El Juego de Ajedrez, Girolamo Vida

[Scacchia ludus]. Poema en hexámetros latinos, de Girolamo Vida (1485-1566), que figura en las obras del humanista de Cremona; ofrece el propósito de pintar familiarmente el mundo mitológico, describiendo el juego de ajedrez en todos sus movimientos. Júpiter, como se narra también en la Odisea (v.), acude a la mesa del Océano en Etiopía; le acompañan varias divinidades. Entre ellas Apolo y Mercurio se hacen admirar con una animada partida de ajedrez. El poeta, que ha invocado a la musa del Ajedrez para cantar el nuevo recreo de la sociedad, re­cuerda cómo el Océano instruyó en aquel juego al padre de los dioses. Explica, pues, con gran precisión, toda la marcha de la competición. Están frente a frente dos ejér­citos, el uno del rey negro (etíope) y el otro del rey blanco (europeo). Las partidas son muy empeñadas, por la circunstancia de que, para vencer, es necesario alcanzar al rey enemigo. Para que no pueda escapar se emplean todos los procedimientos de la fuerza. Entonces Júpiter llama a Apolo y Mercurio y les manda jugar, mientras los demás dioses están mirando llenos de admi­ración y de interés. Apolo, que guía al ejército blanco, es tranquilo y reflexivo, mientras Mercurio está lleno de astucia y pone en juego movimientos calculados. El dios del Sol está a punto de perder, pero se salva de un movimiento incauto por un guiño de Venus; en vano Júpiter, incomo­dado, lanza una mirada a la hermosa diosa.

Se origina un ataque por parte de Mercurio, quien, acosando cada vez más de cerca, acaba por vencer. Después enseña el juego a los hombres, y particularmente a los colo­nos de Italia, y mientras tanto confía la tabla del juego a su musa Escáquides, ninfa del Serio, la cual dará su nombre a aquel pasatiempo. El poeta aprendió la historia del ajedrez en su patria junto a las orillas del Serio, mientras se adiestraba en el canto, y la quiso relatar en un poema. En esta obra (traducida en versos italianos con el nombre de Scacchiade, en 1810, por cierto «Filergo» y en 1829 por Giovanni Chiosi), en vez de una actitud de parodia se debe ver un tema humanístico, el de familia­rizarse con toda la situación de la clasicidad. Por eso también esta poesía didáctica, antes que un carácter ornamental, muestra una elegancia formal que funde realismo y vi­sión idílica de acuerdo con una educación refinada, aunque de tenue inspiración.

C. Cordié