años transcurrieron en una negra hipocondría; coincidiendo con la caída de San Marcos, público, en 1797, estas Memorias, adoptando, para vivir tranquilo y por cínico pesi­mismo, la máscara de republicano, y mu­riendo a la edad de ochenta y seis años, después de aconsejar a sus nietos la obe­diencia a la Iglesia y al Príncipe, es decir, al poder austríaco, sin alcanzar a ver la restauración de 1815* que hubiera consti­tuido su triunfo.

E. Rho