La buena educación (Begoña Aranguren)

 Un inteligente y ameno recorrido por los usos y costumbres de nuestra

  sociedad
  "Si  algo podría caracterizar nuestro tiempo es el no aceptar en absoluto
  la vida como viene. Es agotador tratar de conducirla, de reconducirla, de
  controlar  el futuro, de olvidar el pasado, de no tolerar nuestro declive
  y,  por  tanto:  ponerse los pechos de amígdalas, estirarse los párpados,
  los   labios   como   Gargantúa,   someterse   a   repetidos  liftings  y
  liposucciones."
  Una  familia como cualquier otra, un hombre y una mujer que llevan juntos
  más de treinta años y han criado a sus hijos como mejor han sabido sirven
  de   arquetipos   para  que  Begoña  Aranguren  realice  un  divertido  e
  inteligente repaso de los usos y maneras de nuestra sociedad. Se trata de
  una acertada disección a través de los avatares de la familia de Carlos y
  María,   de  sus  hijos  y  sus parejas, de sus amigos y de sus enemigos.
  Todos  ellos  son  los  protagonistas de una sucesión de peripecias, unas
  serias,  otras  desternillantes,  en  las  que  cualquier  lector se verá
  reflejado,  y  que la autora utiliza como hilo conductor para el análisis
  de los defectos y virtudes más sobresalientes de la sociedad actual.
      Gracias  a  su dilatada experiencia periodística, Begoña Aranguren ha
  sabido dar a este libro una dimensión informativa y de rotunda actualidad
  que  se convierte en un testimonio sociológico y cultural de gran interés
  para  el  lector  del futuro. Asistimos a una notable reflexión sobre los
  defectos  de los españoles del siglo XXI como ya lo hiciera Fernando Díaz
  Plaja  hace  medio  siglo. Pero esta vez, esta reflexión está enfocada en
  una  familia tipo, lo que ofrece una mayor cercanía al lector y una mejor
  identificación.
      En  cada  capítulo,  la autora expone una situación concreta, siempre
  relacionada  con  la  vida  de los protagonistas. Y, tras la anécdota, el
  análisis,  porque  Begoña  Aranguren  concluye  el capítulo comparando la
  realidad  actual  con  la  de  otros  tiempos,  analizando los pros y los
  contras de cada época y ofreciendo las claves para conseguir salir airoso
  de  las  situaciones  más  diversas.  Qué  hacer  y  qué no hacer en cada
  momento.
        La  invitación  inesperada  a una boda es el arranque de este libro
  que  posee elementos de la novela, en cuanto a que posee una trama y unos
  protagonistas  de  la  acción,  pero  que  tiene también mucho de estudio
  sociológico,  de libro de consejos, de reportaje periodístico e, incluso,
  de  relato  de humor. Una combinación original,  muy divertida y muy útil
  para  los  lectores  que quieran aprender cómo soportar con una sonrisa y
  buenas maneras los retos a los que les enfrenta día tras día el mundo.
      Asuntos  tan  cotidianos  como  las bodas y todo lo que las rodea; la
  dictadura  de  los  hijos;  la  cultura del mal gesto y de la bronca; las
  relaciones  de  pareja:  separaciones, reconciliaciones, peleas, segundos
  matrimonios;  las  reglas de urbanidad en la mesa; los amigos, recibir en
  casa,  los  duelos,  o  el  terror  a  envejecer.   Estas  y otras muchas
  cuestiones se contemplan en este libro único.
  "Y  es  que  en  el  fondo se entiende que el hecho de no ser tú quien ha
  palmado  produzca  cierta sensación de alivio al principio y, después, un
  subidón difícil de disimular."
      María  y  Carlos viven el día a día cada vez más asombrados de lo que
  le  rodea.  María tendrá que sufrir el acoso injustificado de un grupo de
  ciudadanos  en  la parada del autobús. Ambos deberán soportar la cena con
  un antiguo amigo que se ha vuelto a casar con una jovencita cuyos modales
  en  la  mesa dejan mucho que desear. Asistir a un velatorio donde, por la
  algarabía, los corrillos y los chistes verdes,  más parece que estuvieran
  en  una  juerga flamenca. Aguantar los insultos de un mocoso de ocho años
  cuyos  padres son incapaces ya de controlarle. Tragar con una sonrisa los
  modos  pijos  de  ciertas  parejas con maridos malcriados y cursis que se
  consideran a sí mismos "embarazadísimos".
  "?Os  telefoneamos para haceros saber que estamos embarazados ?dicen esos
  chicos  Danone (pelo engominado y con rizos, corbata de Hermés con osos o
  pajaritos  y  zapatos  italianos  de borlas bien lustrados) con los que a
  ciertas mujeres les ha dado por casarse en los últimos tiempos.
  ?¿Sabes,  Asís?  ?Este tipo de gente no se anda con chiquitas, por eso no
  suelan  ser  bautizados con nombres de menos ringo-rango. Si les llamaran
  Pepe  o  Manolo,  otro  gallo  cantaría?.  ¡No  sabes cuánto agradezco tu
  llamada  porque  también nosotros deseábamos comunicaros que seguimos aún
  menstruando cada veintiocho días más o menos!"
      El  lector  asistirá a una sucesión de escenas no por burlescas menos
  realistas de situaciones sociales y de convivencia que molestan, ofenden,
  indignan,  asombran y divierten a la autora, y que quedan aquí reflejadas
  con un gran sentido del humor y también con una gran agudeza.
      Se  trata  de  una  especie  de  cara  y  cruz de la realidad. Podría
  considerarse,  incluso,  que  asistimos a un nuevo modelo de costumbrismo
  del  siglo XXI, en el que esas costumbres asumidas y soportadas por todos
  se muestran en su absurdo realismo cotidiano.
      Un libro que hará las delicias de todos aquellos que quieran pasar un
  tiempo  divertido  con la lectura. Un tiempo en el que, además, se le den
  algunos buenos y prácticos consejos para la vida.
  Begoña  Aranguren  nació en Bilbao y comenzó a ejercer el periodismo como
  columnista de un diario local de Vizcaya. Posteriormente llevó a cabo una
  serie de 80 entrevistas en profundidad a grandes personalidades del mundo
  de  la  literatura, las artes y la cultura en general; entre otros, Julio
  Caro  Baroja,  Gabriel  Celaya,  Pablo  Serrano,  Nuria Espert, o Plácido
  Domingo.  Más  tarde colaboró con Euskal Telebista en programas de éxito.
  Esto  le  condujo  a  crear,  junto  a  Isabel Vergarajauregui, su propia
  productora  con  la que, en coproducción con Canal Plus, llegó a realizar
  más  de 50 testamentos visuales, documentos únicos en que los españoles e
  hispanoamericanos  más  importantes del siglo XX nos dejan su testimonio,
  sus últimas palabras en un programa llamado Epílogo.
  En 2000 publicó El fuego que no quema, un libro de conversaciones con su
  ex marido, el escritor José Luis de Vilallonga. Sus últimas obras son La
  mujer en la sombra (2003), Memorias. Enmanuela Dampierre (2003), Diva,
  divina (2003)y Alta sociedad (2006).

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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Mareas de luz (Gregory Benford)

A la hora de abordar una continuación o alguna de las partes siguientes de una serie de ciencia-ficción, siempre se corre el peligro, normalmente confirmado, de encontrarse con un considerable descenso de calidad con respecto a lo anteriormente leído de la misma. Seguramente el ejemplo más popular sea Dune, de Frank Herbert, y toda la saga posterior, aunque cualquier lector habitual del género podría, seguramente, dar otros títulos en el mismo orden de cosas. Para ser justos, hay que decir que esto no es un defecto exclusivo de la ciencia-ficción (me vienen a la memoria, por ejemplo, las continuaciones de El médico de Noah Gordon), pero es quizá en este género y en el de fantasía donde más se da el vicio de alargar el éxito logrado con una novela, convirtiéndola en una trilogía, pentalogía o vaya usted a saber. Afortunadamente, no todas las macroseries tienen su origen en la búsqueda del vil metal y en alargar lo inalargable. Hay algunos autores que, arrebatados por una idea gigantesca, imposible de expresar en una sola novela, deciden crear la serie como un todo, no como una retahíla de continuaciones sin sentido, sino como algo global, una gran novela en realidad, dividida en varias partes. Sólo en esos casos se puede dar el milagro de que uno de los capítulos posteriores sean superiores a lo anteriormente leído. El libro que nos ocupa es un ejemplo de ello.

Mareas de luz ocupa el cuarto lugar en la hexalogía imaginada por Gregory Benford, y sin embargo es mejor novela que las tres anteriores. En realidad, cada una de ellas es diferente de las demás, pero significativamente complementaria, hasta tal punto que quien cierre finalmente esta cuarta novela tendrá la sensación de que algo grande, un collage enorme, comienza a tomar forma y sentido en su cabeza.

ocupa el cuarto lugar en la hexalogía imaginada por Gregory Benford, y sin embargo es mejor novela que las tres anteriores. En realidad, cada una de ellas es diferente de las demás, pero significativamente complementaria, hasta tal punto que quien cierre finalmente esta cuarta novela tendrá la sensación de que algo grande, un enorme, comienza a tomar forma y sentido en su cabeza.

Dentro de la rama que explora la gran aventura de la Familia Bishop, la novela narra las vicisitudes sin fin de Killeen y la Familia en un nuevo planeta en el que habrán de luchar al lado de otros humanos, gobernados por un megalómano -que finalmente resultará ser otra cosa-, contra una nueva especie más poderosa incluso que los mecs, y a los que los humanos dan el nombre de cíbers, Para éstos, los componentes de la Familia no son más que una molestia insignificante a la que exterminar. Poseedores de una increíble tecnología capaz de "domar" cuerdas cósmicas con las que sangrar los distintos planetas por donde pasan, los cíbers pretenden desvelar el misterio que ata a los mecs con los múltiples cuasares de la galaxia, totalmente ajenos, por otra parte, a la importancia que los humanos tienen en su propia herencia genética.

Con esta nueva aventura, la epopeya de los Bishop adquiere tintes majestuosos en su constante lucha contra la plétora de seres superiores que se les van poniendo por delante, y a los que uno por uno van superando. La acción no decae en casi ningún momento, y los asistencia, viejos elementos, como los ya imprescindibles Aspectos (personalidades grabadas e implantadas en soportes cerebrales), ayudan a dar más profundidad si cabe a los ya conocidos personajes. Los elementos hard, más abundantes en esta novela que en las anteriores, son de una magnitud gargantuesca. Cuerdas cósmicas, enormes inteligencias orgánicas como el Sembrador del Cielo, cuyas maniobras en el planeta Nueva Bishop despiertan el sentido de la maravilla, las construcciones de los cíbers en órbita, la insolente maniobra del protagonista a través del eje planetario, o la de la misma cíber Quath, asida al enorme tallo espacial para escapar de la batalla con los protagonistas en su interior, sólo pueden ser propias de un autor con gran imaginación y enorme dominio del arte de contar y hacer creíble lo narrado. Todo esto se suma a los imprescindibles elementos propios del arco central de la serie, configurando un misterio cada vez mayor, con un apéndice final que sumerge al lector en una intriga a escala cósmica, y le empuja a querer saber más sobre ese universo.

Pero sin duda, el punto más logrado de toda la novela es la creación por parte de Benford de una especie enormemente interesante y magistralmente descrita, a la que los humanos llaman cíbers, y que el lector conoce como las podia. Auténticos ciborgs, mitad orgánicos, mitad máquinas, estos seres, que recuerdan en todo momento a gigantescas arañas (aunque lógicamente no se diga de manera expresa, puesto que los humanos de las familias nunca han visto una), constituyen, con su comportamiento y su creíble organización social, una de las más interesantes especies alienígenas que el género haya visto últimamente.

De todas formas, Mareas de luz no es un libro perfecto. Benford sigue insistiendo en castigarnos de vez en cuando con un par de páginas descriptivas de las suyas, a las que no hay manera de encontrar sentido literal, siendo imposible imaginarse espacialmente lo que nos quiere enseñar. Esto se hace patente especialmente en esta novela, donde llega a acompañar algunas acciones con dibujos, seguramente porque él mismo se da cuenta de lo farragoso de sus definiciones, como por ejemplo en la primera aparición y modo operativo de la cuerda cósmica. En mi opinión, el medio escrito debería bastarse y sobrarse para hacer llegar al lector lo que se quiere contar: cualquier cambio de formato siempre acaba sacando al lector de la historia.

Aun así, esto no parecen más que pequeñeces al lado de la alta calidad de esta obra. Quedan muchas preguntas por contestar en una serie que cada vez se revela más importante. Qqué pasó con los humanos? ¿Por qué en su momento de mayor gloria y poder -la llamada Era de los Candeleros, esas enormes ciudades en el espacio- comenzaron a decaer hasta llegar a la situación que se narra en los libros de los Bishop? ¿Qué extraños objetivos persiguen los mecs en el Centro Galáctico, y por qué su interés en hacerse con todos los cuasares de la galaxia? ¿Qué será de la familia Bishop? ¿Se encontrarán con Nigel Walmsley en el Centro Galáctico? ¿Qué más sorpresas esconde el pasado de las podia?

Una auténtica invitación para que todo aficionado al género consiga el siguiente volumen de la monumental serie del Centro Galáctico, Abismo frenético.

Santiago L. Moreno

www.bibliopolis.org

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PARA QUIÉN ESCRIBO

 

SIGLO XXI, 15 de octubre de 2006 

Para quién escribo, la duda de siempre

El ganador del premio Nobel reflexionó recientemente en The New York Times

  Orhan Pamuk, Tomado de GDA, La Nación

Nueva York. Durante los últimos 30 años –desde que me convertí en escritor–, la pregunta que me han planteado con mayor frecuencia, tanto lectores como periodistas, es ésta: "¿Para quién escribe usted?" Sus motivos dependen de la época y el lugar, pero todos emplean el mismo tono de voz, suspicaz y desdeñoso.

A mediados de la década de 1970, cuando decidí convertirme en novelista, la pregunta reflejaba la difundida idea filistea de que el arte y la literatura eran lujos en un país no occidental pobre, aquejado por problemas premodernos. También incluía la insinuación de que alguien "tan educado y cultivado como usted" podría ser más útil a la nación como médico dedicado a combatir las epidemias o como ingeniero abocado a la construcción de puentes.

En años posteriores, los que me preguntaban: "¿Para quién escribe usted?" estaban más interesados por descubrir qué parte de la sociedad era la que yo esperaba que leyera y disfrutara de mi trabajo. Sabía que esa pregunta era una trampa, porque si no contestaba: "Escribo para los miembros más pobres y oprimidos de la sociedad", me acusarían de proteger los intereses de los terratenientes turcos y de la burguesía. Y esto, a pesar del hecho de que cualquier escritor de buen corazón que fuera tan ingenuo como para afirmar que escribía para los obreros y los campesinos recibía rápidamente la respuesta de que era muy poco probable que sus libros fueran leídos por personas apenas alfabetizadas.

Treinta años más tarde, escucho más que nunca esa misma pregunta. Pero ahora tiene más que ver con el hecho de que mis novelas se traducen a más de 40 idiomas.
Durante los últimos 10 años, mis cada vez más numerosos interrogadores parecen preocupados de que yo pueda malentender la pregunta, de manera que suelen agregar: "Usted escribe en turco. Entonces, ¿escribe para los turcos, o ahora también piensa en el público más amplio al que llega gracias a las traducciones?" Y la pregunta siempre está acompañada por la misma sonrisa suspicaz y desdeñosa, que me lleva a la conclusión de que, si quiero garantizar la autenticidad de mi obra, debo contestar: "Sólo escribo para los turcos".

Antes de ocuparnos de la pregunta en sí misma, debemos recordar que la aparición de la novela como forma de arte coincidió con la emergencia del Estado-nación. Cuando se escribían las grandes novelas del siglo XIX, el arte de la novela era en todos los sentidos un arte nacional. Balzac, Dickens, Dostoievski y Tolstoi escribían para las clases medias emergentes de sus naciones, que podían abrir los libros y reconocer cada ciudad, cada calle, cada casa, cada habitación y cada silla; podían compartir los mismos gustos y discutir las mismas ideas.

En el siglo XIX, las novelas de esos grandes autores aparecían primero en los suplementos culturales de los periódicos nacionales, pues los autores le estaban hablando a la nación. Para fines del siglo XIX, leer y escribir novelas era participar en una discusión nacional cerrada al exterior.

Pero hoy la escritura de novelas conlleva un significado diferente, al igual que la lectura de novelas literarias. Hoy, los lectores esperan un nuevo libro de García Márquez, Coetzee o Paul Auster, de la misma manera que sus predecesores esperaban la nueva novela de Dickens… como si fueran las últimas noticias. El público lector de novelistas como éstos, a nivel mundial es mucho más grande que el público al que llegan sus libros en sus países de origen.

Los escritores escriben para su lector ideal, para sus seres queridos, para ellos mismos o para nadie. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que los escritores literarios de hoy también escriben para los que los leen. De modo que las preguntas incisivas y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de estos escritores reflejan cierta inquietud sobre este nuevo orden cultural que ha logrado existencia durante los pasados 30 años.

La gente a la que este orden le resulta más perturbador son los representantes de las naciones no occidentales y de sus instituciones culturales. Los Estados no occidentales atormentados por las crisis, angustiados por su identidad nacional -y reticentes a enfrentar las zonas negras de su historia- se muestran suspicaces con los novelistas creativos que enfocan la historia y el nacionalismo desde una perspectiva no nacional. Según estos críticos, los novelistas que no escriben para su público nacional están exotizando su país para "consumo externo" e inventando problemas que no tienen una base en la realidad.

Existe una sospecha paralela en Occidente, donde muchos lectores creen que las literaturas locales deben seguir siendo locales, puras y fieles a sus raíces nacionales. Su secreto temor es que un escritor que se dirige a un público internacional y que hace uso de tradiciones externas a su propia cultura, termine por perder su autenticidad.

Y porque todos los escritores sienten un profundo deseo de ser auténticos es que todavía me gusta que me pregunten para quién escribo. Pero aunque la autenticidad de un escritor depende de su capacidad de abrir su corazón al mundo en el que vive, también depende de su capacidad de entender su propia posición cambiante dentro de ese mundo.

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La higuera (Ramiro Pinilla)

En este año de conmemoraciones fratricidas, de ajustes y desajustes en torno a la Memoria Histórica, de esquelas y de peleas goyescas -y grotescas- sin más armas que las tibias de nuestros antepasados, surge esta novela sobre la Guerra Civil, atravesada por los ojos sin párpados de un niño de 10 años que presencia, inerme e inerte, el asesinato, a manos de unos militantes de Falange, de su padre y hermano. Amparado en la noche, los entierra en una tumba sin nombre, en una tierra de nadie, y planta encima un hijuelo de higuera, junto a la que permanecerá durante años en un acto de contrición y aceptación de culpa, uno de aquellos matones desgajado de la jauría. Aquel acto de barbarie se convierte, en este buen relato del escritor Ramiro Pinilla, en una acertada metáfora sobre la superioridad moral de las víctimas y la necesidad de no olvidar: como símbolo ahí está esa higuera regada noche a noche.-

J. G.

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La dama de las camelias (Alejandro Dumas)

I.El Narrador se entera por casualidad de que murió una cortesana y que sus bienes serían puestos en remate para cubrir sus deudas, se entera de que la difunta era conocida suya, únicamente de vista: Margarita Gautier.

II.Margarita era de singular hermosura, asistía a todos los estrenos de la Ópera y del Teatro, su fama como cortesana era bastante conocida, siempre asistía a todas las funciones con tres cosas: sus gemelos, una bolsa de bombones y un mazo de camelias, su florista le habría puesto el sobrenombre de “La Dama de las Camelias. Ella vivía de una pensión indeterminada que le daba el duque, él cual la trataba pródigamente y con respeto.

III.El Narrador acude al remate, el cual fue bastante concurrido. Puja por un libro Manon Lescault del abate prevost, el cual tenía dedicatoria, se lo adjudican por un valor diez veces superior al real, sólo por orgullo personal pujó de tal manera. La Dedicatoria decía “Manón a Margarita, Humildad”, firmado por Armando Duval.

IV.De la venta de los bienes de la cortesana se obtuvieron 150,000 francos, de los cuales dos terceras partes fueron a parar a las manos de sus acreedores y el resto a su familia, una hermana que tenía años sin verla. Armando Duval acudió a ver al Narrador, en un estado deplorable y depresivo, le rogó que le vendiera el libro mencionado, enseñandole una carta suscrita por Margarita en la cual le pedía que acudiera al remate a comprar algo para recordarla. El Narrador le regalaría el libro, lo que daría inicio a una buena amistad, el mozo agradeció y se despidió llorando.

V.Pasó un largo tiempo y el narrador no tenía noticias de Armando Duval, decidió ir a preguntar por él a casa al cementerio, donde vislumbró la tumba de la joven adornada con innumerables camelias, el jardinero le contó que un joven había ordenado que se mantuviera siempre con rosas y que éste había partido para que la hermana de la difunta autorizase el traslado del cuerpo, puesto que en este cementerio sólo tenía licencia por cinco años, y quería otorgarle una de por vida. El Narrador obtiene la dirección de Armando Duval y va a visitarle, seguía de viaje, pero al día siguiente recibe un mensaje por él que le invitaba a acudir a su casa.

VI.El narrador acude, vería al joven en un estado convaleciente, el cual da la razón del traslado del cuerpo y el porque tenía que estar presente:

Es lo único que puede curarme. Tengo que verla. Llevo sin dormir desde que me enteré de su muerte, y sobre todó desde que vi su tumba. No puedo hacerme a la idea de que esa mujer, a quien abandoné tan joven y tan bella, esté muerta. Tengo que cerciorarme por mí mismo. Tengo que ver lo que ha hecho Dios con aquel ser que tanto amé, y quizá el asco del espectáculo reemplace la desesperación del recuerdo. Usted me acompañará, ¿verdad? Si es que no te molesta demasiado…

Acudieron al desentierro, el cual fue bastante doloroso para Armando.

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Desarrollo

VII.Armando, todavía en cama le encomienda la escritura de un libro sobre los hechos que le narraría: dice que desde que la conoció sabía que estaba destinado a enamorarse de ella, deseaba que fuere difícil la conquista:

Y yo, que habría querido sufrir por aquella mujer, temía que me aceptara excesivamente de prisa y me concediera excesivamente pronto un amor que yo hubiera querido pagar con una larga espera o un gran sacrificio. Los hombres somos así; y es una suerte que la imaginación deje esta poesía a los sentidos y que los deseos del cuerpo hagan esta concesión a los sueños del alma.

Contó que la vez que fueron presentados, fue en la Ópera, y había hecho el ridículo, ella diría que “nunca había visto nada más chistoso que él”. A partir de aquí, Armando la intentaría ver varias veces, pero de repente ella enfermó de tisis, acudió a su casa innumerables veces preguntando por su estado de salud, sin dejar jamás recado, tarjeta de visita o subir a visitarla. No la vería por dos años.

VIII.Después de este tiempo la volvió a ver y su amor no había disminuido.

-Lo que no impidió que mi corazón latiera cuando supe que era ella; y los dos años pasados sin verla y los resultados que aquella separación hubiera podido ocasionar se desvanecieron en la misma humareda con el solo rozar de su vestido.

Le pidió a una conocida, Prudencia Duvernoy, una regordeta que había sido cortesana, que se la presenté nuevamente. Ella le contó que Margarita era la protegida de un duque muy viejo y muy rico, que ella nunca se dormía antes de las dos de la mañana y que a veces tenía compañía, pero que no tenía amantes, aunque un conde joven la cortejaba, a ella le aburría.

IX.Se volvieron a presentar Armando y Margarita, ésta aunque al principio no pudo recordar, después lo haría, pidiendo disculpas por la vez anterior. Armando aceptó que el era el hombre que iba a preguntar por su estado de salud durante su enfermedad, lo que ella agradeció. Margarita trataba con mucha crueldad al conde, a quien despidió para recibir a Armando, Prudencia y Gastón, durante la alegre reunión, en la que la joven hizo gala de sus modales, a Margarita le sobrevino una crisis de tos por lo que salió presurosa a su recámara, Armando la siguió.

X.Armando le recomendó abandonar esa vida licenciosa, ella contestó que a nadie le importaba su estado de salud, a lo que el joven replicó diciendo que a él sí. Armando confesó que la amaba con locura, ella después de algunas cavilaciones lo aceptó pero condicionándole que debería ser: confiado, sumiso y discreto. Ante la pregunta de cuando se volverían a ver, Margarita contestó:

Porque -dijo Marguerite, liberándose de mis brazos y tomando de un gran ramo de camelias rojas comprado por la mañana una camelia que colocó en mi ojal – porque no siempre se puedén cumplir los tratados el mismo día en que se firman

Luego le diría que se verían cuando la camelia que le entregó cambie de color, se besaron y ella justificó su actuar:

Quizá le parezca raro que me haya mostrado tan dispuesta a aceptarlo así, en seguida. ¿Sabe a qué se debe? Se debe -continuó, tomándome una mano y colocándola contra su corazón, cuyas palpitaciones violentas y repetidas yo sentía-, se debe a que, ante la perspectiva de vivir menos que los demás, me he propuesto vivir más de prisa.

XI. Armando estaba sorprendido de lo ocurrido, y se empecinaba en creer que no se trataba de una mujerzuela. Fue a verla, como había prometido en la víspera y ella le contestó que no se acordaba del pacto, sin embargo, el joven se iba acostumbrando al actuar de la joven. Luego Prudencia le diría que Margarita opinaba que era encantador.

XII.En esa ocasión Armando pasó la noche con Margarita, ella lo despachó a las cinco porque el duque vendría temprano y le prometió mandarle instrucciones para su próxima cita, entregándole una llave de sus aposentos. Al día siguiente, Armando le haría una gran escena de celos porque la había visto con el conde en el teatro, luego se dio cuenta que él había aceptado ciertas condiciones y la joven lo perdonó, haciéndole saber que se estaba enamorando de él.

XIII. Prudencia le recomendó a Armando no ser celoso, que él no podía mantener la vida de lujos de Margarita, que lo conveniente era que únicamente se amaran, conscientes de la realidad. Margarita invitó a Armando a pasar varios meses en el campo, pero el joven se ofendió, diciendo que no aceptaría tal situación con esos medios, otra vez se dio cuenta del error en que incurría y fue perdonado por segunda ocasión. Al día siguiente Armando recibe un recado de Margarita que decía “Me siento mal, no venga hoy”, sin embargo acudió y vio que el conde entraba en la casa, por lo cual sufrió mucho.

XIV.Armando escribe una carta zahiriente para Margarita. Se desespera por haber actuado de tal manera, nuevamente se arrepiente y le ruega perdón:

«Alguien que se arrepiente de una carta que escribió ayer, que se irá mañana si usted no lo perdona, desearía saber a qué hora podrá ir a depositar su arrepentimiento a sus pies. ¿Cuándo podrá encontrarla sola? Ya sabe usted que las confesiones deben hacerse sin testigos.»

XV.Armando le preguntó a Margarita la razón por la cual le engañó, ella respondió de tal forma:

-Amigo mío, si yo fuera la señora duquesa de tal o de cual, si tuviera doscientas mil libras de renta, y siendo su amante, tuviese otro amante distinto de usted, tendría usted derecho a preguntarme por qué lo engañaba; pero, como soy la señorita Marguerite Gautier, tengo cuarenta mil francos de deudas, ni un céntimo de fortuna y gasto cien mil francos al año, su pregunta es ociosa y mi respuesta inútil.

Le dijo que aceptó ver al conde para poder hacer el viaje al campo, puesto que no quería deberle nada a Armando, luego dijo que siempre estaba muy vigilada. Confesó la razón por la cual había aceptado a Armando como amante: por que es el único que se ha compadecido de ella, pero:

-Entonces te encontré a ti, joven, ardiente, feliz, y he intentado hacer de ti el hombre a quien llamaba en medio de mi ruidosa soledad. Lo que yo amaba en ti no era el hombre que eras, sino el que ibas a ser. Tú no aceptas ese papel, lo rechazas como indigno de ti; eres un amante vulgar; haz como los demás: págame y no hablemos más.

Armando vuelve a pedir perdón y no se va de París.

XVI.Armando aceptaba todas las condiciones que le daba Margarita, pronto le entregaría el “Manon Lescault” del abate Prevost. Armando cambió su vida y sus hábitos, tuvo que adquirir algunas deudas y jugar para poder obsequiar a su enamorada. Intentaba curar a Margarita, y funcionaba de cierta manera.

XVII.Margarita quiso pasar una temporada en una alegre casa campirana, por lo que se la pidió al duque, el cual al poco se enteraría que habitaba con Armando en aquella casa, lo que provocó que le diera un ultimatum a la joven “Yo (y la renta) o Armando Duval”. Ella escogería el amor, haciendo que la felicidad de Armando se elevara sobremanera. Margarita terminó con todas sus costumbre anteriores, incluso con sus amistades… El duque volvería a rogar que le acepte, sin importar circunstancias, pero la joven reformada rechazaba abrir sus cartas.

XVIII.Los jovenes hacían proyectos para su porvenir, Margarita prefería no regresar a París. Armando notó que los bienes de Margarita iban desapareciendo, por lo que acudió a París y se enteró que la joven tenía muchas deudas y estaba vendiendo todo, Prudencia le dijo:

-¡Ah! – continuó con esa insistencia típica de la mujer que puede decir: «¡Qué razón tenía yo!» – ¿Cree que basta amarse e° irse al campo a vivir una vida pastoril y vaporosa? No, amigo mío, no. Al lado de la vida ideal existe la vida material, y las resoluciones más castas están sujetas a la tierra por hilos ridículos, pero de hierro, y que no se rompen tan fácilmente.

XIX.Armando se compromete a pagar todo, ella rechaza la oferta de Armando, proponiendo que vivan humilde y austeramente, pero Armando le reconviene diciendo que Margarita necesitaba de sus lujos. Ella responde:

-En una relación como la nuestra, si la mujer tiene aún un poco de dignidad, debe imponerse todos los sacrificios posibles antes que pedir dinero a su amante y ofrecer un aspecto venal a su amor. Tú me quieres, estoy segura, pero no sabes lo frágil que es el hilo que sujeta al corazón el amor que se siente por chicas como yo. ¿Quién sabe? ¡Quizá un día de mal humor o de aburrimiento lo imaginaras ver en nuestra relación un cálculo hábilmente combinado! Prudence es una charlatana. ¡Para qué quería yo los caballos! Vendiéndolos, ecònomizo; puedo pasarme sin ellos perfectamente y así no me gastan nada. Todo lo que te pido es que me quieras, y tú me querrás lo mismo sin caballos, sin cachemiras y sin diamantes. -Tú, que no quieres permitirme que comprenda tu posición, y tienes la vanidad de velar por la mía; tú, que, al conservarme el lujo en medio del que he vivido, quieres conservar la distancia moral que nos separa; tú, en fin, que no crees que mi cariño sea lo suficientemente desinteresado para compartir conmigo tu fortuna, con la que podríamos vivir felices juntos, y prefieres arruinarte, esclavo como eres de un prejuicio ridículo. ¿Crees que yo comparo uncoche y unas joyas con tu amor? ¿crees que para mí la felicidad consiste en las vanidades con que una se contenta cuando no ama nada, pero que se convierten en algo muy mezquino cuando ama? Tú pagarás mis deudas, malbaratarás tu fortuna ¡y me mantendrás al fin! ¿Cuánto tiempo durará todo eso? Dos o tres meses, y entonces será demasiado tarde para emprender la vida que propongo, pues entonces lo aceptarías todo de mí, y eso es lo que un hombre de honor no puede hacer. Mientras que ahora times ocho o diez mil francos de renta, con los cuales podemos vivir. De lo que tengo, yo venderé lo superfluo, y sólo con esa venta me haré con dos mil libras al año. Alquilaremos un lindo pisito en el que nos quedaremos los dos. En verano vendremos al campo, pero no a una casa como ésta, sino a una casita suficiente para dos personas. Tú eres independiente, yo soy libre, somos jóvenes; en nombre del cielo, Armando, no vuelvas a arrojarme a la vida que me vi obligada a llevar en otro tiempo.

XX.Armando aceptaría gustoso la propuesta de su amada, poco después llegaría su padre. El señor Duval le reprocha a Armando su conducta al flanco de la señorita Gautier y le ordena abandonarla, Armando rechaza la imposición.

XXI.Armando le contaría la situación a su enamorada. Ella le pide que haga a su padre reconsiderar para poder amarse con total libertad. Armando no encontraría a su padre por algunos días pero cambiaría drásticamente de estado de ánimo de Margarita. Armando al fin encuentra a su padre, el cual dice que toleraría la relación de su hijo.

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Nudo

XXII.Armando feliz regresaría con su amada, llevándose una gran decepción al no encontrarla, se había ido a París. Como era muy tarde, el joven acudió a París caminando, sólo encontró una carta en su casa, la cual decía:

"«Armand, cuando lea esta carta, ya seré la amante de otro hombre. Así que todo ha terminado entre nosotros. "Vuelva con su padre, amigo mío, vaya a ver a su hermana, joven casta, ignorante de todas nuestras miserias, y a su lado olvidará muy pronto todo lo que le haya hecho sufrir esa perdida que llaman Marguerite Gautier, a quien quiso usted amar por un instante y que le debe a usted los únicos momentos felices de una vida que ella espera que ya no será larga.»"

Armando se llenaría de desdicha y desesperación, y por necesidad, acudiría a compartir su tristeza con su padre, con el cual regresaría al dia siguiente a su lugar de origen.

XXIII.Armando se caracterizaba por su desánimo, sintió la necesidad de volver a verla y regresó a París. La vio, había recuperado sus caballos y bienes, y al parecer la vida libertina de antaño. Esto llevó a Armando a la ira y a desear venganza. Visitó a Prudencia, a quien le dijo sobre su relación con Margarita:

-Está perdonada, puede decírselo. Es una buena chica, pero es una golfa, y lo que me ha hecho debía esperármelo. Hasta le agradezco su resolución, pues hoy \’me pregunto adónde nos hubiera llevado mi idea de vivir siempre con ella. Era una locura..

Luego le pediría los datos de Olimpia, una amiga de Margarita, a quien pensaba conseguir con dinero. Armando concurrió a una fiesta ofrecida por Olimpia, ahí vio a su anterior amante con celos:

Cuando, lleno de mis dolorosas emociones, llegué al baile, estaba ya muy animado. Bailaban, gritaban incluso, y, en una de las contradanzas, descubrí a Marguerite bailando con el conde de N…, el cual parecía muy orgulloso de exhibirla y parecía decir a todo el mundo: ¡Esta mujer es mía!

Armando se empeñaría en conseguir a Olimpia esa misma noche, lo cual obtendría.

XIV. La relación con Olimpia provocaría bastantes desazones a Margarita, la cual terminaría su amistad con ella y se vería cada vez más pálida. Armando estaba feliz con los efectos de su artimaña. Poco después Margarita acudiría a pedirle clemencia, que había sufrido mucho y que las circunstancias le habían obligado a abandonarle. Armando le dijo que olvidaría todo lo acaecido y pasaron la noche juntos:

-No, no -me dijo casi con espanto-, seríamos muy desgraciados; yo ya no puedo valer para hacerte feliz, pero mientras me quede un soplo de vida seré la esclava de tus caprichos. A cualquier hora del día o de la noche que me desees, ven y seré tuya; pero no asocies más tu futuro con el mío: serías muy desgraciado y me harías muy desgraciada. Aún seré por algún tiempo una chica bonita: aprovéchate, pero no me pidas más.

Al días siguiente Armando fue a visitarla pero no le dejaron pasar pues se encontraba con el conde, iracundo escribió un mensaje:

Volví a mi casa como un borracho, y ¿sabe lo que hice durante el minuto de delirio celoso que bastó para la acción vergonzosa que iba a cometer? ¿Sabe lo que hice? Me dije que aquella mujer estaba burlándose de mí, me la imaginaba en su tete-à-tête inviolable con el conde, repitiendo las mismas palabras que me había dicho por la noche, y, cogiendo un billete de quinientos francos, se lo envié con estas palabras. «Se ha ido usted tan de prisa esta mañana, que olvidé pagarle. Ahí tiene el precio de su noche.»

Le devolvieron el recado y los 500 francos, desesperado y quizá arrepentido, acudió a su encuentro pero lo único que recibió fue “La señora se ha ido a Inglaterra hoy a las seis”.

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Desenlace

XXV.Y esa era el final de lo que Armando podía contar, el resto eran cartas que habían sido escritas por la joven durante la enfermedad que la acabaría, las cuales nunca fueron recibidas. La primera comenzaba:

No pude resistir el deseo de darle una explicación de mi conducta, y le escribí una carta; pero, escrita por una mujerzuela como yo, tal carta puede parecer una mentira, a no ser que la muerte la santifique con su autoridad y que en vez de ser una carta sea una confesión.

Confesó que mientras él buscaba a su padre, éste llegó a visitarla y le rogó que dejara a su hijo, puesto que interfería directamente con las relaciones familiares y con la felicidad de su hija:

Bueno, pues mi hija va a casarse. Se casa con el hombre que ama y entra en una familia honorable que quiere que todo sea honorable en la mía. La familia del hombre que será mi yerno se ha enterado de la vida que Armando lleva en París y ha manifestado que retirará su palabra si Armando sigue viviendo así. En sus manos está el futuro de una niña que no la ha hecho nada y que tiene derecho a contar con el futuro. ¿Puede usted y se siente con fuerzas para destrozarlo? En nombre de su amor y de su arrepentimiento, Marguerite, concédame la felicidad de mi hija.

Ella aceptaría…

XXVI. Margarita continuaría con las cartas suplicando que Armando la visite, o que muera de una vez. Su salud empeoraba y el único consuelo que recibió fue una carta del padre de Armando, acompañada de dinero. Al poco le embargarían sus bienes, y las cartas comenzarían a ser escritas por Julia Duprat, pues su amada estaba imposibilitada.

Me ha hecho prometer que le escriba cuando ella ya no pueda, y estoy escribiéndole delante de ella. Dirige sus ojos hacia mí, pero no me ve: su mirada está ya velada par la muerte cercana; sin embargo sonríe, y estoy segura de que todo su pensamiento y toda su alma están puestos en usted Cada vez que alguien abre la puerta sus ojos se iluminan y siempre cree que va a entrar usted; luego, cuando ve que no es usted, su rostro recobra su dolorida expresión, queda bañado en un sudor frío, y sus pómulos se tiñen de púrpura. pp 119

Finalmente la joven moriría en la más extrema desgracia y soledad.

XXVII. Acaba el relato, el narrador comenta que acompaña al joven de regreso a su casa y apunta:

Volví a París, donde escribí esta historia tal como me la contaron. No tiene más que un mérito, que quizá le será discutido: el de ser verdadera. No saco de este relato la conclusión de que todas las chica como Marguerite son capaces de hacer lo que ella hizo, ni mucho menos; pero tuve conocimiento de que una de ellas había experimentado en su vida un amor serio, por el que sufrió y por el que murió, y he contado al lector lo que sabía. Era un deber. No soy apóstol del vicio, pero me haré eco de la desgracia noble dondequiera que la oiga implorar. La historia de Marguerite es una excepción, lo repito; pero, si hubiera sido algo habitual, no habría merecido la pena escribirla www.es.wokipedia.org

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