Las primeras destrucciones de libros en China

 

Tschao Tscheng, en el año 246 a.C., a la edad de 13 años, se convirtió en el líder de una región llamada Ts´in, uno de los tantos feudos en los que estaba dividida la China Antigua. Durante varios siglos, Ts´in fue un centro militar y cultural, donde predominaba un prurito por la conquista de todos los demás territorios. La llegada del muchacho, entusiasmó a los enemigos, pero es obvio que fue subestimado. Narigudo, de ojos grandes, voz recia y hábitos de guerra temibles, hijo de la concubina de un comerciante adinerado, Tscheng no pudo ejercer el mando hasta el año 238 a.C, pero apenas supo que era efectivamente rey, mató al amante de su madre y mandó al exilio al tutor regente. De inmediato, comenzó una campaña contra el resto de los feudos que dominaban entonces y, uno por uno, los sometió. Intentaron asesinarlo, pero como siempre sucede en estos casos, sólo lograron aumentar su coraje. Ya para el 215 a.C., era dueño de un verdadero Imperio, y en un arranque de emoción ordenó colocar una inscripción donde decía: Ha reunido todo el mundo por primera vez.

No vaciló en matar, sobornar y destruir a todos sus opositores, y eso tuvo su efecto: se convirtió en un monarca rico. Además de rico, ansioso, y ególatra y jamás benevolente. Un día convocó a sus ministros y tomó la decisión de adoptar un título universal que declarara su majestad. Se proclamó entonces huang-ti (Augusto Soberano), y, seguro de su inmortalidad, anticipó a este nombre el de Shi (Primero) y así fue nada menos que Schi Huang-ti. Siguiendo una tradición, consideró oportuno que su dinastía se basara en tres principios: en el número 6, en el agua, y en el color negro.1

Su reinado fue preciso y uniforme. Asesorado por su leal ministro Li Sse, uno de los discípulos más inteligentes de Sün Tse, partidario de las tesis de la Escuela de los Legistas2, impuso la doctrina de la ley y acabó con la bondad como criterio de juicio. Las medidas, las pesas, el tamaño de los caminos, las vestimentas, las conversaciones, las opiniones, los modos de lucha, e incluso el idioma, fueron unificados. El ejército fue centralizado, y numerosas actividades económicas fueron sometidas a controles que implicaban, casi siempre, la conversión de los comerciantes en agricultores. Creó 36 distritos con administradores celosamente vigilados. Misterioso, Schi Huang-Ti nunca se dejaba ver por nadie, y era imposible saber si se encontraba en uno u otro de sus 260 palacios. En el fondo, no sólo quería impresionar sino restar posibilidades a sus enemigos naturales, que los tenía, y no en poca medida. Viajaba, sin avisar, a lugares remotos, en busca del elíxir de la inmortalidad. Con fines militares, y con esta misma visión unitaria, hizo en el 214 a.C. que el General Men T´ieng, junto con 300.000 soldados, enlazara las antiguas murallas que estaban en la frontera, para así consolidar una sola Gran Muralla, que vino a llamarse Wa-li Ch´ang-Ch´eng. En la construcción de ese bastión militar, murieron miles de miles de hombres, aunque no resultó terminada, pues fue reparada en el siglo IV d.C. y complementada en los siglos XV y XVI. También ordenó construir una Tumba monumental, muy cerca de Hienyang, en la que trabajaron 700.000 hombres durante 36 años.

El año 213 a.C., fecha en la cual un grupo de hombres intentaba reunir todos los libros existentes en la ciudad de Alejandría, en Egipto, Schi Huang-Ti, ordenó quemar todos los libros cuya temática no fuese la agricultura, la medicina o la profecía, es decir, casi todos los libros del mundo. Entusiasmado por sus acciones, creó una biblioteca imperial dedicada a vindicar los escritos de los Legalistas, defensores de su régimen, y ordenó confiscar el resto de los textos chinos. De hogar en hogar, los funcionarios tomaron entonces los libros y los llevaron a una pira, donde los hicieron arder para sorpresa y alegría de quienes no los habían leído. El peor delito era ocultar un libro y la pena consistía en ser enviado a trabajar en la construcción de la Gran Muralla. Ssema Ts’ien (h. 145-85 a.C), el gran cronista de China, reseña el acontecimiento:

[…] Las historias oficiales, con excepción de las Memorias de Ts’in, deben ser todas quemadas. excepto las personas que ostentan el cargo de letrados en el vasto saber, aquellos que en el imperio osen esconder el Schi King y el Schu King o los discursos de las Cien Escuelas deberán ir a las autoridades locales, civiles y militares para que aquéllos los quemen. Aquéllos que osen dialogar entre sí acerca del Schi King y del Schu King serán aniquilados y sus cadáveres expuestos en la plaza pública. Los que se sirvan de la Antigüedad para denigrar los tiempos presentes serán ejecutados junto con sus parientes […] Treinta días después de que el edicto sea promulgado aquéllos que no hayan quemado sus libros serán marcados y enviados a trabajos forzados […]3

Centenares de letrados, reacios a aceptar la medida, murieron a manos de los verdugos y sus familias sufrieron humillaciones inefables. Se sabe que esta medida, además, acabó con cientos de escritos que estaban almacenados en huesos, en conchas de tortuga y tablillas de madera.

Shi Huang-ti, que se consideraba inmortal, veneraba el Tao-Te-king de Lao-Tse y la doctrina del taoísmo; odiaba, en cambio, los escritos de K’ong fu-tse o Confucio y, por supuesto, los hizo quemar. Algunos años más tarde, cuando los sirvientes limpiaban la Biblioteca Central, se descubrió una copia oculta de los escritos de Confucio. No es imposible que un bibliotecario se burlara de este modo de toda la autoridad constituida. El año 206 a.C., sin embargo, ocurrió un hecho ajeno a los planes del Emperador: la guerra civil no respetó la condición venerable de la biblioteca y fue arrasada. Sólo en el año 191 a.C., durante la dinastía Han, pudo restituirse la memoria de China, pues numerosos eruditos habían conservado obras enteras de memoria y, salvo por algunos deslices que aturden aún a los sinólogos norteamericanos, pudieron componer nuevamente la literatura de su tiempo.
Notas:

[1] Derk Bodde, China´First Unifier, 1938.

[2] La Escuela legalista, precursora de algunos de los puntos de vista de Maquiavelo, estuvo representada por Shen-Tao, Shen Pu-hai y Shang Yang. Las tesis de estos tres entusiastas del absolutismo fueron sintetizadas por Han Fei-tse. Cfr. W.K. Liao (The complete Works of Han Fei Tsu, a Classic of Chinese Legalism, 1939)

[3] Historia de la China Antigua (1974, p. 298) de A.
© Fernando Báez 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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AMARGA FORTUNA (Robert B. Parker)

Después de leer esta novela le queda uno la duda de si el autor se dedica a la novela rosa y esto es un alto en su camino, o se dedica a la novela negra y esto es una concesión al género rosa.

la novela está aceptablemente construida, pero los personajes son claramente oportunistas y están creados para que den todo el juego posible sin que el autor tenga que tomarse la molestia de pensar ni una sola salida, proque todas vienen dadas.

Imagínense: chica que se mete a detective privada para imirtar a su padre, que fue un alto cargo de la policía. Todos sus problemas mentales vienen de que está casada con un gran jefe mafioso, y se ha divorciado de él para evitar la contradicción. El marido trata de recuperarla y la ayuda a moverse en los ambientes mafiosos, y el padre la ayuda en los ambientes policiales.

Así cualquiera.

ideal para lectores poco exigentes o para gente de baja capacidad intelectual, que también tiee derecho a que se escriba algo para ellos.

www.javier-perez.es

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PEDRO PÁRAMO (Juan Rulfo)

Juan Preciado promete a su madre en el lecho de muerte ir a Comala a reclamar a su padre, Pedro Páramo, "lo que es suyo". Dolores Preciado, su madre, le da una visión idílica del pueblo mexicano que lo ilusiona. Camino a Comala se encuentra con Abundio, un personaje que resulta ser crucial para la obra, aunque al lector no le parezca así. Éste le dice que también es hijo de Pedro Páramo, pero que el cacique ya ha muerto, lo cual desconcierta al protagonista. Así pues, al llegar a Comala se encuentra con un pueblo desolado, abandonado, semejante a un infierno y cuya atmósfera está llena de muerte. Es preciso para ello saber que la novela pertenece al realismo mágico, tendencia literaria latinoamericana que presenta lo paranormal (como en este caso las apariciones de almas en pena) como algo cotidiano y la cual tiende a abandonar por lo tanto los criterios racionales. Así por ejemplo, Juan Preciado se va encontrando con diversos personajes que en realidad son almas en pena, como lentamente comprenderá. Pero hay muchos más elementos que cargan de "muerte" el ambiente. Así pues, se oyen los murmullos de los muertos, hay muchos escenarios en penumbra o aparecen símbolos como los de un caballo despavorido.

Finalmente, cuando Juan Preciado se percata de lo que está ocurriendo se muere desesperado. Es entonces cuando el lector se percata de que todo lo narrado hasta el momento formaba parte de una conversación desde la tumba con otra alma en pena, Dorotea, que se encargaba de llevar mujeres a Miguel Páramo (hijo de Pedro Páramo).

Pero lo peculiar de esta historia es la mezcla de historias, pues paralelamente a esto nos es narrada la historia de Pedro Páramo en lo que se llama Plano B (siendo Plano A la historia de su hijo). Reside en ello la mayor dificultad de la novela, pues los fragmentos del segundo plano están en un completo desorden cronológico (por ello Juan Rulfo dijo que el lector era coautor de la obra, al deber reconstruir la historia).

Es ahí donde conocemos lo ocurrido durante toda su vida y las consecuencia que tuvo para Comala. Toda su vida fue Pedro Páramo un cacique rodeado de muerte. Por ejemplo nos es descrito el episodio del asesinato de su padre cuando estaba en una boda. Ante la imposibilidad de saber quién fue el asesino, Pedro Páramo (nótese la simbología del nombre: Pedro=petrus=piedra, connota dureza y brutalidad; Páramo=páramo=tierra infertil, connota su carácter ágrio), decide ir matando a todos los asistentes para asegurarse de que el asesino pague. Lo mismo hace para expandir su poder y dominar íntegramente el pueblo, causando no pocas muertes y sufrimiento que llevan al deterioro del mismo (así pues, el trabajo de Pedro Páramo es el que ha provocado la degradación material del pueblo y que supone el paso intermedio entre la Comala idílica de Dolores Preciado y la que se encuentra su hijo).

Sin embargo y a pesar de todo su poder, siempre se le ha escapado el amor de Susana San Juan, que de hecho acaba enloqueciendo y huyendo con su padre ante el acoso del cacique. Éste manda buscarla por toda la zona y es encontrada tras treinta años. Su brutalidad le lleva a ordenar el asesinato del padre para que ella dependa definitivamente de él. Pero poco después ella muere y con ella todas las ilusiones de él, que acaba deprimido el resto de sus días.

La conducta brutal ha sembrado el odio entre los habitantes de Comala, y Abundio, uno de los muchos hijos rechazados y no reconocidos por él, acaba matándole. Es él quien aparece al principio y al final de la novela, motivo por el cual esta tiene estructura circular (característica del realismo mágico).

En la obra hay otros personajes que la complementan. Cabe destacar en este sentido al Padre Rentería (Connotación: Rentería: Renta:Dinero que se paga). A pesar de sus remordimientos, se vende al poder fallando en su labor social. Mientras que no absuelve a las almas de los pobres (motivo por el cual y según la creencia azteca mezclada con la cristiana) estas permanecen en la tierra sin encontrar la paz, permite todo tipo de actos a Pedro Páramo y su hijo Miguel, (que también muere, y al que concede perdón a pesar de saber que violaba a jóvenes del pueblo, sin importarle su corta edad), como asesinatos, violaciones o extorsiones. Críticos señalan que contribuyó a la degradación moral del pueblo al fracasar a la hora de dar ánimos y ganas de seguir adelante a sus habitantes.

 Importancia Literaria y Cultural

"Pedro Páramo" es considerada una obra sumamente importante dentro de la literatura mexicana puesto que maneja un lenguaje en realidad abstracto y coloquial, pero el mensaje que nos transmite es sumamente profundo; si una persona con pocos conocimientos en literatura comienza a leer el libro, lo desechará porque le parecerá un texto áspero, brusco y prácticamente sin sentido, hay que estar muy conscientes de que la obra en sí es un retrato de la sociedad mexicana, a pesar de que contenga hechos que no son posibles en nuestra realidad, y esa es la principal característica del realismo mágico: a pesar de presentar hechos fantásticos logra darnos un retrato bastante fiel de su mensaje, es decir, que a pesar de que en esta novela Rulfo se vale de voces de muertos, o de espíritus en lugar de personajes vivos, el retrato que nos hace de la sociedad mexicana es bastante más exacto que el que nos muestran obras más "razonables", como puede serlo "El Zarco" de Ignacio Manuel Altamirano. La sociedad de Rulfo es una sociedad muerta, una sociedad que no puede vivir con sus muertos, que vive cobijada por una religión corrupta que no busca más que sacar provecho de cualquiera que se le atraviese, una sociedad solitaria y decadente. "Pedro Páramo" es considerado por muchos, el retrato más exacto del pueblo mexicano. AL final se trata de una cuidad de muertos que buscan el descanso eterno

 Críticas

Aunque se ha repetido incansablemente que la novela de Rulfo sufrió la incomprensión de los críticos, pocas semanas después de su publicación tuvo una reseña anónima muy favorable en el diario El Universal (17 de abril de 1955), de la ciudad de México, en la que se afirmaba que la novela era en realidad un relato. Otro de los rumores usuales es el que afirma que no fue sino hasta 1958, a partir de la traducción al alemán (de Mariana Frenk-Westheim), y tras la buena acogida en ese país cuando en México empezaron a interesarse por la novela. Pero, en realidad, Pedro Páramo obtuvo una respuesta crítica muy amplia y diversa durante todo 1955, incluida una reseña de Carlos Fuentes que apareció en la revista L\’Esprit des Lettres, de Rhone, Francia (noviembre-diciembre de 1955).

El siguiente es un fragmento de la reseña anónima de El Universal.

Pedro Páramo es la primera novela de Juan Rulfo. Como novela, al menos, ha sido clasificado, aunque en realidad es un largo relato, un largo y armonioso relato. Rulfo, sin dejar de ser el mismo de los cuentos, de los relatos breves de El Llano en llamas, es ahora otro en Pedro Páramo. El asunto de la obra, mexicano desde muy adentro, desde lo más profundo del ser se acendra en el dominio del idioma. Esto caracterizó desde un principio a Juan Rulfo. Sabe dar el acento de mexicanidad sin acudir al corriente recurso de las deformaciones fonéticas y ortográficas que la gente humilde de México emplea. No es tampoco una sintaxis especial, no es nada que tenga que ver con la gramática. Lo que hay en Rulfo es un poderoso aliento poético: sabe arrancar a sus personajes, siempre muy mexicanos, escondidos matices y escondidos acentos. Los ve desde muy adentro y, por verlos así, encuentra en ellos notas de emoción y belleza. En Rulfo lo de menos es el asunto, lo importante es cómo se trata ese asunto, cómo se va hundiendo en él lentamente, cómo va asiendo los elementos de que se sirve y exponiéndolos de dentro afuera, rodeándolos a menudo de un vaho de misterio y magia. Ahí la emoción se acendra por la virtud del procedimiento y ya la urdimbre, la trama, pasa a segundo término. En Pedro Páramo nunca deja de estar presente el drama; pero el drama no es presentado escueta, simplemente, sino exaltado, trasladado a una dimensión de belleza y de fuerza que hiere o acaricia incesantemente a la sensibilidad del lector. ¿En qué consiste esto? Los recursos de que se vale Juan Rulfo no están a la vista; pero el efecto que se consigue es el que ha sido señalado. Tal vez alguien prefiera las proyecciones de crítica social que tiene Pedro Páramo; pero detenerse en ellas sería apartarse del juicio literario. Hay que abandonarlas, por eso, a pesar de su importancia y su sagacidad. Y hay que señalar la belleza, la originalidad, la eficacia literaria de este Pedro Páramo.

Fuente: Anónimo, "Los libros recientes", El Universal, 17 de abril de 1955, Primera Sección, p. 26. Se trata de una reseña de varios títulos. El resto de las obras comentadas eran: La sombra del Techincuagüe, de Ramón Rubín, Mazamitla, de Ricardo Garibay, El pueblo de Olivera Unda, y Semblanzas mexicanas (artistas y escritores del México actual), de Alfredo Cardona Peña.

A menudo se otorga un valor de verdad demasiado estricto a las declaraciones hechas por Rulfo sin tener en cuenta las circunstancias en que se produjeron. Muchas de las entrevistas con el escritor son monótonas, llenas de lugares comunes y repetitivas. El siguiente fragmento procede de una colaboración de Rulfo para la agencia EFE:

"No tengo nada que reprocharles a mis críticos. Era difícil aceptar una novela que se presentaba con apariencia realista, como la historia de un cacique, y en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta en donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio."

Fuente: Juan Rulfo, "Cumple 30 años Pedro Páramo", Excélsior, 16 de marzo de 1985, p. 14A.

Esta toma de distancia de Rulfo ante la respuesta crítica dispensada a su novela muestra también una de las características más subestimadas de Pedro Páramo: la forma en que se construye el personaje del cacique, que no tiene voz propia y cuya configuración depende de la voz narrativa o de los testimonios de aquellos que lo rodearon. Hay un gesto irónico en el hecho de que el cacique, el responsable de la destrucción de Comala, el detentador del poder local, dependa de instancias como el narrador o los otros personajes para aparecer ante el lector.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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FIASCO (STANISLAW LEM)

Realmente pocos escritores de ciencia-ficción han conseguido, o querido, presentar a los alienígenas como algo decididamente extraño e incomprensible, algo totalmente ajeno a nuestra experiencia y concepción de la vida.

Lem es probablemente quien más se haya preocupado de esto, todos sus extraterrestres se mueven en coordenadas que nada tienen que ver con las de los humanos que tratan con ellos, o que al menos lo intentan. Hasta en las humoradas protagonizadas por Ijon Tichy éste siempre se encuentra desorientado, conviviendo con los habitantes de los planetas que visita pero sin comprender prácticamente nada de lo que ocurre a su alrededor.

Tanto los desconcertantes habitantes de EDEN, como el planeta sintiente de SOLARIS, son muestras de que las claves de comunicación entre humanos y alienígenas no sólo resultan difíciles de establecer, incluso la consciencia de una y otra parte se mueve en parámetros que nada tienen que ver e incluso resulta compleja la identificación mutua como seres inteligentes.

En FIASCO ocurre nuevamente. La humanidad, presentada en varios saltos tecnológicos que han llevado al hombre a manejar con soltura las fuerzas cósmicas, ha previsto el desarrollo de vida inteligente en el planeta Quinta Harpyiae, cerca del Saco de Carbón y hacia allí se envía una expedición dotada de tales medios que acerca a sus tripulantes a la categoría de dioses.

Las tecnología usada en el viaje es de una complejidad desorbitada y Lem tampoco hace mucho por aclararla en largas disertaciones en las que, como es habitual en él, mezcla tecnología con filosofía. Baste decir que los tripulantes del Hermes, la nave que viajará a Quinta Harpyiae, y la Eurídice, que la transportará la mayor parte del camino, jugarán con la gravitación y la radiación, el tiempo y el espacio.

Pero no son los discursos casi tecnogérgicos el eje central de la narración. Lo que importa a Lem es la absoluta incapacidad de los tripulantes del Hermes de comprender la psicología de los quintanos, de aceptar que su presencia no es bienvenida y que los habitantes de Quinta tienen otros problemas más perentorios que atender antes que preocuparse de la presencia de entes que les traen sin cuidado.

La arrogancia, la cabezonería de los tripulantes del Hermes les lleva no ya solo a cometer excesos de ámbito planetario, sino a desarrollar toda una serie de teorías, a cual más descabellada, sobre lo que interpretan como absurdo comportamiento de los quintanos. No son capaces de admitir que para los quintanos, ellos y su presencia en Quinta carece de interés alguno, se empecinan en imponer su presencia y amenazan con los peores males imaginables con tal de que la expedición no sea el fiasco que predice el título, el fiasco que supondría haber realizado un viaje de magnitud inimaginable para encontrar únicamente una puerta cerrada y una total indiferencia.

Como contrapunto a los semidioses que tripulan el Hermes, Lem introduce a un piloto, rescatado del hielo de Titán, que ha permanecido siglos congelado tras una fallida operación de rescate. Mark (que bien pudiera ser el piloto Pirx), enrolado de esta forma tan poco ortodoxa en la expedición, da su visión de hombre de otro tiempo, sus obsesiones también son distintas y en cierto modo es el único que parece comprender a los quintanos.

Como ya he comentado el libro abunda en largas disertaciones científicas y filosóficas, tanto sobre la tecnología empleada en el viaje y el contacto con los quintanos, como las motivaciones de la expedición y la forma de manejar las sucesivas negativas de los habitantes de Quinta. En ocasiones se hace farragoso, no tanto como llega a ser REGRESO A ENTIA, pero si denso como sólo Lem puede serlo sin por ello impedir que decaiga el interés por la obra.

© Francisco José Súñer Iglesias, 30 de diciembre de 2006

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Itamar Even-Zohar TEORÍA DEL POLISISTEMA

Este texto puede encontrarse en http://www.tau.ac.il/~itamarez/works/papers/trabajos/ps-th_s.htm

Se reproduce aquí para hacerlo más accesible a los lectores españoles y por su tremendo interés.

No dejéis de visitar la web del autor para conocer otros trabajos suyos. Vale la pena.

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