DONDE OLVIDO MI NOMBRE (Alejandra Correa)

""Donde olvido mi nombre", es el título del tercer libro de poesía de la escritora argentina Alejandra Correa interpela ciertas certezas del lector. Porque ¿qué queda de un nombre cuando se lo priva del nombre? O bien: ¿qué parte del nombre sobrevive a su sustracción?

El título resulta perturbador, desapacible, y, a la vez, depara algo parecido al consuelo. Hay allí algo que, por fuera de la primera persona, interpela ciertas certezas del lector. Muchos de ustedes recordarán que la inteligencia alucinada de Georg Christoph Lichtenberg propuso el problema existencial de un cuchillo sin hoja al que le falta el mango. En la misma línea, podríamos preguntar, con menos autoridad pero igual absurdo: ¿qué queda de un nombre cuando se lo priva del nombre? O bien, para matizar: ¿qué parte del nombre sobrevive a su sustracción? La materia prima de la literatura  (esto es algo que Roland Barthes sabía muy bien) no es lo innombrable sino lo nombrado. Toda tentativa de escribir implica siempre un promiscuo concubinato con un lenguaje anterior, con una clasificación nominal que la historia, el mundo y los otros nos imponen como algo dado. No se trata entonces, como podría pretender un romanticismo desvelado, de exhibir el blasón de una palabra conquistada al silencio. Por el contrario, el modesto triunfo del poeta consiste acaso en restituirle a la palabra su fondo de silencio en la estridencia de las cosas. ¿Cómo articular una voz audible en la selva espesa de una lengua corroída? 
El método que elige Alejandra Correa se inscribe en el más puro arte de la crítica. “Es éste/ mi trabajo/ en el río:/ separo/ las piedras/ del oro”, se lee en “Lenguaje”, la segunda parte del libro. No es casual que las otras dos partes se llamen “Huesos” y “Mundo”. Entre los huesos y el mundo está el lenguaje, “la tumba/ del lenguaje”, para ser más exactos. Los huesos, la insistencia en ese resto reverberante, en ese vestigio que ha perdido la carne, que está más allá de la carroña, y que, sin embargo, pervive, no es nueva en los poemas de Alejandra Correa. Pero aquí los huesos devienen casi una opción, la opción por la renuncia al nombre como contracara de la sobrenominación.    
         Donde olvido mi nombre enuncia y postula la existencia de un lugar, una topografía en la cual, justamente, se olvida un nombre, el propio. Nada que ver con los éxtasis místicos. Lejos de cualquier excepcionalidad, casi podría decirse, como dijo alguien, que los poetas no tienen biografía. Su obra es su biografía. ¿Pero qué pasa cuando la obra propone olvidar el nombre que sostiene esa biografía? Si la identidad vacila es porque se mira en el retrato adulterado por la corrupción del lenguaje. “Perdí mis rasgos/ y toda cortesía/ desde que habito/ en las sobras/ del lenguaje”. Porque, esto no es ninguna novedad, el lenguaje está muerto. En un ensayito de 1969, el poeta cubano Virgilio Piñera hablaba ya con alarma del enorme número de palabras muertas; denunciaba allí la inoperancia literaria de palabras tan sencillas como salón, tetera, frazada o escoba. Así las cosas, no queda más que la ilusión adánica de inventar una lengua nueva, o bien, como aquí, “reparar las sílabas/ deshechas por la duda”. Con esas “sílabas que ya nada nombran”, Alejandra crea, y se crea, en “una lengua de retazos”. La novedad ocurre cuando, en la intemperie de la hoja, esos retazos se iluminan con la incandescencia de la epifanía.  
Esa epifanía irradia aquí su propia fragmentación. Los poemas estallan en la página como apariciones de un presente detenido que, sin embargo, condensan un pasado que los antecede y un futuro que los prolonga. Pero nada sabemos de esas temporalidades tácitas. Esos tiempos son el enigma. Y el poema, la respuesta a una pregunta que se desconoce. O, más lógicamente, la pregunta por una respuesta que se ignora. Por ejemplo, la pregunta por lo que fue. Los versos de Alejandra son tímidas miniaturas verbales rodeadas de silencio, se reconocen y se reflejan en “el espejo del silencio”. Pero ese silencio no es la simple ausencia de palabras y de sonidos. Es más bien el espacio que se abre alrededor de las palabras, la inminencia de la palabra que va llegar y el eco de la palabra que, ya dicha, se repliega. Es de ahí, de esa zona ciega, de donde procede el sentido. Se trata de una zona de tensión que antes pudo resolverse en el grito, pero que adopta ahora la forma de una música discontinua, una secuencia de acordes en tono menor que registran un drama asordinado.   
Sugerí hace un momento que los versos eran tímidos. Quisiera agregar ahora que, como pasa siempre con los tímidos, estos versos son también capaces de la mayor dureza e impiedad. Las líneas que, a modo de pórtico, arrancan al libro de la nada conducen a uno de los núcleos dramáticos de la poesía de Alejandra: el dolor de lo que se pierde, “ese fragmento de la ciudad que fuimos”. El desamparo del que se habla no es ya solamente histórico –como en Río partido, su primer libro– sino sobre todo, si se me permite la grosería, cósmico: “Lo trae el invierno, y también la luz que traviesa una madeja de ramas”. Pero esta poética es dura también por su resistencia a ciertas estéticas dominantes en el colorido panorama de la poesía argentina actual. Secados ya los barros más oscuros del neobarroco (para el que, sin más, estaba bien todo aquello que menos se entendiera), algunos poetas catódicos atendieron el canto de sirena del tecno-populismo; otros, en cambio, creyeron que para hablar de poesía era necesario cultivar la reacción. La poética de Alejandra no es en absoluto aquiescente o claudicante frente a este dilema circunstancial. Antes que nada, elude dos peligros: la palabra ungida y las cómodas luminarias del vale todo. Con Donde olvido mi nombre, Alejandra le da continuidad a la voz reconocible de sus libros anteriores, atados a éste por el hilo frágil de la intimidad. Porque creo que de eso se trata: de la escritura de una épica de la intimidad. Lo hace, además, sin caer en las convenciones de la vieja lírica sentimental. Vuelve a mostrar que es capaz de unir la claridad con el misterio, capaz de exhibir una pericia prosódica que, de tan delicada, se percibe con la misma felicidad de algunos sueños, y de permitirse aun el uso imprevisto, prehistórico, de la palabra “crústula”. Y, lo más importante, confía en que esa palabra, y todas las demás que hacen sus poemas, tiene, todavía, sentido, y que ese sentido puede, también todavía, transmitirse. Si no fuera así, no se explicarían estos versos, posiblemente los más hermosos del libro, que me gustaría citar: “si dedicara/ mi tiempo errante/ a estas sobras/ extraería al fin/ las latas con anzuelos/ el paraguas anaranjado/ las letras caligráficas”. A propósito, una duda: ¿hará juego ese paraguas con el vestido anaranjado del poema “Marinamente” de Río Partido? 
“Si digo agua, ¿beberé?”, preguntó una vez otra Alejandra. Y esta Alejandra le contesta: “La palabra/ fuego/ me abriga”. La pausa del corte de verso introduce una indecisión. ¿Es la palabra “fuego” la que abriga? ¿O la palabra es fuego y por eso abriga? Queda en los lectores la respuesta. En cualquier caso, permanece la demanda  de volver al grado cero y construir de nuevo “casas de palabras en medio de la nada”. Alejandra Correa constata aquí que el verdadero olvido de sí consiste, paradojalmente, en el acto valiente de seguir nombrando. Tal vez sea ésa la guerra que no termina. " PABLO GIANERA

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Las amantes (Elfriede Jelinek)

Paula y Briggitte son dos chicas cuyo único objetivo en la vida es casarse con su hombre y dedicarse a él. Las dos se quedan embarazadas y las dos se casan, aunque para una de ellas la "felicidad" y su "sueño conyugal" desaparecerá de la manera más tonta, y por su culpa.

Se trata de la novela de Elfriede Jelinek, de las que yo conozco, más flojita y más fácil de leer. En la contraportada se dice que es una parodia de la novela romántica, pero yo eso no lo he visto mucho. Como en otras obras, Elfriede demuestra un desmesurado odio o rechazo al sexo masculino, o al sexo en general, que puede "hacer gracia" al principio pero que a estas alturas ya resulta cargante y molesto.

Tratemos de pensar que lo que critica es la actitud de esas mujeres sumisas que "viven por y para el amor", y cuya meta en la vida es dejar el trabajo para ocuparse de su casa y de su familia, cuyo horizonte vital es meramente la satisfacción de su "hombre". Parece una crítica de la idealización del "amor" (en este caso dudo de que lo sea, se habla mucho de él, pero los personajes no demuestran nada más allá del deseo de hacerse con un cónyuge o compañero que las "proteja")

Elfriede pinta a esas mujeres con las peores tintas, aunque con cierta dosis de compasión; cifran su salvación, la salvación de una vida vulgar y de trabajo, en un marido; no así, cuando habla de los hombres, que son siempre brutos, zafios, maltratadores, vulgares, borrachos y solo piensan en el sexo.

"heinz se comporta como si no tuviera cerebro, sino solamente rabo"

"dar palizas es divertido, pero Erich aún no lo sabe"

"el cuñado de paula, algo que reparte palizas y se emborracha"

"si erich tuviera que escoger entre paula y una motocicleta, escogería la motocicleta"

Como se puede observar, la visión de Elfriede Jelinek acerca de los hombres no puede ser peor jaja.

Esta novela al parecer fue escrita en el año 1975, con lo cual no sé hasta qué punto estas situaciones que se nos narran son posibles en su país, Austria, hoy en día. Desde luego, parecen propias de otra época.

La novela cuenta de forma paralela las aventuras de las dos chicas, Paula y Briggitte, y sus deseos de cazar a los respectivos Heinz y Erich, el rechazo de los padres de alguno de ellos por la "pretendienta", la irrupción de una chica llamada Susi mucho menos vulgar, de las que se "reservan" y por tanto "tienen más valor en el mercado", las reacciones de las familias cuando las chicas quedan embarazadas (con las típicas dudas de la madre de él: "a saber si es hijo de mi hijo, que la que se va con uno se va con todos, etc, etc"). Como en el resto de la producción de la autora se observa una acusada misantropía, un odio o repugnancia a todo lo que son las relaciones humanas, familiares, de pareja, etc… Sin embargo, esta es, repito, de las que he leído, su novela más "amable". No hay casi descripciones desagradables o fuertes, e incluso las típicas escenas de sexo son contadas con cierto humor, usando expresiones vulgares en ocasiones.
Véase una muestra:

"heinz quiere salir rápidamente antes de que sea demasiado tarde y esté todavía en el interior de briggitte, pero briggitte se cierra, su cabeza está todavía con las pobres pastas de avellana, sí, y con el bolso nuevo espachurrado por el suelo, pero las fuerzas de su cuerpo están completa y automáticamente concentradas en heinz.

heinz siente un gran placer y grita muy fuerte.

briggitte con gusto le metería en el morro toda la pelusa acumulada debajo del sofá, hasta que se le saliese por las orejas.
heinz vuelve a gritar ruidosamente para que se vea lo bien que lo pasa con el trato y el teatro.

briggitte gruñe atormentada, sus globos oculares siguen el camino de las pastas de avellana por medio de la suciedad del suelo. qué guarra qué es la madre, que no barre, aunque ni siquiera tiene que atender a un hombre.

heinz vuelve a gritar ruidosamente, muy rápido, cada vez en espacios de tiempo más cortos. cómo le gusta eso al pedazo de animal.

briggitte estamparía con gusto su cabeza berreante contra la pared. si tiene que hacerlo, ¿no puede por lo menos hacerlo bajito? el niñito saldrá igualmente disparado de su interior, grite más o grite menos.

(…)

briggitte no se mueve, pero está llena de moco. llena de moco pestilente…"

Una curiosidad de la novela es que está escrita sin mayúsculas, como se puede apreciar en este párrafo que he transcrito. Hay puntos y comas, y todo eso pero incluso los nombres propios y las palabras de inicio de frase están en minúscula. No alcanzo a entender las razones de esta curiosa puntuación, a no ser que se trate solamente de llamar la atención.

El humor (negro) que tiñe toda la novela queda de manifiesto también en los títulos de los capítulos, que a veces son de partirse, ejem: "briggitte odia a heinz", "¡qué bonita cópula de nuevo!", "sobre la matriz de briggitte", "¡a briggitte también le da asco heinz!", etc, etc… El estilo es el de siempre, un poco telegráfico y aforístico.

En resumen, una obra que no aporta mucho a la producción de la Premio Nobel austriaca, que no conmueve ni afecta a las vísceras, como sí hacen otras de sus novelas.

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El caso Karen (José Ángel Mañas)

La escritora Karen del Corral, con una sola novela publicada, se ha convertido en superfamosa. Sale en todos los debates de TV, vive inmersa en fiestas con mucha droga, tiene una vida sexual promiscua y se porta de un modo totalmente engreído. Vamos, que se le ha subido la fama a la cabeza y se cree la octava maravilla a pesar de las críticas negativas. A punto de salir su segunda novela, "El mundo de K", y después de una fiesta en su casa, la escritora aparece muerta en la calle. Dado que también sufría ciertos desequilibrios mentales (tomaba prozac, ejem, entre otras cosas…) lo primero en que se piensa es en el suicidio. Pero un testigo vio salir de su casa a un joven teñido de rubio… Así que las cosas no están tan claras. Los policías Duarte y Pacheco harán investigaciones en el círculo de la difunta. Sospechosos no faltan: Velasco, su ex novio, un director de cine gore; Pilar, una rival literaria; Ferrater, un editor con el que estuvo liada; la mujer de éste; Constantino, un profesor universitario que escribe una tesis sobre ella…

Lo que más destaca de esta novela es que se trata de una historia de género negro (una muerte y su investigación) contada con técnicas narrativas novedosas. No novedosas porque no se hayan visto nunca, sino porque no suelen verse en relatos policiales.

Tales técnicas, que incluyen transcripción de las novelas de la difunta Karen del Corral, un personaje hablando en segunda persona; multiperspectivismo, continuos cambios de enfoque, fragmentos de crítica literaria, etc… a menudo confunden más que ayudan a armar el rompecabezas. Sí, el alarde es loable, pero no es fácil de seguir, y como digo, te pierdes; y muchas veces te preguntas ¿y esto a cuento de qué viene?

Por ejemplo, hay varias escenas, que se muestran intercaladas con las otras en las que se ve a uno de los policías con sus relaciones homosexuales; o escenas que parecen de película de gángsters, con torturas, tráfico de drogas, trapicheos, y cosas de esas del narcotráfico de Galicia. Los trozos de la novela de Karen (que no se explica con claridad que lo sean, aunque te lo imaginas, claro) se revelan muy pronto como autobiográficos, aunque la verdad, tampoco es que tengan mucho sentido en la trama (sí como estructura, ya que el libro de Mañas también es "transcripción" de una realidad encubierta bajo nombres falsos, lo cual crea un curioso juego metaliterario)

"Había una relación demasiado directa entre su vida y su literatura sin que quedase demasiado claro cuál de las dos influía más en la otra. Todo lo que vivía afloraba en sus novelas, pero también su pasión por la ficción la llevaba a menudo a interpretar a sus propios personajes."

También hay una cierta ironía o burla desacarada acerca de la crítica literaria, que es la única misión que tiene la transcripción de la tesis del profesor universitario, a mi modo de ver…

Como una buena parte de las novelas de género negro, la investigacion sobre la muerte es la excusa para la descripción de unos tipos o arquetipos enmarcados en un mundo cerrado, en este caso el literario. Mañas lo confiesa en la novela, en boca de otros personajes:

"Tu relato, para que el público lo pueda entender, es, y corrígeme si me equivoco, una sátira del mundo editorial, sólo que en clave de novela negra y con algo del género fantástico, pero que retrata a la perfección y con una lucidez admirable los entresijos de lo que se cuece anualmente en los pasillos de Frankfurt, en esa "feria de las vanidades", como la llamas…"

"Yo entiendo que el argumento y las triquiñuelas narrativas son las argucias, casi diría la máscara, que un escritor utiliza para exponer sus opiniones sobre ese fascinante enigma que es la naturaleza humana…"

Tampoco se priva de ofrecer la visión contraria:

"El argumento a ti no te importa, pero al lector seguramente sí"

El autor hace continuas referencias a escritores reales (Armando Sala ¿Gala?), editores, agentes literarias (Carina Martinell, la agente más poderosa ¿Carmen Balcells?), personajes de la TV, críticos, que la mayor parte de las veces, excepto para los que estén muy metidos en ese mundo, se pierden. La misma protagonista, Karen, tiene una cierta similitud con la mediática Lucía Etxebarría, similitud que el autor no niega.

Si el mundillo literario es tal y como Mañas lo pinta, la verdad es como para echarse a correr. Drogas, fiestas, autores fatuos y super-creídos, pedantes "creadores" alternativos, juergas, gente a la que se le sube el éxito a la cabeza y empieza a crearse "personajes"; autores inventados por el marketing y cuya calidad literaria es más que cuestionable.

A este respecto, todos los personajes que aparecen me han caído fatal, aunque personalidad (si es que a su comportamiento se le puede llamar así) solo se atisba un poco en Karen, y precisamente porque es tan calcada a Lucía Etxebarría (en lo que se conoce o conoció de ella en la TV) que no puedes evitar "verla" en acción.

La resolución del misterio no destaca por su originalidad y se ve venir, aunque supongo que eso no era lo importante.

Ambiciosa, y con algunos ciertos, loable intento de darle un aire nuevo a una historia vieja, se queda sin embargo, en un conjunto no muy bien trabajo, confuso en ocasiones, y cuyo mayor interés es el morbo de ir reconociendo a los diferentes personajes que se citan bajo nombre supuesto (¿Quién será ese autor argentino llamado Washintong Tostón? jeje)

Interesante para quien quiera leer una novela negra "diferente", con pretensiones de "mainstream", y para gente con vocación de escritor o integrada ya en el mundillo.

 

Bibliografía:

Historias del Kronen (finalista del Premio Nadal 1994)
Mensaka
Soy un escritor frustrado
Ciudad rayada
Sonko 95
Mundo burbuja
El caso Karen

http://reginairae.blogcindario.com/2005/12/00249-el-caso-karen-de-jose-angel-manas.html

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Verdes valles, colinas rojas (Ramiro Pinilla)

LA TIERRA CONVULSA
Esta es la primera parte de una trilogía de unas 2.400 páginas que el autor ha tardado 20 años en escribir, la segunda parte se titula Los cuerpos desnudos y la tercera Las cenizas del hierro.
Es un relato costumbrista situado en Getxo (Bilbao) que abarca desde 1889 hasta 1942.
Se cuentan anécdotas diversas de la comunidad y sus habitantes, pero la espina dorsal de la narración es Ella, una mujer que llega a Getxo y empieza a trabajar sirviendo en casa de Camilo Baskardo y Cristina Oiaindia. La historia comienza el día del cumpleaños de Josafat Baskardo, hijo de Camilo y Cristina, cuando se descubre que Ella está embarazada de Camilo y es expulsada de la casa. Se apañara para ascender social y económicamente a costa de los Baskardo, y también de los Altube.
Pero 727 páginas dan para mucho, y también se habla de la industrialización, del nacimiento de los movimientos sindicales, del nacionalismo de Sabino Arana, de los inmigrantes que trabajan en las minas, de las pasiones humanas…

¿Qué decir? Leer este novelón me ha dejado sin palabras. Ante todo destacaría el buen hacer de Ramiro Pinilla, y el trabajo que le debe haber costado tejer esta historia plagada de buena prosa y excelentes diálogos. Ha sido un placer leerle y en cuanto pueda leeré los otros dos tomos ¡Pues claro! Quiero saber qué pasa con ese ejército de personajes.

Para hacer más ameno el relato los capítulos responden a la visión de varios personajes: Josafat Baskardo, Asier Altube y Roque Altube.
Cuando habla Josafat o Roque se narra un periodo corto de tiempo, un momento crítico que se trata con gran intensidad y se prodiga en diálogos.
Cuando habla Asier, ya en 1942, ayudado por el viejo maestro Don Manuel, resumen los hechos desde la distancia de los años. Aunque ellos también han vivido y viven otras historias.

Hay dos personajes muy inquietantes: Ella y Madia o Magda. Llegaron al pueblo sin nada, siendo Ella una adolescente que acababa de sufrir un aborto, y Madia o Magda apenas una niña. No dicen su nombre, no hablan con nadie excepto para alcanzar sus propósitos de conseguir dinero y venganza. Así que el cura la bautiza a Ella con ese nombre y a la niña, como no entiende lo que dice al preguntarle su nombre, la inscribe en el registro como Madia o Magda, y ese es el tratamiento que recibe durante todo el libro. Por eso son personajes inquietantes hasta por sus nombres. Lo que no se sabe, al menos en esta primera parte es por qué son tan malas remalas. Insisto, los personajes no deberían ser ni tan buenos ni tan malos, y esto debería ser una regla de oro, porque hacerlos más humanos es hacerlos más creíbles. Por ejemplo a Madia o Magda la humaniza enamorándola de Roque Altube, pero Ella es una vara de acero, y a veces resulta muy artificial, muy hecho a la medida de las necesidades del autor para que encarne todo lo malo.
Creo que ella es un poco la encarnación de todo lo nuevo que llega a esta tierra vasca rebosante de tradición: la industria, el socialismo… y que producen cambios irreversibles en esas gentes y en su historia, frente a Cristina Oiaindia, proteccionista y nacionalista que lucha por la permanencia de la tierra, los nombres y las costumbres (aunque, de otro lado, tambíen traiciona todos esos ideales cuando se dedica a la industria.)

Son muy emocionantes las historias de amor de Roque e Isidora, y de Teresa y Manuel, sobretodo la primera, donde Roque es un campesino creyente y tradicional y ella una socialista maketa, un amor imposible, pero ella se queda embarazada y sale de cuentas en un momento de gran agitación sindical. Él la acompaña a las manifestaciones, con una silla y la partera, hasta que la niña nace en medio de una manifestación. Lo que emociona de esta historia es el tesón de él por conseguirla, por cuidarla y protegerla.

Luego hay otras historias, como la de una enorme pieza de madera que Etxe encontró en la playa y los bueyes de Larreko subieron hasta el campo, y nadie sabía si el madero era de uno o de otro, y acabó convirtiéndose en mostrador de la venta de Ermo. O la historia del rebaño de llamas que le envían al indiano Saturnino Altube… en fin esas cosas que pasan en un pueblo y es un placer leer, esas sagas familiares que me pirran.
Hay muchas otras historias que me gustaría comentar de este libro, pero creo que es mejor que yo pare y vosotros lo leáis.

Ramiro Pinilla nació en Bilbao en 1923, en 1960 ganó el premio Nadal con Las ciegas hormigas y en 1972 quedó finalista del premio Planeta con Seno.

Ha escrito libros de relatos: Recuerda, oh, recuerda, y Primeras historias de la guerra interminable; y novelas: La gran guerra de Doña Toda, Andanzas de Txiki Baskardo, Quince años, En el tiempo de los tallos verdes, Huesos.

Con La tierra convulsa gano en octubre de 2005 el premio Euskadi de novela.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/12/00250-verdes-valles-colinas-rojas-la-tierra-convulsa-de-ramiro-pinilla.html

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La tercera vía y sus críticos (ANTHONY GIDDENS)

ANTHONY GIDDENS, La tercera vía y sus críticos, Madrid, Taurus 2001, 203 páginas.

 

Este título es un ensayo que supone la continuación de la labor que Giddens inició con la publicación en 1998 de "La Tercera Vía". Se trata de una obra de referencia para el análisis y la argumentación que líderes políticos de puntos muy dispares del planeta están llevando a cabo con el objeto de hallar una tercera vía intermedia entre la socialdemocracia habitual y el liberalismo más hostil. De hecho, su autor ha desempeñado labores de asesoría bajo las órdenes del que se considera el principal impulsor de esta nueva ideología; el primer ministro británico, Tony Blair. Lo que trae de nuevo esta edición con respecto al título previo de 1998 es la inclusión de las críticas más comunes que, sobre todo desde la izquierda tradicional, pero también desde el liberalismo, se han vertido hacia esta novedosa tendencia política. El debate, pues, está abierto, y este libro parece un apoyo fundamental para aquellos que defienden las tesis del nuevo laborismo o nueva socialdemocracia.

La experiencia de Anthony Giddens como reputado sociólogo, que comenzó a publicar a finales de los años sesenta, sacando a la luz desde entonces más de 30 títulos, parece aval suficiente para confiar en que su análisis está siempre regido por la coherencia y el rigor argumentativo. Al margen de estos méritos reconocidos, debemos añadir que "La Tercera Vía y sus críticos" está narrada con un lenguaje asequible, de forma que además de servir de elemento de apoyo y debate para numerosos políticos, periodistas, sociólogos o intelectuales actuales, es un buen camino para el ciudadano de a pie interesado por conocer hacia dónde se mueve la investigación en el terreno del pensamiento político en los comienzos del nuevo siglo.

 

La obra está dispuesta de forma más bien deductiva, es decir, obteniendo conclusiones razonadas partir de datos prácticos. Por medio de ejemplos, Giddens va proponiendo respuestas a los distintos problemas a los que, según él, las naciones y los dirigentes que las guían van a tener que enfrentarse, tanto a corto como a largo plazo. Problemas que, según el autor británico, proceden en su mayoría de un cambio a escala planetaria sin precedentes, y que afecta a multitud de áreas. Se trata de la llegada de la globalización, fenómeno que ha acabado definitivamente por derrumbar los esquemas que durante buena parte del siglo XX dominaron la política internacional, y que plantea la necesidad de establecer nuevas vías de negociación en campos como la economía, la seguridad ciudadana, o, sin ir más lejos, la ecología.

 

El desarrollo de "La Tercera Vía y sus críticos" ha sido concebido en torno a cinco puntos principales de debate, los cuales han constituido definitivamente los cinco capítulos de que consta la obra.

El contenido del primero de ellos, "La tercera vía y sus críticos", hace referencia precisamente a eso: las protestas, objeciones y ataques que desde su mismo inicio ha recibido esta tendencia política, dividiendo tales ataques según su procedencia geográfica. Pero antes de dar cabida a las opiniones de los detractores, la obra hace un breve repaso de la gestación de este movimiento político, centrándose en las dos naciones que, a su manera, lo han llevado a la práctica: Estados Unidos, a través de los Nuevos Demócratas (Bill Clinton) y el Reino Unido, por medio del Nuevo Laborismo (Tony Blair).

Respecto al segundo capítulo, "La socialdemocracia y la tercera vía" el hecho destacable es que el sociólogo británico hace hincapié en que nos encontramos ante la eclosión de unos Nuevos Tiempos, y que estos, y las desigualdades que llevan ligadas, han de ser combatidos mediante los programas que la tercera vía propone. En áreas como la regulación del mercado, la responsabilidad civil, la familia, o la criminalidad; el centro-izquierda, sostiene Giddens, debe ser la referencia.

"Gobierno, Estado y estrategia económica", la tercera parte del libro, centra sus valoraciones en el tema de la necesaria revisión de los pensadores de izquierda de las tesis del papá estado, aludiendo a la responsabilidad individual o a las comunidades civiles para que se lleve a cabo un reparto equitativo de las responsabilidades sociales que genera el mercado. Todo ello, sin obviar una referencia a la globalización económica.

El capítulo siguiente, "El problema de la desigualdad" es sobre todo un análisis comparativo, basado en datos estadísticos, sobre las circunstancias que rodean a los procesos de desigualdad o exclusión social en distintos puntos del mundo. También se realiza una reflexión sobre el concepto de estado de bienestar.

El apartado quinto, "Tomar la Globalización en serio", pone de relieve la necesidad de la instauración de una colaboración internacional entre los estados, en otros asuntos al margen del mundo financiero. Dando por hecho que el proceso globalizador es irreversible, dejando claro que también ofrece muchos aspectos beneficiosos, y constatando que afectará a muchas áreas, el autor británico presenta una serie de fórmulas para contrarrestar las maldades de la globalización en temas como la economía, la ecología, el poder corporativo, la gestión de los procesos bélicos, o la llamada democracia mundial.

Además de estos cinco capítulos que constituyen el cuerpo teórico de este ensayo, encontramos como anexo una bibliografía de las obras que Giddens ha citado en algún momento a lo largo del texto. Completa este anexo un índice temático con todos aquellos términos controvertidos, destacables o novedosos empleados por el autor, así como con los autores, personajes o instituciones que han salpicado con su presencia las páginas de "La tercera vía y sus críticos".

 

El tono didáctico que parece rodear el trabajo de Giddens, queda un tanto solapado por la excesiva implicación que el sociólogo realiza en temas que tal vez exigirían un tratamiento menos doctrinario, más abierto. La tercera vía y sus críticos es a simple vista un tratado de investigación; pero el lector tiene la oportunidad de comprobar cómo este tinte dogmático se transforma en ocasiones en una forma de contar las cosas empeñada en demostrar que la postura del autor es la única válida.

No debe entenderse este apunte como una forma de menospreciar la labor de Giddens. En un ensayo político el autor tiene todo el derecho del mundo a dar por buenas sus opiniones y a amonestar a las opuestas, previa argumentación.

Por ello, es positivo que el sociólogo británico haya dedicado buena parte del libro a recoger las tesis de numerosos y feroces críticos de la Tercera Vía. Este es un buen modelo de honestidad intelectual. De hecho, da la impresión de que la obra que reseñamos no es otra cosa que un intento de dar cabida a las detracciones que recibió su predecesora, escrita un año antes que esta, y que omitía dichas amonestaciones.

Pero Giddens no quiere seducir a la izquierda con su proyecto, sino reafirmar sus propios criterios. Esto es debido a que su programa está orientado a imponerse en el discurso de la dirigencia política y no a suscitar apoyos en las corrientes críticas o pasiones entre la ciudadanía.

En cualquier caso, el seguimiento generalizado que las opiniones de Giddens tiene por parte de mandatarios de lugares tan dispersos, deja patente que entre muchos de los pensadores contemporáneos existe la creencia generalizada de que la nueva era exige nuevas ideas y posicionamientos alternativos a la clásica división entre izquierda y derecha.

Alejandro MORA MARÍN

Centro Universitario Villanueva. Universidad Complutense

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