Darwinia (Robert Charles Wilson)

1912. STOP. Europa ha desaparecido. STOP. Reemplazada por jungla alienígena. STOP. Causa desconocida. STOP.

Eso es lo que pasa en Darwinia. Europa desaparece y casi todo el mundo cree que es un castigo de Dios por las teorías de Darwin, puesto que la desaparición de Europa esta acompañada de un milagro creacionista en forma de una indescriptible jungla que ocupa el lugar de la cuna de Occidente. El mundo, por supuesto, se tambalea. Los americanos se convierten en una teocracia, los restos coloniales aislados de los países europeos aspiran a reconstruir sus sedes originarias, como en el caso de los ingleses y su Nuevo Londres, reconstruido gracias a todos los ingleses que servían en las colonias del imperio. El conflicto es inminente entre el poder americano y los neo-colonizadores del continente perdido. Entre el único gobierno organizado de la civilización occidental y los desorganizados sucesores de Europa, poco más que bandidos que en muchas ocasiones infestan, como fantasmas recalcitrantes, los territorios a los que pertenecían sus "unidades geopolíticas". (Eso sí, cuando leí este libro y me pregunté ¿por qué Europa?, alguien contestó "porque con América ya se había hecho". Cierto. La Historia del Descubrimiento de América, claro).

Y, por si fuera poco, otro conflicto, mucho más brutal y siniestro está a punto de comenzar. La desaparición de Europa es sólo el primer paso en lo que es una guerra declarada a la especie humana. Una guerra en la que intervendrá una expedición americana al corazón de Darwinia, fantasmas de una Primera Guerra Mundial que nunca ocurrió y, a falta de mejores palabras para describirlos, posesiones diabólicas y posesos.

Poco se puede contar de este libro, ya que todo lo que se comente al respecto podría servir para destrozar la aventura, el misterio y la intriga de la que está lleno. La formula empleada es magnífica: comienza con un milagro de proporciones gigantescas, crea el ambiente, mete a los personajes, describe una invasión alienígena… y luego vete subiendo. Si creen que la desaparición de Europa es el eje central de toda la historia, están ustedes equivocados. Hay más mucho más en este libro, finalista al premio Hugo, una historia de sorpresas, combates a muerte y aventuras clásicas reminiscentes de A. C. Doyle. Las revelaciones no se ponen en marcha hasta la mitad del libro, cuando éste ha alcanzado su mayor impulso y es entonces cuando la cosmología megalomaniaca desplaza repentinamente el interés del lector desde un ambiente que hasta ahora parecía que iba a caer en el steampunk hacia un campo de batalla mucho más amplio. Quizás éste es el único problema del libro: que se trata de dos ambiciosas historias diferentes enlazadas por un único nexo de causalidad y que el choque entre ambas pretensiones fracasa un poco comparado con la enormidad de las ideas empleadas.

Me refiero a la historia principal en la que el protagonista, Guilford Law, se enfrenta a un viaje de exploración armado de su raciocinio y del de sus académicos compañeros -aunque sean científicos "creacionistas"- pero la narrativa fracasa en dotar a esta historia de coherencia propia porque, al revés de lo que insinúa, no es un viaje de descubrimiento, sino de revelación: los personajes hacen poca cosa para ganar el conocimiento, sino que este es revelado por potencias superiores, dando al traste con la primera parte del libro en ese sentido: la novela de investigación. La segunda parte de la novela adolece de un cierto "provincianismo" una vez revelados los grandes términos cósmicos en los que se mueve la narración, lo que hace un poco extraño la continuidad de la obra -pero sólo un poco. No demasiado. De todos modos tampoco importa tanto. Ni siquiera estoy seguro de que sea un fallo. Sólo, quizás, un exceso de ambición en un libro espectacularmente ambicioso.

Pero ojalá todos escritores fracasaran de esta manera, por exceso de ambición antes que por mesura en sus propuestas.

Muy recomendable.

© Xavier Riesco Riquelme 2000

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Las primeras destrucciones de libros en China

 

Tschao Tscheng, en el año 246 a.C., a la edad de 13 años, se convirtió en el líder de una región llamada Ts´in, uno de los tantos feudos en los que estaba dividida la China Antigua. Durante varios siglos, Ts´in fue un centro militar y cultural, donde predominaba un prurito por la conquista de todos los demás territorios. La llegada del muchacho, entusiasmó a los enemigos, pero es obvio que fue subestimado. Narigudo, de ojos grandes, voz recia y hábitos de guerra temibles, hijo de la concubina de un comerciante adinerado, Tscheng no pudo ejercer el mando hasta el año 238 a.C, pero apenas supo que era efectivamente rey, mató al amante de su madre y mandó al exilio al tutor regente. De inmediato, comenzó una campaña contra el resto de los feudos que dominaban entonces y, uno por uno, los sometió. Intentaron asesinarlo, pero como siempre sucede en estos casos, sólo lograron aumentar su coraje. Ya para el 215 a.C., era dueño de un verdadero Imperio, y en un arranque de emoción ordenó colocar una inscripción donde decía: Ha reunido todo el mundo por primera vez.

No vaciló en matar, sobornar y destruir a todos sus opositores, y eso tuvo su efecto: se convirtió en un monarca rico. Además de rico, ansioso, y ególatra y jamás benevolente. Un día convocó a sus ministros y tomó la decisión de adoptar un título universal que declarara su majestad. Se proclamó entonces huang-ti (Augusto Soberano), y, seguro de su inmortalidad, anticipó a este nombre el de Shi (Primero) y así fue nada menos que Schi Huang-ti. Siguiendo una tradición, consideró oportuno que su dinastía se basara en tres principios: en el número 6, en el agua, y en el color negro.1

Su reinado fue preciso y uniforme. Asesorado por su leal ministro Li Sse, uno de los discípulos más inteligentes de Sün Tse, partidario de las tesis de la Escuela de los Legistas2, impuso la doctrina de la ley y acabó con la bondad como criterio de juicio. Las medidas, las pesas, el tamaño de los caminos, las vestimentas, las conversaciones, las opiniones, los modos de lucha, e incluso el idioma, fueron unificados. El ejército fue centralizado, y numerosas actividades económicas fueron sometidas a controles que implicaban, casi siempre, la conversión de los comerciantes en agricultores. Creó 36 distritos con administradores celosamente vigilados. Misterioso, Schi Huang-Ti nunca se dejaba ver por nadie, y era imposible saber si se encontraba en uno u otro de sus 260 palacios. En el fondo, no sólo quería impresionar sino restar posibilidades a sus enemigos naturales, que los tenía, y no en poca medida. Viajaba, sin avisar, a lugares remotos, en busca del elíxir de la inmortalidad. Con fines militares, y con esta misma visión unitaria, hizo en el 214 a.C. que el General Men T´ieng, junto con 300.000 soldados, enlazara las antiguas murallas que estaban en la frontera, para así consolidar una sola Gran Muralla, que vino a llamarse Wa-li Ch´ang-Ch´eng. En la construcción de ese bastión militar, murieron miles de miles de hombres, aunque no resultó terminada, pues fue reparada en el siglo IV d.C. y complementada en los siglos XV y XVI. También ordenó construir una Tumba monumental, muy cerca de Hienyang, en la que trabajaron 700.000 hombres durante 36 años.

El año 213 a.C., fecha en la cual un grupo de hombres intentaba reunir todos los libros existentes en la ciudad de Alejandría, en Egipto, Schi Huang-Ti, ordenó quemar todos los libros cuya temática no fuese la agricultura, la medicina o la profecía, es decir, casi todos los libros del mundo. Entusiasmado por sus acciones, creó una biblioteca imperial dedicada a vindicar los escritos de los Legalistas, defensores de su régimen, y ordenó confiscar el resto de los textos chinos. De hogar en hogar, los funcionarios tomaron entonces los libros y los llevaron a una pira, donde los hicieron arder para sorpresa y alegría de quienes no los habían leído. El peor delito era ocultar un libro y la pena consistía en ser enviado a trabajar en la construcción de la Gran Muralla. Ssema Ts’ien (h. 145-85 a.C), el gran cronista de China, reseña el acontecimiento:

[…] Las historias oficiales, con excepción de las Memorias de Ts’in, deben ser todas quemadas. excepto las personas que ostentan el cargo de letrados en el vasto saber, aquellos que en el imperio osen esconder el Schi King y el Schu King o los discursos de las Cien Escuelas deberán ir a las autoridades locales, civiles y militares para que aquéllos los quemen. Aquéllos que osen dialogar entre sí acerca del Schi King y del Schu King serán aniquilados y sus cadáveres expuestos en la plaza pública. Los que se sirvan de la Antigüedad para denigrar los tiempos presentes serán ejecutados junto con sus parientes […] Treinta días después de que el edicto sea promulgado aquéllos que no hayan quemado sus libros serán marcados y enviados a trabajos forzados […]3

Centenares de letrados, reacios a aceptar la medida, murieron a manos de los verdugos y sus familias sufrieron humillaciones inefables. Se sabe que esta medida, además, acabó con cientos de escritos que estaban almacenados en huesos, en conchas de tortuga y tablillas de madera.

Shi Huang-ti, que se consideraba inmortal, veneraba el Tao-Te-king de Lao-Tse y la doctrina del taoísmo; odiaba, en cambio, los escritos de K’ong fu-tse o Confucio y, por supuesto, los hizo quemar. Algunos años más tarde, cuando los sirvientes limpiaban la Biblioteca Central, se descubrió una copia oculta de los escritos de Confucio. No es imposible que un bibliotecario se burlara de este modo de toda la autoridad constituida. El año 206 a.C., sin embargo, ocurrió un hecho ajeno a los planes del Emperador: la guerra civil no respetó la condición venerable de la biblioteca y fue arrasada. Sólo en el año 191 a.C., durante la dinastía Han, pudo restituirse la memoria de China, pues numerosos eruditos habían conservado obras enteras de memoria y, salvo por algunos deslices que aturden aún a los sinólogos norteamericanos, pudieron componer nuevamente la literatura de su tiempo.
Notas:

[1] Derk Bodde, China´First Unifier, 1938.

[2] La Escuela legalista, precursora de algunos de los puntos de vista de Maquiavelo, estuvo representada por Shen-Tao, Shen Pu-hai y Shang Yang. Las tesis de estos tres entusiastas del absolutismo fueron sintetizadas por Han Fei-tse. Cfr. W.K. Liao (The complete Works of Han Fei Tsu, a Classic of Chinese Legalism, 1939)

[3] Historia de la China Antigua (1974, p. 298) de A.
© Fernando Báez 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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EL CIRCO DEL DR. LAO (Charles G. Finney)

Pasen y vean se ores. Pasen y vean.

Este es el circo más extra o de la tierra, sin elefantes, ni acróbatas ni payasos. Este es el circo del doctor Lao, donde se reúnen para la contemplación del común de los mortales las criaturas mitológicas de todos los tiempos. Por muy poco dinero puede contemplarse aquí al asno de oro, la Quimera, la serpiente marina de los relatos náuticos y hasta la medusa (a través de un espejo, por supuesto)

El autor no necesita justificar nada y no se molesta en ellos. Simplemente coloca este impensable circo en un pueblo perdido de Arizona durante la depresión americana de los a os treinta y nos describe las reacciones de la gente de ese pueblo a través de citas cultas, chascarrillos de sal gorda y una fina ironía a la hora de elegir lo que menciona en cada categoría y el modo en que lo trae a colación.

El americano Charles Finney concibió esta historia durante su servicio militar en China y quiso conciliar el quietismo filosófico oriental con el gusto occidental por las emociones y la novedad, dando a luz esta obra verdaderamente original y pionera en un género que se acerca al fantástico sin llegar a serlo: en el género fantástico la aparición de criaturas extraordinarias sirve a un fin, o una conclusión y aquí estas criaturas son fines en sí mismas.

Esto es la fantasía pura. El circo que fundamenta su principal genialidad en su propia existencia. Y como tal, se desenvuelve en un ambiente de imposibilidad que no se aleja del escenario real, que siendo de una fantasía apabullante deja claro en todo momento que sigue siendo un pueblo polvoriento, aburrido y deprimente de la Arizona más pedregosa.

Quizás otro ambiente, otro escenario más acorde con los personajes hubiese hecho de este libro uno de tantos, pero la persistencia en el tiempo de esta obra se debe, sin duda, a su capacidad de mantener en pie lo imposible en un mundo posible, realista por de más.

El catálogo final de personajes reales y ficticios, con ácidas apostillas sobre su vida anterior y su destino posterior, abúlico sin excepción, no hace más que profundizar esta sensación. Juzguen ustedes mismos: "Martha, tranquila triste e insegura; algunas veces se echaba a reír, pero al reír se preguntaba por qué; al preguntarse por qué, le entraban ganas de llorar."

El lector no llega a sentir nunca ganas de llorar con este libro, pero a veces, al reír, se pregunta por qué, y la respuesta no está clara. Este es el mejor mérito de Finney: la sutileza de su humor.

Pasen y vean.

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EL CRIMEN DE NOCHEBUENA (Raúl Tristán)

Título: El crimen de Nochebuena
Autor: Raúl Tristán
–>Precio: 16 €
Precio suscriptor: 14.4 €
Colección: Serie Negra

PORTADA

El cadáver de un hombre con la garganta seccionada hasta casi segarle el cuello, los párpados levantados, con la vítrea mirada de sus ojos atravesando el alma de quien le observa, y la sanguinolenta lengua sobre la palma extendida de su mano derecha, es hallado por Martín, el guarda jurado que vela el sueño nocturno del monumental belén que el Ayuntamiento ha instalado en la plaza pública más importante de la ciudad.

La víctima es Juan G. Sande, un empresario gallego afincado en Zaragoza y sospechoso, tiempo atrás, de tráfico de estupefacientes, así como de haber ordenado el asesinato de su mujer.

Las pruebas halladas en el escenario del crimen llevarán a deducir a los inspectores de Homicidios del CNP Jiménez y Ribera, y a su amigo el subinspector De Andrés, de la Policía Local, que el macabro asesinato es obra de un cártel colombiano de la droga.

Esa misma noche, un tren trae a Bruno de regreso a la tierra que lo vio partir huyendo de sí mismo y de sus fantasmas. Ahora, con su licencia de detective bajo el brazo aun por estrenar, espera que la nueva vida que va a emprender le haga olvidar la anterior. Es su segunda oportunidad, y no está dispuesto a desaprovecharla.

Pronto comprenderá que el destino que le aguarda no es el que él ha planificado tan cuidadosamente, y que el pasado es capaz de surgir tras cualquier esquina para recordarnos que siempre ha estado ahí, esperando su momento, por más que pretendamos enterrarlo.

Bruno se verá envuelto, casi contra su voluntad, en la investigación del que todo el mundo conoce ya como “el caso Sande”, un crimen cuya resolución parece complicarse cada día más. Por suerte, Bruno contará con la inestimable ayuda de “El Club de las Nueve”, un grupo de amigos que tiene por costumbre reunirse a esa hora de la noche todos los viernes, en un célebre café de la ciudad para discutir los casos policiales de actualidad y del que forman parte un policía retirado, un librero de viejo, un exmilitar americano, un antiguo anarquista que guerreó con los maquis y el mismo dueño del café.

Una trama rápida para un relato ameno y sencillo pero con sorprendentes y continuos giros en los acontecimientos que nos llevará a que, una vez comenzada su lectura, no la abandonemos hasta llegar al desenlace

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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NOCHE DE PERROS (Hugh Laurie)

Thomas Lang es un ex policía, y ahora pistolero a sueldo, una suerte de mezcla entre antihéroe policiaco y filósofo trasnochado. Un día recibe la visita de un tal McClusky, quien le ofrece cien mil dólares por asesinar a Alexander Woolf, un empresario americano. Indignado, Lang rechaza el encargo, y decide en cambio advertir a la víctima del peligro que corre: una buena acción que no quedará impune.
A partir de ese momento el protagonista se verá inmerso en un torbellino de mentiras, corrupción y violencia, que lo obligará a machacar unas cuantas cabezas con la estatuilla de un Buda, medir su ingenio con multimillonarios malvados y dejar su vida (entre otras cosas) en manos de un grupo de femmes fatales; todo esto mientras intenta salvar a una bella dama y evitar un baño de sangre a escala mundial.

http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=591996&temaid=6071000

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