LEVIATAN (Herman Melville)

leviatan_noticiaLos hechos no precisan mayor elucidación, aparejo de seda, caballeros, al menos yo los juzgo por tales. Intento decirles que no se complican, que todo esto pudo haberles ocurrido a ustedes, o que simplemente les ocurre. Así pues, un capitán, una tripulación, un barco de la vieja escuela, una travesía de varios meses, y la bestia al fin, la bestia desde el principio. He aquí un borrador, o si lo prefieren, el borrador de un borrador. Ahora, guíense como quieran. ¿La época? Bien, pero no la creo importante: sirve cualquier momento del siglo diecinueve, en realidad, cualquier momento del tiempo. Tampoco nosotros somos importantes: armadores, marineros, gente común, con esposas, con hijos, algún extranjero, algún solitario. El porqué, sí: es antiguo, es eterno: es el orgullo del rebelde enfrentado al universo, la oscura leyenda del hombre erguido ante los dioses.
Y el artífice. Neoyorquino. De treinta y dos años cuando publicó el libro, el sexto, o quizá el séptimo. Hablo de mil ochocientos cincuenta y uno. ¿Antes? Pongamos que como todos: padres escoceses y holandeses, banqueros arruinados, una infancia sofocada por la educación calvinista, el puritanismo. Luego el mar: su primera incursión la realizó como grumete, a bordo del Highlander, rumbo a Liverpool; más tarde se contrataría en un ballenero, el Acushnet, de tripulante: zarparon de Nantucket, pero desertó a la altura de las Marquesas, harto de soportar las arbitrariedades del capitán. Lo acogieron en Taipi, una isla poblada por salvajes desnudos, caníbales, me parece. Fondeó allí durante cuatro meses, seducido por la belleza de las mujeres y la franqueza de los nativos. Lo rescató —y bien creo que a su pesar— un barco australiano, se amotinó de nuevo y acabó recalando en la cárcel. Por entonces comenzó a escribir. Fue mendigo, vagabundo, señorito en Boston, granjero en Lenox, amigo de Hawthorne. Algunos años después viajó a Europa, al Mediterráneo, a Constantinopla, a Egipto, a Palestina. Supe que leía enfermizamente La biblia. Su última travesía tuvo lugar a bordo del Meteor, cuando cruzó el cabo de Hornos.
Poca cosa puedo decirles de sus narraciones anteriores. La primera, Typee, data de mil ochocientos cuarenta y seis. Siguieron Omoo, Mardi, Redburn, White jacket… Después, ésta. Aquéllas recabaron admiradores: fueron libros de aventuras: entiendo que el público se aburría, que por eso las celebraba. Ésta, no: pasó desapercibida. ¡Oh, sí!, la crítica, pero la crítica tampoco se dio por enterada, no suele hacerlo: vivir a costa de lo que otros crean acaba por arruinar el olfato. Aunque en un ballenero, dicho sea de paso, si algo sobra es el olfato. De todos modos, fue un gran trabajo, ya lo creo. Mimbres clásicos: lo real, un viaje, el joven que busca ver mundo, sé de lo que hablo. Eso para empezar: luego, muy pronto, la pesadilla, un escenario confeccionado de reversos donde lo blanco adquiere tintes diabólicos —me contaron que un tal Poe ya había bosquejado esa posibilidad en las últimas páginas de su Aventuras de Arthur Gordon Pym—; y la venganza, mentida de divinidad, no conocimos más rumbo; y el coraje, el paroxismo, la aniquilación —otro tal Shakespeare delineó igualmente esa senda de sombras—; también la locura, el único camino de trascendencia, y nosotros, un puñado de títeres sin voluntad, juguetes en manos del protagonista: el capitán, invisible durante gran parte del relato y sin embargo presente, como niebla viscosa que entorpece el tiempo. El capitán, sí, el viejo, el maldito viejo en quien el amor y el odio acaban crucificándose mutuamente a lomos de su enemiga, amante, sepulcro.
¿Yo? Un espectador. Libré la vida aferrado a un ataúd. Un cualquiera, la coartada que abre y cierra la tragedia. Si no caí con el naufragio fue por nada más que por propalar la leyenda. Pueden reírse de mí —yo lo hago— si les digo que unos me llaman profeta de una contienda deicida; que otros, testigo de la hazaña de un hombre que muere asesinando lo inhumano, lo incomprensible, el símbolo de cuanto se le sobrepone, el emblema de su génesis, un hombre que reconoce a dios únicamente para matarlo. ¿No me creen? El autor sí: él encabezó el epílogo de la obra con esta cita: «Y sólo yo escapé para contártelo»; copió esa frase del Libro de Job cuarenta años antes de su muerte. Eso me salvó. ¿Les dije ya que no cesaba de leer La biblia? Eso lo dañó. Lo sé: veía en cada goce una culpa, en cada mujer una condena, en la belleza el mal. Y huía al mar: el mar hace a los hombres libres, humildes pero libres; en tierra, aferrados a un único libro, sólo hay siervos: no me cambiaría por ellos. Ustedes pueden pensar que soy parcial, y yo darles la razón. Aún así, verdaderamente creo que mi historia —la que él me regaló— es buena: anuncia modos que otros, más tarde, se arrogarían. ¿Que se inspiró en…? Valiente galladura. Cualquiera sabe que eso son chamarilerías de sacristía para apacentar viudas. Ni el más torpe de los grumetes daría crédito a semejantes disparates. Aquí fue verdad, yo compartí las risas y la muerte, yo escuché a mis compañeros hablar en silencio. Y ahora lo llaman diálogos interiores, baratijas por el estilo. No entiendo de eso. Fue como un gran libro de a bordo. Un manual para novatos. Teatro y poesía. Aunque tampoco entiendo gran cosa al respecto. Vale que les asegure una buena sarta de peripecias, y que los personajes, los ritmos, los escenarios, todos esos ingredientes sirvan al argumento, y no excusen su ausencia como a menudo he comprobado.
Por supuesto que siguió escribiendo. Pierre o las ambigüedades no alcanzó mejor destino. Después hizo algo sobre el tropiezo que tuvo el capitán Delano. Lo recordarán: el barco español, y aquel otro capitán, ¿cómo se llamaba? Benito Cereno. Pude leerlo de primera mano. Aunque si quieren la verdad, no sabría razonar claramente sobre lo que ocurre allí. Se me representa como una gran farsa, la que oponemos todos para justificar nuestras derrotas. Pero no me den mucho crédito. Algunos lo llaman alegoría. No entiendo ni a aquéllos ni de ésta. Lo que puedo decirles es que tampoco gustó. Y lo mismo Bartleby, el escribiente. ¿Lo conocen? Los que profesamos el credo haragán disfrutamos con la historia. Vaya que sí. ¡Qué enorme talento hay en ese «preferiría no hacerlo»! De todos modos, muy pocos le prestamos atención. Como con Billy Budd, marinero. Fue el final. No pudo más. Lo acabó de milagro. Los últimos días de un inocente que no comprende la ley que lo extermina ni a los hombres que la administran. Pero ningún inocente lo logra: las leyes no se escriben para ellos. Tampoco los libros. De manera que empezó a redactarlo y se volvió loco. Sus amigos lo repudiaron. Los editores rechazaban sus manuscritos. Le exigían que volviera a los orígenes, a las narraciones exóticas. El público lo despreciaba. Y se volvió loco. Cinco años: una agonía que no os deseo. No hay regreso, y a los que han vuelto…, mejor muertos. Terminó en mil ochocientos noventa y uno, con setenta y dos de edad, un veintiocho de septiembre, pocos días después de completar el libro, terminó envenenado por el fracaso. Lo enterraron y se acabó.
Yo cobré mejor suerte, o eso me parece. Medio siglo de tiniebla, cierto, pero luz al fin. Hoy me conocen por miles, me estudian, incluso de oídas. Ignoro si él lo sabe, y ni siquiera si le importa. Y verdad que me he propuesto ir a visitarlo, contárselo, pero es asunto complicado. Ya os he dicho que me conocen: no me es posible ni un minuto de ausencia. Sin embargo, me gustaría, ya lo creo. Confieso que no tiene sentido, es así y no le doy más vueltas. Como si fuera a servir de algo. Ahora, que como aviste la mínima, allí me presento. No cualquiera puede jactarse de una deuda como la mía. ¿Que qué haría? Lo he pensado a menudo, de noche, de guardia, mientras miraba absorto el océano. Supongo que caminar lentamente hasta su tumba. Postrarme, no, claro: él se odiaba por eso, y apostaría que me creó para lo contrario. Aguardar allí, nada más. Aguardar un buen rato, erguido, desafiante. Sin hablar: ¿cómo iba yo a hablarle a él? Así que aguardar todo el tiempo, y luego, muy despacio, inclinarme junto a la lápida, escribir sobre ella y devolverle algo de lo mucho que me dio sin él tenerlo, devolverle una frase maravillosa: «… y el gran sudario del mar siguió ondeando como lo hiciera cinco mil años antes».
Es mi deuda, ya digo. Todos escondemos una, y he sabido de muchos que cultivan varias. La mía no se me antoja especialmente gravosa: remite con cada lector que accede a descifrar la historia. No es poco. Aunque entiéndanme: agradezco y pago, pero no envidio: condenado el hijo que se siente inferior a su padre, y maldito el padre que no se supera a sí mismo en su hijo. Lo mayor del tiempo siento lástima por él, porque no sabía vivir, porque por eso escribía. Aunque ¿quién sabe vivir? Ningún hombre de esa clase superior movería un dedo. Nuestros más nobles actos son siempre consecuencia de nuestros peores estigmas. La belleza que los hombres crean, la crean a su pesar, en rebeldía contra sus lacras. Sólo la desobediencia nos absuelve.
En fin, ¿qué otra cosa podría decirles antes de empezar? Si acaso, y puesto que ya nos conocemos, de ahora en adelante, ustedes pueden llamarme Ismael.

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LA CARTA ESFÉRICA (Arturo Pérez Reverte)

La carta esférica es la historia de un marino sin barco, desterrado del mar, a quien rescata una mujer que le devuelve a la aventura marina. Cartografía histórica, antiguos archivos, museos navales y buscadores de naufragios componen el argumento de La carta esférica. Toda la literatura náutica, desde Homero a Conrad y Melville, está explícita o implícita en las páginas de La carta esférica. Después de cuatro años sin publicar una novela larga, el autor de La tabla de Flandes, El Club Dumas, y La piel del tambor, regresa con una novela en la que figuran sus grandes obsesiones literarias: el enigma, la trama de misterio y la investigación histórica.

COMENTARIO ii:

Esto es un tío con nombre de hamaca, bajito pero buena gente, que por una putada de la vida y tal se ha quedado sin licencia pa llevar barcos. Entonces por esas cosas de que es un caballero y tal,y además culto aunque pobre y con pasta para mercarse gintonics en Boadas, pues resulta que traba conocimiento (carnal más adelante) con una pava superinteligente y elegantísima que fuma johnplayer muy special y apachurra las colillas hasta decir basta, y además resuilta que trabaja en el Museo Naval mismamente (que por cierto,  que cambien los horarios, que me va fatal para ir). Y bueno, pues resulta que parece que la pava lo hace todo por amor al arte y a España y tal, pero no, que al final es una mala malosa del copón, que vamos, que al final mismamente deja tirado al bajito de la hamaca, el cual lo que en el interín se ha metido en unos cuantos líos, ha sufrido hipotermia por caída al mar, le ha contado las pecas del ombligo y le ha medido la verticalidad de los breves-y-enhiest!
  os-pechos y ha naufragado en la-insondabilidad-de-sus-ojos-verdes y en la sima-del-mismo-centro-de-sus-blancos-y bien-torneados muslos «and so on» en una escena de esas eróticas  muy a lo Ketefollet a las que tan aficionados somos los seguidores del gran maestro.
Y eso, acaba muy chungo. Pero la novela es entretenidísima, en serio, y se aprende tela.

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ENSAYO SOBRE LA CEGUERA (José Saramago)

"Ensayo sobre la ceguera" es un libro que me causa gran conmoción al leerlo, pues entré en una especie de shock, y conforme transcurría la historia me imaginaba más y más las cosas y me ponía en el lugar de los personajes, entonces comprendía que gracias a Dios que me ha dado este sentido, el de la vista para poder percibir mejor las cosas y poder mirar este mundo que me rodea. Asimismo, me imaginaba ese mundo inmundo donde toda la sociedad sufría en ponerse de acuerdo debido a este mal blanco, por lo que comprendí que ni los más poderosos tienen el poder por siempre y se llega a la conclusión de que aquí y en China todos somos iguales en nuestra sociedad. Donde no hay ninguna diferencia entre las clases sociales ni ricos y pobres se pueden exentar de contraer algún mal que afecte por siempre sus vidas. Otra factor importante era los modelos que iban adoptando la sociedad, dentro de un grupo social para poder comunicarse, como eso de ir en grupos y estar en grupos. Y así, era como se podían defender de las adversidades y de los ataques entre ellos mismos, pues no había cordura, se mostró una pérdida de la razón, y se entró en una etapa cavernaria que daba miedo.

Creo que uno de los instrumentos necesarios para que la sociedad sobreviva es el uso de la razón que afortunadamente tenemos todos, que gracias a él podemos pensar, sobrevivir, sonreír, querer, amar, llorar, ser humanistas y sobre todo la capacidad de ser inteligentes en situaciones que no nos favorecen. Un aspecto más, es el caso de la organización, que se buscaba de una y mil formas, y nunca hubo alguien que tomara el liderazgo. Pues un gobierno gobernado por ciegos eso sí que es absurdo, pues si para designar a una persona responsables era un conflicto imagínense con un gobierno hubiese sido la muerte total de la sociedad.

Creo que la falta de comunicación en ese lugar, fue determinante para el deterioro completo de la sociedad y la falta de organización colectiva entre ellos, pues la sociedad entro en una crisis de soberbia, impotencia y falta d claridad para el futuro que daba igual todo. Estos dos factores contribuyeron a que los miembros de la sociedad fueran perdiendo la esperanza de vivir y es cierto, ya que en la actualidad con nuestros ciego de nuestra sociedad los reprimimos y los hacemos a un lado y no hay comunicación ni una organización.

Asimismo, se ha demostrado que todos los seres humanos si nos encontramos en grupo, somos capaces de actuar de distintas maneras hasta llegar al grado de convertirnos en delincuentes, como fue el caso de los rateros de la obra que considero que fue una falta de hombría por así denominarlo, pues eso no tiene nombre ya que fue algo atroz que de verdad me alegro que la esposa del médico haya actuado de esa manera para asesinar a ese parásito, inhumano, delincuente que se atrevió a jugar con el orgullo de esas inofensivas mujeres. La mujer del médico, es una de las mujeres que más me ha sorprendido por la forma de actuar y de nunca de los nunca perder la cordura y mantenerse al margen de la situación. Esa serenidad y paz interna que la caracterizaba es una de las virtudes que tendríamos que tener todos los seres humanos, para vivir mejor y estar mejor. Incluso, en el peor de los casos fue alguien que pensó en todos y no en ella misma, no le importó cargar con todas esas personas y con gran carácter tomó la resolución de cuidar y ser los ojos de todos los demás miembro de su familia. La mujer del medico es una de las personas más sencillas que se encuentra en la historia, pues no debe haber sido fácil aceptar a unos desconocidos en su casa con diferentes costumbres, valores, principios que se tuvo que amoldar a ese estilo de vida con otros individuos. Creo que esa es una tarea muy difícil, pues no todos logramos a llegar a un acuerdo, y todos tenemos esferas de conciencias diferentes por tal motivo adecuarnos y aceptarnos con esas costumbres arraigadas es una caso muy ardua que no le importo a la mujer del médico.

Yo pensaba que aun en la adversidad, la sociedad pondría su granito de arena para solucionar un problema como éste, pues todo mundo habla de solidaridad y a la hora de las resoluciones nada mas nada. Creí que la sociedad se civilizaba de una manera muy acelerada, pero lo que veo es que la sociedad no va a pasos agigantados sino de una manera paulatina, paso a paso, que es ventaja. Y conforme va girando el mundo van cambiando los estilos de vidas de las sociedades.

Este libro es uno de los que más me a gustado porque toca temas de interés con la sociedad y formas de vida de la sociedad, además del estilo inigualable de José Saramago, que hace una descripción muy escrupulosa y detallada de los hecho vividos en ese país. Por lo que fue un drama y una serie de suspenso por llegar al final de la historia y eso fue indispensable para atraer a lector y así fue. También noté una falta de participación dentro de la novela de los medios de comunicación, que no informaban y que si ocupasen esta tecnología hubiesen mostrado un poco más de serenidad, como en la actualidad lo hacen, nos tranquilizan y nos mantienen “informados”. Digo que informados a medias, pues en ocasiones suelen desinformarnos más y mantenían a los pobres ciegos en la duda total y no había resolución alguna.

Asimismo, queda claro que las estructuras gubernamentales e instituciones, no están preparados para actuar en momentos de total tragedia, debido a la falta de preocupación por los ciudadanos, pues solo se preocupan por satisfacer sus necesidades y no por premeditar acontecimientos caóticos. Es curioso, como la sociedad es muy temerosa y supersticiosa ante enfermedades nuevas, además de que se la pasa pensando o diciendo “ojalá que no me vaya dar a mí”, ese miedo debido a que no somos eternos y le tememos a la muerte, de ahí que llegan los profesionales y nos dicen de que forma actuar y nosotros seguimos con la idea de que los siguientes somos nosotros.

Algo que me pareció de gran importancia, fue el caso del niño que preguntaba por su madre, fenómeno que nos pasa a todos cuando nos desprendemos de una madre o padre, o inclusive cuando se nos muere alguien sentimos una pérdida indudable. A ese extremo se llega que su madre era parte indispensable en su vida y conforme se desprendió de ella y paso el tiempo la fue dejando en el olvido. Esta situación, fue relevante ya que se tuvo que incorporar a la nueva vida que le era destinada, y tuvo que autorregularse, inclusive no le importó adoptar una nueva madre como la chica de las gafas obscuras que fue un alivio para solventar su tristeza y dejar de pensar en su madre, pues ya había encontrado una.

Otro aspecto que debemos tocar, es el del instinto de satisfacer ciertas necesidades humanas, como lo fue el caso del médico que encontró un gran aliciente con la mujer de las gafas obscuras, que tal vez haya actuado por ese instinto animal que llevamos dentro y que salió a relucir en esta situaciones tan precarias y escasas. Y lo más impactante como la mujer del médico actúa con tanta frialdad, serenidad, pasividad y calma aceptando este suceso, que creo pensó que fue parte de los factores que vivían en ese manicomnio y lo que perduró en ella fue la cordura. Asimismo, y dentro del mismo tema no hay que dejar a un lado el suceso de los dos jóvenes que se encontraban haciendo el amor, no es increíble como actuamos, ya sea por satisfacer una necesidad o por puro instinto, en este caso creo que lo que prevaleció la química, pues aunque ciegos demostraban por la narración que necesitamos los unos de los otros en muchas cosas de nuestra vida diaria. Creo que eso es parte de nuestra vida pues sentimos y soñamos, podemos asegurar que en la sociedad todos tenemos el deseo de tener a alguien a nuestro lado que nos conforte de los males es este el caso que sucede en el manicomio con los dos jóvenes.

Uno de los aspectos, negativos que se encuentran en esta sociedad es la ambición y el egoísmo de la vieja vecina de la chica de las gafas obscuras, donde esta enfermedad terminó por consumirla y siendo reprimida por la sociedad, donde ella sola se aisló y no logró encontrarse con ella misma y causó su muerte. Sin antes dejar alimento a sus animales mostrando algo de humanismo el poco que todavía le quedaba. Fue egoísta pues se sentía la dueña única de ese lugar y yo creo que en esa situación nada es de nadie y todo es de todo, además era algo que sirve para el bien común. Algo que es una constante en nuestra sociedad es el de la dignidad que todos los seres humanos tenemos es en particular del caso del primer ciego, que no le importaba no comer con tal de no dar a su esposa a cambio, se mostró algo machista y su esposa muy valiente, pues ella dejo atrás todos sus tabúes y no le importó su dignidad con tal de dar de comer a todos, fue toda una heroína, ella pensó para la colectividad que la necesitaba. Y así el marido aunque en esa situación se vuelve a ver el machismo que se nos ha imputado, lo bueno es que no todos pensamos de esta manera. No cabe duda que uno de los factores que nos hacen ser disfuncionales, es la falta de comida, pues todas las estructuras, políticas, económicas y sociales tuvieron un desequilibrio, que dejó de desabastecer a esa sociedad, dejó de ser productiva, por tanto todas las esferas sociales entraron en conflicto. Lo que provoca que entremos en una etapa de recesión en esa sociedad.

Algo que me pareció de lo más feliz en la novela fue ese momento en que se encontraban las tres mujeres bañándose al descubierto donde no les importaba, ni enfermarse ni nada les preocupaba, solo querían vivir la vida un poco mejor, era como si cada segundo tuviera vida y quisieran vivirlo al máximo, creo que esa actitud la deberíamos demostrar todos. Disfrutar los recursos naturales que nos da la vida y explotarlos.
 

www.cumbresborrascosas.net

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LEÓN EL AFRICANO (Amin Mahlouf)

Hay obras literarias que resultan admirables por su calidad artística, por lo bien escritas que están, por lo magníficamente que pueden llegar a articular, y transmitir, en un lenguaje de signos escritos convencionales, ideas, opiniones, sentimientos, vivencias… Hay obras literarias que, sin alcanzar tales galardones en lo atinente a sus cualidades técnicas, pueden resultar admirables por su capacidad para hacer sentir al lector aquello que el autor pretende hacer sentir -algo que puede parecer sencillo, pero que no lo es, en absoluto-. Y hay obras literarias que, más allá de todo eso (o además de todo eso, probablemente), consiguen algo tan extraordinario como es el evocar la vivencia de aquello que no se vivió. ¿Es eso literatura? Pues sí; pero, además, es magia. León el africano es magia, pura magia.

Desde los primeros pasos de un niño expectante y atento en una Granada que está a punto de asistir al derrumbamiento definitivo de un imperio multisecular hasta el reposo definitivo del viejo luchador (aunque no guerrero) que, aun con sólo cuarenta años, cansado y dolorido, retorna a un Túnez en el que sólo quiere abandonarse a un lento fluir de un resto de existencia, la peripecia vital de Hassan/Juan León es puesta en palabras con extraordinaria maestría por Amin Maalouf, a través de un relato en el que fluidez (que no velocidad) narrativa y sencillez (que no simplicidad) expresiva se dan la mano para tejer una malla en la que el lector queda atrapado cual tábano embriagado, seducido por el meloso fluir de un verbo certero, sutil y acariciante.

La malla, aun sutil y ligera en su textura, no carece de una tremenda densidad temática y de perspectivas, que dotan a la novela de una riqueza tan deslumbrante como amplio es el abanico de los campos y aspectos que abarca: novela histórica, novela religiosa, novela de viajes, novela costumbrista, novela social; pero, por encima de todas las cosas, novela que profundiza y escarba en las tribulaciones del espíritu humano, tan sometido -en una contradicción que nuestro protagonista, bien consciente de ella, jamás deja de eludir- a los designios de un ser superior (aparentemente) como a los vaivenes que el amor y sus manejos termina imponiendo (realmente). Ésa es, más allá de todo su apabullante itinerario existencial (tanto en lo geográfico como en lo familiar, lo económico, lo social o lo religioso), la verdadera peripecia del actor principal, y narrador, del relato. Alfa y omega, son sus amores los que marcan sus decisiones, sus avatares y sus destinos: poderoso caballero, ese amor, capaz de tan fuertes y decisivas influencias, y pobre de aquel que no sea capaz de reconocer tal poderío y rendirle la debida pleitesía.

En cualquier caso, más allá de esa auténtica idea-fuerza que atraviesa toda la narración, Maalouf nos ofrece una auténtica muestra de sabiduría narrativa; un vivo ejemplo de que la buena escritura siempre ha de huir del verbo ampuloso y grandilocuente (algo imposible de encontrar a lo largo de las casi trescientas páginas a lo largo de las cuales se extiende la novela), y una lección de cómo una correcta dosificación y ordenación del material que constituye la médula del relato (a base de capítulos breves y perfectamente ajustados a episodios bien definidos, ceñidos a tiempos concretots) siempre redunda en el bienestar y la placidez del lector. Ahí es dónde reposa buena parte de la grandeza de León el africano: en eso y en saber atemperar con dulzura y sin asperezas aquellos pasajes en que hacen presencia esos temas que más se podrían prestar a lo morboso, y en los que tanto se suelen recrear torticeramente obras de menos vuelo literario y más ambición comercial, como son la muerte violenta y el sexo -que no están ausentes en el relato, aunque tampoco tengan un peso muy sustancial en el mismo-. Una demostración más de templanza, buen gusto y delicadeza a la hora de tratar (y no maltratar) al lector.

No podría cerrar esta reseña sin hacer mención al trabajo de las dos traductoras, Mª Teresa Gallego y María Isabel Reverte, a la hora de trasladar a nuestra lengua el texto original de Maalouf: se advierte claramente cuánto cuidado ha sido puesto en trasladar, no tanto dicho texto -que también-, sino, muy especialmente, la atmósfera, el cúmulo de sensaciones y sentimientos que del mismo emanan; y dicho cuidado ha rendido excelentes frutos, no cabe duda alguna a la vista de los resultados. Desconozco los términos del texto original, pero dudo mucho que del mismo emanaran efluvios anímicos a muy distintos a los que sus transcriptoras han conseguido captar y trasladar al que sí he tenido ocasión de leer: vaya desde aquí el reconocimiento de mi gratitud (el que le habría de expresar al autor, ya va implícito en los elogios vertidos en los párrafos precedentes) hacia ambas.

Manuel Márquez

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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SOLARIS, Stanislaw Lem

Gran novela de ciencia ficción en la que el magnífico autor polaco aborda la posibilidad de una conciencia superior, que sin llegar a la divinidad hace pensar en algo semejante a nivel local, o si se quiere,. a nivelmás amterial, sin necesidad de trascendencias sobrenaturales.

En una expedición científica al Planeta Solaris comienzan a ocurrir cosas muyy extrañas. Pero no son rarezas en plan Alien, sino en un sentido mucho más intelectual. Algunos miembros de la tripulación empiezan a poder ver y hablar con sus seres queridos difuntos, o con las personas a las que habían perdido irremisiblementela pista. Eso gfenera una especie de adiccióin, o de dependencia, que hace que los miembros de la expedicióin científica  coimiencen a estar en peligro, porque nadie puede saber hasta qué punto los demás conservan su fidelidad hacia la Tierra y el lo que se podría llamar el mundo real.

Así, algunos creen que en el planeta sucede algo sobrenatural, pero otros se plantean otras posibilidades mucho más cercanas, pero igualmente inquietantes.

Si te gusta algo más que la simple acción, la novela es gloriosa.

Si sólo quieres que pasen cosas, olvídate de esta novela.

O la odias o te apasiona. No suele haber término medio. A mí me pareció magnífica.

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