Obra del escritor mexicano Martín Luis Guzmán (n. 1887) sobre la revolución (1910-1915) de su país (v. El águila y la serpiente y La sombra del caudillo). Los capítulos comprendidos en las cuatro primeras partes de la obra («El hombre y sus armas», «Campos de batalla», «Panoramas políticos», «La causa del pobre») se publicaron originariamente en «El Universal», diario de la ciudad de México, en 1937 y 1938. Luego (1939) aparecieron reunidos en cuatro tomos, cada uno bajo el título de la parte correspondiente.
En 1952, al darse a la estampa la segunda edición, la obra, aumentada con la parte quinta («Adversidades del bien»), se publicó en un solo volumen (los tomos primitivos fueron convertidos en libros, igual que la parte añadida), y así se ha reproducido en la edición siguiente (1954). Se trata, a primera vista, de una biografía, escrita en primera persona, de Francisco Villa, el más famoso de los guerrilleros mexicanos, y seguramente el primero entre los generales de la sacudida militar, política y social que conmovió y transformó a México en el segundo decenio de este siglo. En realidad, el libro excede de sus límites aparentes y alcanza, de hecho, la amplitud de toda una historia de las etapas medulares de la revolución mexicana según las hubiera narrado, con pleno conocimiento de ellas y de sus hombres, el protagonista más caracterizado y representativo: un campesino analfabeto, montaraz y genial, elevado desde la sima del bandolerismo — al cual lo había empujado la ilegalidad de su ambiente — hasta la cumbre de los mayores empeños militares y las máximas aspiraciones sociales de la revolución.
En esto quizá, por lo que se refiere al contenido, estriba el extraordinario interés del libro, pues mediante sus páginas asiste el lector a una acción, por momentos casi novelesca, que es, al propio tiempo, una explicación justificativa y un análisis valorador que la revolución mexicana hace de sí misma. En el orden estético las Memorias de Pancho Villa consuman una intención creadora de características y realizaciones singulares. El autor logró escribirlas dando forma literaria al habla y al espíritu de su personaje central: a su léxico y sus giros gramaticales, a su ideación y sus pensamientos, a sus emociones, sus simpatías, sus repugnancias. Viven en la prosa de estas Memorias los hombres y los sucesos de la revolución de México — soldados y generales; políticos y legisladores; apóstoles y oportunistas; batallas, tumultos, altercados; escenas de crueldad y de ternura, intimidades apasionadas o candorosas— tal cual Pancho Villa debe de haberlos visto, sentido y entendido, y todo ello está expresado con calidad y estilo que la crítica, unánimemente, no ha sido parca en elogiar.
C. González Peña

