Livietta e Tracollo, Giovan Battista Pergolesi

Breve ópera cómica de Giovan Battista Pergolesi (1710- 1736), en dos partes, que servían de intermedio al melodrama del mismo compositor Adriano in Siria, estrenada en Nápoles en 1734.

El libreto, de Tommaso Mariani, es un cúmulo de insulsas necedades, que testimo­nia el declinante gusto literario de aquella sociedad. Sin embargo, Pergolesi logró apor­tar allí abundantes y bellísimas imágenes musicales. Tracollo, vagabundo y ladrón, se dedica a cometer hurtos en la aldea, disfra­zado de mujer encinta y haciéndose llamar Baldracca. Digno compañero suyo es Faccenda (personaje mudo). Livietta se pro­pone capturar a los dos bellacos, y con vestido masculino espera su paso; la acompaña Fulvia (otro personaje mudo), con disfraz de aldeana. Las dos mujeres fingen estar dormidas. Aparece Tracollo implorando ca­ridad plañideramente y aprovecha la coyun­tura para acercarse furtivamente a Fulvia, logrando quitarle del cuello una cadenita de oro. Pero en el momento oportuno, Liviet­ta se incorpora, desenmascarando al ladrón. Desde este momento hasta la terminación del primer intermedio, se suceden una interminable serie de amenazas alternando con súplicas, entre los dos protagonistas, que han revelado su verdadera personalidad. No falta el elemento sentimental y Tracollo se declara enamorado de Livietta y desea casarse con ella. Pero ella no se deja con­mover, resuelta a que Tracollo pague sus delitos.

En el segundo intermedio continúa el juego escénico de la farsa: Tracollo, ves­tido de astrólogo, simula bondad para con­mover a Livietta; ésta, en un momento dado, se finge muerta, hasta que, enterne­cida por el dolor que él afecta, se incorpora y le pide que cambie de vida y oficio, prometiéndole en compensación su mano. Mu­chas son las arias de este intermedio en las que la melodía discurre alegre y optimista, llena de gracia y donaire; por ejemplo, aquella en que Livietta se complace de su disfraz masculino («Vi sto bene? Vi compa- risco?»); otra en que ella misma exclama: «Sarebbe bella questa, che avessimo a servirvi», etc. Afortunados efectos cómicos se encuentran en el papel de Tracollo, como en el quejumbroso pordiosear del bribón disfrazado y en la imitación realista del aleteo con que la orquesta acompaña sus palabras, cuando se siente «nelle man della giustizia, quel strozzato polastrello, sbatter tutto e palpitar».

Es muy estimable el re­citativo de Tracollo, comentado por la or­questa. Como en la Serva Padrona (v.), los recitativos originales se desarrollan en un dialogado que se entrega con frecuencia a las improvisaciones más geniales. Una de las joyas de la ópera es el aria de Livietta, que halla respuesta en breves proposiciones melódicas, que se cuentan entre las más intensamente líricas salidas de la pluma del gran maestro. Sin embargo, tantas bellezas musicales son apreciadas sucesivamente, no siendo posible deducir una unidad orgánica. Con estos intermedios, como con la Serva Padrona, Pergolesi abrió el camino a la tradición de la ópera cómica italiana de los siglos XVIII y XIX. De ahí su gran importancia histórica.

M. Bruní