[Le legataire universel]. Comedia en cinco actos y en verso de Jean-François Regnard (1665- 1709), representada en 1708. Es la obra maestra de este maestro de la risa.
Eraste ama a Isabel, pero la madre de la muchacha, la señora Argante, pone como condición a su matrimonio que Eraste sea instituido heredero universal de su tío Geronte. Con todo, también Geronte querría casarse con Isabel y sólo con mucho trabajo Eraste consigue convencer a la señora Argante, favorable a este matrimonio que enriquecería a su hija, a retirar la palabra dada. Geronte se resigna y hace testamento a favor de su sobrino, pero dejando una fuerte cantidad a dos parientes a quienes no conoce; en salvar esta parte de la herencia piensa el astuto Crispín (v.), criado de Eraste, el cual se presenta a Geronte disfrazado de uno de los parientes, como jovencillo trivial. Y después, disfrazado del otro pariente, como viuda litigiosa y rapaz. Geronte, disgustado, piensa en dejárselo todo a Eraste, pero, sofocado por la ira que le han causado las visitas de los fingidos parientes, cae en catalepsia antes de hacer testamento, y lo dan por muerto. Crispín acude una vez más en socorro de su amo; se disfraza de Geronte, y manda llamar al notario, dicta testamento favorable á Eraste, pero sin olvidar ricos legados para sí y para la sirvienta de Geronte, Lisette, de quien está enamorado.
Todo iría a pedir de boca si Geronte no hubiera vuelto a la vida: Eraste, Crispín y Lisette intentan hacerle creer que él ha dictado aquel testamento en estado de letargia; Geronte no se traga el enredo, pero a ruegos de su sobrino y de la misma Isabel, confirma el testamento, y permite el matrimonio. Llena de resonancias de antiguas farsas cuya tradición, desde el Gianni Schicchi (v.) dantesco al Volpone (v.) de Ben Jonson, había pasado a la «Commedia dell’ arte» italiana, este Legatario reanima y renueva sus fuentes en una concepción brillante y netamente francesa. Crispín salta alegremente en esta comedia de las Artimañas de Scapin (v.) de Molière y continúa su vida de burlas y enredos, nacida en el teatro italiano «dell’arte» y refinada después en las escenas francesas. Los puristas no tardaron en hallar en la obra una innegable falta de unidad, y de ello surgieron polémicas a las que contestó Regnard con la Crítica del legatario (v.). Esta divertida comedia fue puesta en música por Pfeiffer (1901) con libreto de Adenis y Bonnemére.
U. Dèttore

