Puntas de lanza que iluminan de golpe (Alejandro Campos Oliver)

Leo Minicrónicas del listón y otros cuentos, (Colección Nuevas Crónicas, Editorial Nido de Cuervos, Lima, Perú, 2007) de la que conozco más como poeta errante: Lina Zerón. El libro, sobria y cuidadosamente editado, presume una segunda edición en menos de 3 meses. La primera sección, Minicrónicas del listón son una serie de estos cuentos vertiginosos, proteicos, heterogéneos que tanta afinidad tienen para la velocidad-lectura que delimita la vida cotidiana de las grandes ciudades.

Yo, comienzo a regocijarme con ojeadas de brincos a vuelo de pájaro en sus páginas y entre risas y pensamientos de digestión que ocasiona cada “ficción súbita”. Veo la lectura fragmentaria que la gente hace del periódico que regalan en el metro. Entiendo porque esta modalidad narrativa que tienen una hilera de nombres (minificción, ultracorto, brevísimos, textículo…) tiene tanto éxito y vitalidad hoy día.

Los “relámpagos” de Lina se inscriben demostrando porqué desde de la segunda mitad del siglo pasado son preferidos por los autores para abonar en los senderos de la crítica, la ironía, el humor y la sátira. Sus “retazos” no sólo evidencian una habilidad estilística depurada, sino esa intensidad expresiva y concisión de poeta oficiosa. Fronterizos con  la noticia periodística sigo leyendo.Trato de inquirir si Lina disfruta más mientras escribe o cuando los lee ante sus auditorios numerosos siempre atentos. Leo con espíritu de gozo dialogado. Y mientras el “relato vertiginoso” “Declaración absurda” me deja pensando, yo he pasado la estación donde tenía que hacer mi caída. Arriba, la lluvia me obliga a tomar taxi.

Llego a casa. Corroboro que en la página 17 comienzan los que remiten a este sabor sui generis de nuestra asqueante política mexicana. La inseguridad, la pobreza, y otros grandes hitos de nuestra “república democrática” son registrados en estos “híbridos literarios” donde “Sellos confusos” me hizo salivar con abundancia. Leo: “Por decreto de la Secretaría de Gobierno del Estado de Puebla queda prohibida la venta de los sellos postales que se emitieron con la fotografía del Gober Precioso, para evitar que los ciudadanos continúen confundiéndose al no saber de qué lado de la estampilla echar la saliva”.

El efecto súbito que producen algunas de sus “viñetas” es para reírse a boca tendida, verbigracia: “Cita a ciegas” o “Inquisitivo”. En la elucubración de un origen que le da vuelta de sombrilla por completo a nuestras creencias, sobresalen: “Jardinero inteligente” y “De suerte”.

“Entre almohadas” y “Maquillaje Perfecto” pueden decirnos porqué la actual creación literaria tiende a esfumar las fronteras entre género y género, por ejemplo: prosa y poesía. “Duda de color” podría ser incluso un microensayo. Otros de sus “microrelatos” nos muestran los mecanismos tradicionales que sustentan a los exitosos “cuentos cortos”: dualidad soñador-soñado, mundo real-mundo soñado, imagen real-imagen especular, la historia-el revés de la historia, el tiempo-la inversión del tiempo, etc.

Cuando leo emocionado algunos “minicuentos” a un amigo, veo triste que, cuando se trata de intertextos, de referentes literarios, brechas generacionales o tecnicismos  “los retazos” exigen cierta erudición literaria o al menos lectores refinados. Lo mismo debió suceder a los lectores Limeños frente a la falta de las referencias político-sociales de nuestro país. Llego a la conclusión entonces de que el estado de la literatura entre nuestra población puede ser el resultado más próximo a ser un indicador de nuestra “calidad educativa”. Desvarío un poco más, pero continúo leyendo.

Lo que sigue lo urdiría un día después en una sola sentada: La segunda sección del libro “Otros cuentos” la integran cuentos ya no tan cortos, digamos que ya hay cuentos superiores a las 400 palabras. Inician dos cuentos “El velorio” y “La luna en subasta”  estos no serán los únicos que exploran ese realismo mágico de códigos narrados de mundos que se convierten en ficciones que nos atrapan y uno no duda que ello suceda. Lina nos recuerda porqué los maestros del relato corto han sido y son los hispanoamericanos, superando, incluso a los autores en lengua inglesa. Lectora voraz de los autores del Boom Latinoamericano, la autora sabe la importancia de dejar ese agradable sabor agridulce del final inesperado.

“Boquita chiquita” nos enseña cuándo es considerable pensar en una cirugía plástica. “Hierba buena” nos muestra cómo es que una mujer puede volar como “mariposa en éxodo”, “El teléfono” consigue dejar una impresión persistente de interrogantes en el lector, antes y después de que la niña de aquella historia caiga como “flor sin tallo sobre el pavimento”. “En la telaraña de su pelo” evidencia la importancia de recordar los consejos del abuelo, sobre todo si de mujeres se trata. En “Tiro de gracia” se hilvana las palabras como en  una balsa de aceite y tiene un fin que hubieran deseado los amigos de Sócrates.

“Galería nocturna” es una bella historia de una musa -bidimensional de día y tridimensional de noche- y un pintor en que un día, harían sin saberlo “como nunca y como siempre” por última vez el amor. “La boutique del amor” ejemplifica la vacuidad en la que tenemos a un abismal concepto como lo es el amor. “Las primeras vacaciones” y “Mucho macho” me hace recordar porqué Cortázar apuntaba que un cuento es significativo “cuando quiebra sus propios límites con una explosión de energía que ilumina bruscamente algo que va mucho más allá de la pequeña y a veces miserable anécdota que cuenta”; Lina sabe que la ingenua  intención de escribir, esa conmoción que motiva el origen del cuento es insuficiente, su estilo subyuga al lector con alevosía.

“Palabras exactas” aguijonea en sus primeros renglones con sus analogías que atrapan de zarpazo. Es la historia fractal de un escritor que ha extraviado su inspiración, y busca por lo menos “crear una frase que mueva la montaña de la literatura”. Un joven prosista le enseña que la buena literatura, para hacerla hay que sentirla-vivirla, pero talvez lo importante sea que nos muestra como “La ficción es una reflexión sobre el mundo hecha a través de lo simbólico… La ficción es la primera sabiduría consciente de la humanidad, la primera manera de explicar la realidad” (José María Merino dixit). Y en este juego de realidades alternas que dejan asomar con frecuencia las atmósferas mágicas de Lina, logra condensar la verticalidad y horizontalidad del espacio en tensiones atmosféricas que cierran en cuentos efectivos y memorables.

En “Raíces de dolor” y “Crónica de una operación anunciada” expone su claridad entre el equilibrio de escribir y crear una prosa con motivos. Intuyo que en estos dos hay mucho de experiencia vital directa de la autora. “Enferma de mar” refiere los sueños de una cubana y sus andanzas por París, de una mujer que el mar poseía como a veces lo hace el viento a las flores del campo.

“Marido y mujer” sobresale y brilla por sí mismo. Merece mención aparte. Uno sencillamente termina aplaudiendo de pie este texto al finalizar su lectura. Todo su recorrido deja espacios de alta degustación estética, para el asombro e incluso para la meditación. Matizada de imágenes pasmosamente originales y donde los personajes tienen voz propia. El bulbo de la cuestión es que no sólo atrapa al lector desde el primero párrafo y no nos suelta hasta el final; o que parta y desarrolle el discurso en un punto interesante, álgido, sino que sus textos dejan heridas. Remueven el interior.

“Del color las piedras” también es espléndido ejemplo de su narrativa. Los psicoanalistas gozarán en sus intrincados símbolos. Deberían sencillamente, hacer un largometraje de él. Este cuento, el más extenso y el último del libro, también merece comentario aparte. Sólo destacaré que color verde debería leerse en todos los cuarteles militares del mundo y que color rojo es en verdad excitante…

La unidad de impresión que logra cada cuento de Lina Zerón nos deja efectos que iluminan de golpe. Uno sencillamente ríe, goza, sufre, teme, se excita, y habrá quien hasta se indigne. Pero ese es el éxito literario. Cada palabra, cada sustantivo, cada gesto están dibujados a su medida. Nos sumerge en un conflicto, en lugares inhóspitos, extraños, en situaciones tabú, religiosas, o donde uno sencillamente se siente incómodo, despistado. Sus cuentos son punta de lanza para derribar o cuestionar creencias, ideas, actitudes, funciones. Nos brindan a la sed de la experiencia, la riqueza de un basto contorno imaginativo. Su literatura es una caja de Pandora que despierta diversos latidos íntimos, donde encontramos cuentos vigorosos que cubren historias en poco tiempo, aportando novedad al lenguaje, originalidad, lograda verosimilitud. Donde lo nuevo y extraño se atreven a caminar por ciénagas, en el filo de lo posible e imposible, en la recreación y degustación literaria.

Lina Zerón hace al lector adicto a sus letras. Estoy seguro que más de cinco de sus cuentos sobrevivirán por la carrera del tiempo. Porque cuando uno se asombra con lecturas como estas siempre las tiene en la punta de la lengua para recomendarlas a un amigo. Eso sucede ahora en Perú. ¿Sucederá lo mismo aquí?

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TESTIMONIOS, ESPEJISMOS Y DESCONCIERTOS (Rafael Fauquié)

Entonaciones autobiográficas y carácter fragmentario de las voces escritas: dos de los signos en los que Rafael Fauquié identifica algunas peculiaridades de importantes espacios literarios en nuestro presente.

 

Alguna vez comentó Borges que toda época poseía sus propias supersticiones literarias, y que, en nuestros días, la de la novela sería una de las más significativas. Pero, acaso, esa “superstición” se relacione, sobre todo, con la recepción del género novelesco: el más leído, el más popular, el más extendido, y, desde luego, el más comercial. Superstición de la novela, entonces, más que todo por la recepción de un público que, en ella, fue acostumbrándose a cierta manera de “consumir” lo literario.

 

Este nuevo libro de Fauquié es un reconocimiento y una apuesta suya a otras supersticiones, relacionadas mucho más con el acto de escribir y quienes escriben que con el de leer y quienes leen. Superstición, por ejemplo, de cierta pulsión de los seres de palabras por verbalizarse al interior de su escritura, por mostrarse ante lectores que son, sobre todo, interlocutores. Y, desde luego, superstición del creciente desvanecimiento en los límites que tradicionalmente separaban a la prosa de la poesía; protagonismo de una prosa poética que es progresión y ramificación de imágenes e impresiones, de vivencias y recuerdos, de fantasías y convicciones, expresados en voces rápidas y discontinuas que reflejan lo rápido y abrupto de las revelaciones.

 

Pero, acaso, por sobre todo, Testimonios, espejismos y desconciertos sea un testimonio; o mejor: una suma de muchos testimonios relacionados con tres grandes temas: la existencia humana, la escritura y la opción de la felicidad. En relación a esto último se reitera una y otra vez en el libro de Fauquié cierta interrogante nietzscheana: “¿Qué sucedería si un demonio te dijese: esta vida, tal como tú la vives actualmente, tal como la has vivido, tendrás que revivirla… una serie infinita de veces; nada nuevo habrá en ella; al contrario, es preciso que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro… vuelvas a pasarlo con la misma secuencia y orden… Si este pensamiento tomase fuerza en ti … ¡Cuánto tendrías que amar la vida y amarte a ti mismo para no desear otra cosa sino esta suprema y eterna confirmación!”. Amar la vida y amarnos a nosotros mismos en ella; tratar de entenderla aceptándonos dentro de nuestros caminos construidos… Actitudes necesarias para todo ser humano que, desde luego, no podrían dejar de reflejarse en el esfuerzo de seres de palabras empeñados en hacer de su escritura un sustento de pasos y un impulso con el que apoyar el apasionante esfuerzo de vivir. Como muy bien dice el propio Fauquié: “estas páginas (tratan) de la necesaria relación entre la felicidad y la vida y entre la vida y la escritura; y, en medio, de las respuestas a las muchas curiosidades sobre las que, personalmente, he ido apoyando mi propio esfuerzo de caminante ante el muy difícil aprendizaje –¿o debería llamarlo arte?- de vivir, de saber vivir.”

 

 

Almanzor Duarte

 

 

URL: http://rafaelfauquie.dsm.usb.ve/

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