[De officiis]. Tratado filosófico en tres libros, compuesto por Marco Tulio Cicerón (106-43 a. de C.) en el año 44, dedicado a su hijo Marco, que en el 45 había sido enviado a Atenas a estudiar filosofía. Si los dos primeros libros derivan de una obra del mismo título del filósofo Panecio, el tercer libro es más original y personal.
En el primero se trata de lo honesto, que se funda en cuatro virtudes: prudencia, justicia, fortaleza y templanza; conforme a ellas el hombre debe comportarse, adecuando sus actos, gestos y palabras, a las normas del decoro. Puede ocurrir que se produzca un conflicto entre los deberes de la justicia y los de la templanza, pero se trata de una oposición aparente, y hay grados en los distintos deberes, de tal modo que unos se prefieren a otros.
En el segundo libro se trata de lo útil, que sólo en abstracto puede separarse de lo honesto: en la práctica no puede haber nada realmente útil que siendo tal para un hombre resulte dañoso para otros. Lo útil, universalmente hablando, coincide con lo honesto. Ahora bien: los hombres, por naturaleza o por cálculo, son llevados a ayudarse mutuamente, lo hacen por benevolencia, miedo, gloria, liberalidad o corrupción. Puede suceder que dos cosas útiles se nos ofrezcan al mismo tiempo: también en este caso de conflicto hay que elegir aquello que presenta una utilidad mayor y mejor.
En el tercer libro se considera la cuestión, que falta en el tratado de Panecio y que es la más importante, personal y original: el conflicto entre lo útil y lo honesto. Sólo en teoría la virtud puede llegar a hallarse en conflicto con la utilidad; en la práctica, si no se obra según una forma de moral extremista e intransigente, no hay posibilidad de conflicto.
Lo moralmente bueno es también útil, y nada puede ser útil que no sea también moralmente bueno. La naturaleza, las leyes y la razón vedan al hombre obrar según su propio egoísmo y en daño del prójimo. Todo ello estaba implícito en la doctrina de Panecio, pero Cicerón añade la distinción entre útil aparente y útil real: lo útil real no se hallará nunca en conflicto ni con lo honesto ni con las cuatro virtudes cardinales; en cambio, se producen los conflictos cuando no se juzga rectamente la esencia de la utilidad y se toma por real lo que sólo es aparente. El tratado, que gracias a la multitud de ejemplos históricos que incluye, resulta más fácil y atractivo, responde a las exigencias escolares de la preceptiva romana; las bellas y buenas páginas, llenas de un cálido y profundo sentimiento de amor paterno y patrio, nos revelan a un Cicerón puro y sincero, obligado, después de la muerte de César, a la inactividad política. La espera del momento propicio para volver a la lid aparece, pues, ocupada por la composición de este tratado, que se diferencia de los precedentes, incluso formalmente, por la renuncia al movimiento dialogado. Las objeciones son previstas y prevenidas; por otra parte un hijo no podía, según las normas de la educación romana, discutir las enseñanzas que le diera su padre. Estilísticamente el tratado De los deberes se aproxima más al tono menor de ciertas cartas confidenciales a amigos íntimos que a los mayores y más ambiciosos tratados filosóficos precedentes.
F. Della Corte
Bello ejemplo de aquel temperamento y ponderado género de oración a que tan bien se adapta la plena facundia tuliana. (Tommaseo)

