Matrimonio de sabuesos (Agatha Christie)

Cuando el amable Tommy Beresford, queda desempleado y sin perspectivas de futuro al finalizar la Primera Guerra Mundial, se percata que la vida no es como él imaginaba. No obstante, al reencontrar una vieja amiga de infancia, Prudence Cowley, más conocida como Tommy y Tuppence Beresford, su vida cobra un interés inimaginado. Ambos sin dinero y sin trabajo deciden fundar la Young Adventures Limited, colocando un anuncio en el The Times, donde Tommy y Tuppence prometen: "… hacemos de todo, vamos a cualquier parte…".

Claro que este irresistible duo está apasionado por la intriga…y uno por el otro. No pierden la oportunidad de comprar y gerenciar la Agência Internacional de Detectives Blunt. Juntos, resolverán una serie de casos de una forma que ilustra con algo de humor y en gran estilo la manera de actuar de los mayores detectives del mundo.

Tommy y Tuppence se divierten hasta más no poder, mientras intentan resolver los casos más siniestros y mortíferos. En la lista de personajes envueltos en la acción se encuentra una bella actriz, un explorador del Ártico, un embajador americano y mucho más. Cada aventura guía a los recién casados trás la pista de joyas desaparecidas, documentos secretos, chocolates envenenados y otros. Lo más difícil en su tarea es descifrar quién es inocente y qué es legítimo.

Son 23 historias interesantísimas, conducidas por la inconfundible habilidad de Agatha Christie en crear, a partir de lo vanal, las situaciones más extraordinarias.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Matrimonio de sabuesos (Agatha Christie)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Matrimonio de sabuesos (Agatha Christie)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

El misterio del tren azul (Agatha Christie)

Ocurre, en su mayor parte, en la Costa Azul: el litoral sur de Francia y Montecarlo (donde los ingleses con alta renta pasaban el invierno). Un millonario americano, el magnate del petróleo Rufus Van Aldin compra el famoso rubí el “corazón de fuego” y lo ofrece de regalo a su hija, Ruth Kettering. La joya forma parte de un maravilloso collar, codiciado por ladrones y coleccionistas.

Ruth no es feliz en su matrimonio y se interesa por un ex pretendiente con quien no llegó a casarse por voluntad de su padre, pues el sujeto no era del todo honesto. Ya que el marido de la hija demuestra ser un aventurero que se buscó una amante, el millonario sugiere el divorcio e inicia los trámites legales correspondientes. Durante el viaje en el “tren azul” en dirección a Niza, Ruth es asesinada y el rubí robado. Por ironía del destino uno de los pasajeros es Poirot, a quien el padre de Ruth encarga descubrir al asesino. La situación es compleja, pero Poirot, con sus infalibles “células grises” y con otra pasajera, Katherine Gray, en papel de alter ego, obtiene un suceso más en su carrera.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»El misterio del tren azul (Agatha Christie)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «El misterio del tren azul (Agatha Christie)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

La buena educación (Begoña Aranguren)

 Un inteligente y ameno recorrido por los usos y costumbres de nuestra

  sociedad
  "Si  algo podría caracterizar nuestro tiempo es el no aceptar en absoluto
  la vida como viene. Es agotador tratar de conducirla, de reconducirla, de
  controlar  el futuro, de olvidar el pasado, de no tolerar nuestro declive
  y,  por  tanto:  ponerse los pechos de amígdalas, estirarse los párpados,
  los   labios   como   Gargantúa,   someterse   a   repetidos  liftings  y
  liposucciones."
  Una  familia como cualquier otra, un hombre y una mujer que llevan juntos
  más de treinta años y han criado a sus hijos como mejor han sabido sirven
  de   arquetipos   para  que  Begoña  Aranguren  realice  un  divertido  e
  inteligente repaso de los usos y maneras de nuestra sociedad. Se trata de
  una acertada disección a través de los avatares de la familia de Carlos y
  María,   de  sus  hijos  y  sus parejas, de sus amigos y de sus enemigos.
  Todos  ellos  son  los  protagonistas de una sucesión de peripecias, unas
  serias,  otras  desternillantes,  en  las  que  cualquier  lector se verá
  reflejado,  y  que la autora utiliza como hilo conductor para el análisis
  de los defectos y virtudes más sobresalientes de la sociedad actual.
      Gracias  a  su dilatada experiencia periodística, Begoña Aranguren ha
  sabido dar a este libro una dimensión informativa y de rotunda actualidad
  que  se convierte en un testimonio sociológico y cultural de gran interés
  para  el  lector  del futuro. Asistimos a una notable reflexión sobre los
  defectos  de los españoles del siglo XXI como ya lo hiciera Fernando Díaz
  Plaja  hace  medio  siglo. Pero esta vez, esta reflexión está enfocada en
  una  familia tipo, lo que ofrece una mayor cercanía al lector y una mejor
  identificación.
      En  cada  capítulo,  la autora expone una situación concreta, siempre
  relacionada  con  la  vida  de los protagonistas. Y, tras la anécdota, el
  análisis,  porque  Begoña  Aranguren  concluye  el capítulo comparando la
  realidad  actual  con  la  de  otros  tiempos,  analizando los pros y los
  contras de cada época y ofreciendo las claves para conseguir salir airoso
  de  las  situaciones  más  diversas.  Qué  hacer  y  qué no hacer en cada
  momento.
        La  invitación  inesperada  a una boda es el arranque de este libro
  que  posee elementos de la novela, en cuanto a que posee una trama y unos
  protagonistas  de  la  acción,  pero  que  tiene también mucho de estudio
  sociológico,  de libro de consejos, de reportaje periodístico e, incluso,
  de  relato  de humor. Una combinación original,  muy divertida y muy útil
  para  los  lectores  que quieran aprender cómo soportar con una sonrisa y
  buenas maneras los retos a los que les enfrenta día tras día el mundo.
      Asuntos  tan  cotidianos  como  las bodas y todo lo que las rodea; la
  dictadura  de  los  hijos;  la  cultura del mal gesto y de la bronca; las
  relaciones  de  pareja:  separaciones, reconciliaciones, peleas, segundos
  matrimonios;  las  reglas de urbanidad en la mesa; los amigos, recibir en
  casa,  los  duelos,  o  el  terror  a  envejecer.   Estas  y otras muchas
  cuestiones se contemplan en este libro único.
  "Y  es  que  en  el  fondo se entiende que el hecho de no ser tú quien ha
  palmado  produzca  cierta sensación de alivio al principio y, después, un
  subidón difícil de disimular."
      María  y  Carlos viven el día a día cada vez más asombrados de lo que
  le  rodea.  María tendrá que sufrir el acoso injustificado de un grupo de
  ciudadanos  en  la parada del autobús. Ambos deberán soportar la cena con
  un antiguo amigo que se ha vuelto a casar con una jovencita cuyos modales
  en  la  mesa dejan mucho que desear. Asistir a un velatorio donde, por la
  algarabía, los corrillos y los chistes verdes,  más parece que estuvieran
  en  una  juerga flamenca. Aguantar los insultos de un mocoso de ocho años
  cuyos  padres son incapaces ya de controlarle. Tragar con una sonrisa los
  modos  pijos  de  ciertas  parejas con maridos malcriados y cursis que se
  consideran a sí mismos "embarazadísimos".
  "?Os  telefoneamos para haceros saber que estamos embarazados ?dicen esos
  chicos  Danone (pelo engominado y con rizos, corbata de Hermés con osos o
  pajaritos  y  zapatos  italianos  de borlas bien lustrados) con los que a
  ciertas mujeres les ha dado por casarse en los últimos tiempos.
  ?¿Sabes,  Asís?  ?Este tipo de gente no se anda con chiquitas, por eso no
  suelan  ser  bautizados con nombres de menos ringo-rango. Si les llamaran
  Pepe  o  Manolo,  otro  gallo  cantaría?.  ¡No  sabes cuánto agradezco tu
  llamada  porque  también nosotros deseábamos comunicaros que seguimos aún
  menstruando cada veintiocho días más o menos!"
      El  lector  asistirá a una sucesión de escenas no por burlescas menos
  realistas de situaciones sociales y de convivencia que molestan, ofenden,
  indignan,  asombran y divierten a la autora, y que quedan aquí reflejadas
  con un gran sentido del humor y también con una gran agudeza.
      Se  trata  de  una  especie  de  cara  y  cruz de la realidad. Podría
  considerarse,  incluso,  que  asistimos a un nuevo modelo de costumbrismo
  del  siglo XXI, en el que esas costumbres asumidas y soportadas por todos
  se muestran en su absurdo realismo cotidiano.
      Un libro que hará las delicias de todos aquellos que quieran pasar un
  tiempo  divertido  con la lectura. Un tiempo en el que, además, se le den
  algunos buenos y prácticos consejos para la vida.
  Begoña  Aranguren  nació en Bilbao y comenzó a ejercer el periodismo como
  columnista de un diario local de Vizcaya. Posteriormente llevó a cabo una
  serie de 80 entrevistas en profundidad a grandes personalidades del mundo
  de  la  literatura, las artes y la cultura en general; entre otros, Julio
  Caro  Baroja,  Gabriel  Celaya,  Pablo  Serrano,  Nuria Espert, o Plácido
  Domingo.  Más  tarde colaboró con Euskal Telebista en programas de éxito.
  Esto  le  condujo  a  crear,  junto  a  Isabel Vergarajauregui, su propia
  productora  con  la que, en coproducción con Canal Plus, llegó a realizar
  más  de 50 testamentos visuales, documentos únicos en que los españoles e
  hispanoamericanos  más  importantes del siglo XX nos dejan su testimonio,
  sus últimas palabras en un programa llamado Epílogo.
  En 2000 publicó El fuego que no quema, un libro de conversaciones con su
  ex marido, el escritor José Luis de Vilallonga. Sus últimas obras son La
  mujer en la sombra (2003), Memorias. Enmanuela Dampierre (2003), Diva,
  divina (2003)y Alta sociedad (2006).

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»La buena educación (Begoña Aranguren)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «La buena educación (Begoña Aranguren)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

La ruta prohibida (Javier Sierra)

Pocas  veces el lector tiene acceso a lo más profundo del escritor, a las

  razones,  obsesiones  y  deseos  que  dan  como fruto una obra literaria.
  Javier  Sierra, conocido escritor y periodista de lo oculto, ofrece a sus
  lectores  este  regalo único. Aparca su lado fabulador y adopta su faceta
  más  periodística  para  mostrar sus métodos de trabajo. Sierra revela en
  este  libro  el  origen  de las ideas, de la obsesión por esos  misterios
  históricos  que  no  le  dejan  dormir y el arduo y fascinante proceso de
  investigación  e  interpretación  que  lleva a cabo, y que suele terminar
  convertido en novela.
      El afán por conocer lo oculto, por descubrir las incongruencias de un
  hecho  histórico,  de  una fecha, de un personaje oscuro han acompañado a
  Javier  Sierra  a  lo  largo  de  toda su vida y este afán ha tenido unos
  frutos  sobradamente conocidos. La base fundamental es una mente ávida de
  misterios  y  cualquier fisura histórica por donde comenzar a investigar.
  Viajes,  encuentros  fortuitos, documentos que ocultan mensajes secretos,
  informaciones   recopiladas   durante  años,  reflexiones  y  deducciones
  personales.  Toda  esta  riqueza  investigadora  es la que Sierra pone al
  servicio  del  lector  en  un  libro  que  se  lee  como  la  novela  más
  apasionante.
  El  libro  está  estructurado  en  seis  grandes  apartados  que el autor
  denomina  Destinos  y  que  a su vez trata diversos asuntos relacionados.
  Comienza  Sierra  hablando  de  ese  mito  con  el que tantas veces se ha
  especulado.  Ese  supuesto  descubrimiento del continente americano antes
  del  primer  viaje de Colón. Una investigación que tiene varios frentes y
  que  se  inició  para  Javier  Sierra con un anacronismo encontrado en la
  tumba  del  papa  Inocencio  VIII,  muerto  una semana antes de que Colón
  iniciara  su viaje a las Indias. De Roma Sierra viajará a Estambul y allí
  conseguirá  consultar,  a  pesar de la oposición oficial, el mapa de Piri
  Reis,  uno  de  los  documentos  más famosos de la historia, que contiene
  lugares aún no descubiertos en la fecha de su confección.
  Vikingos,  las  tribus perdidas de Israel… el autor sigue las pistas de
  todos   estos  posibles  viajes  al  continente  Americano  a  través  de
  documentos casi desconocidos y fascinantes.
      Pero  no  solo  los  vikingos  pudieron visitar América antes que los
  descubridores  oficiales.  El  autor  analiza una serie de evidencias que
  hablan  de  visitantes  encapuchados  que  viajaron  por  toda Sudamérica
  trasmitiendo la fe religiosa: Las figura del  gigante de Tiahuanaco, o la
  leyenda de los viracocha, dioses culturizadores barbados y de piel blanca
  cuyo  culto  se  extendía  por  todo  el imperio Inca cuando llegaron los
  españoles, avalan estas teorías.
      Todas  estas  anomalías  han  sido  examinadas pormenorizadamente por
  Sierra,  que reflexiona también sobre los intereses ocultos, económicos y
  políticos  que  se  encuentran  detrás  de ciertas tergiversaciones de la
  Historia, como en el caso del descubrimiento de América.
      Bajo  el  segundo  gran epígrafe del libro, Javier Sierra analiza los
  posibles  Códigos Astronómicos ocultos en diversos documentos, monumentos
  y  tradiciones.  Desde  la  Ilíada  de  Homero,  cuya gesta puede ser una
  metáfora  de las constelaciones conocidas en la antigüedad, a la catedral
  de  Chartres,  una  especie  de  reloj  de  precisión  que, junto a otras
  catedrales medievales, conforman el perfil de la constelación de Virgo. O
  los  marcadores  cósmicos  del  Camino  de  Santiago. Egipcios, europeos,
  americanos,  todas las civilizaciones han buscado reflejar el cielo en la
  Tierra,  una tradición que llega incluso a nuestros días en la bandera de
  la Unión Europea, cuyo significado es muy distinto al que se cree.
      El  Tercer  Destino del autor son los Enigmas de la fe. Los milagros,
  las   tradiciones   que   ocultan   misterios,   los  fenómenos  místicos
  inexplicables  como  la  levitación,  los  estigmas,  o la bilocación, es
  decir,  la capacidad para estar en dos sitios a la vez. Fenómeno este que
  Sierra  estudió en profundidad para su primera novela, La dama azul, cuyo
  protagonista,  Sor  María  Jesús  de  Ágreda,  consejera  de  Felipe  IV,
  evangelizó  a comunidades indias que se encontraban a diez mil kilómetros
  de su convento sin salir jamás de su celda.
      Asuntos tan controvertidos como el de María Magdalena y su hija Sara,
  la  cabeza  de  Juan  Bautista, los nazis y la Sociedad de Buscadores del
  Grial;  objetos  de  culto  desaparecidos  con  poderes  mágicos, como el
  candelabro  de  los  siete  brazos  del  templo de Jerusalén o la mesa de
  Salomón,  un "artefacto" tallado, al parecer, en una esmeralda gigantesca
  en el que podía verse "las imágenes de los siete climas del universo".
      De egipcios y masones ocupa el Cuarto Destino del libro. En él Sierra
  nos  habla  de  sus investigaciones y descubrimientos sobre las aventuras
  europeas en suelo egipcio y lo que estas buscaban y encontraron. De todos
  es  conocida  la  relación  de  Napoleón  con  el  Egipto antiguo, que se
  convirtió  en el eje central de la novela de Sierra El secreto egipcio de
  Napoleón,  un  proceso  de  investigación  que  llevó al autor, según sus
  palabras, a "algunas certezas curiosas" que desvela en estas páginas.
      Lugar  importante  ocupa en el libro los aspectos relacionados con lo
  que  Sierra  denomina "la religión de la razón", esa diosa razón a la que
  adoraron  los revolucionarios franceses y que va mucho más allá de lo que
  siempre  se  ha  pensado.  Nos  habla  el  autor  del  plan  oculto de la
  Revolución  francesa,  de  una regeneración basada en la instauración del
  culto a la diosa Isis, fuente de toda razón.
      Y relata también otras aventuras egipcias en suelos europeos, como la
  de  sir  John Soane, el arquitecto del banco de Inglaterra y admirador de
  Napoleón, que mostró en una gran fiesta, un cofre de más de tres mil años
  de antigüedad, un maravilloso sarcófago que casi dos siglos después sigue
  en  el  mismo  lugar  pues el Museo Británico se negó siempre a comprarlo
  ¿por qué?
      Todas  estas aventuras se relacionan muy íntimamente con la masonería
  y  ciertos rituales vinculados con el antiguo Egipto que se han mantenido
  siempre ocultos en la Historia oficial.
      El  Quinto  Destino  trata  de  las civilizaciones perdidas. Aztecas,
  sumerios, hititas… y los enigmas que guardan aún sus imperios. Desde el
  suelo  de  mica  descubierta  en  la Pirámide del Sol de Teotihuacan, que
  oculta  un  misterio  aún  sin  resolver,  a  los  colosos  de Nemrud, en
  Mesopotamia  o  los  laberintos  subterráneos  de  Turquía,  el  reino de
  Derinkuyu,  un  misterio  arqueológico  de  tremendas  implicaciones: Una
  civilización  casi  desconocida,  excavó,  hace miles de años, decenas de
  kilómetros  de túneles en los que se calcula que pudieron vivir más de un
  millón  de  personas. Y, por supuesto, las leyendas de las civilizaciones
  del  mediterráneo  de  hace  más  de  diez mil años que se perdieron para
  siempre  bajo  las  aguas.  Vestigios  de  ello  se  puede encontrar, por
  ejemplo, en los pozos de Cerdeña, como el de Santa Cristina.
      En  el Sexto y último Destino, La cultura secreta, el autor se centra
  en  las  profecías.  Desde  Nostradamus, el hombre que vaticinó su propia
  muerte  y  San  Malaquías,  que  coincide  con  el anterior en profetizar
  grandes  calamidades  y persecuciones para la Iglesia tras Benedicto XVI,
  a  la  Virgen  de Fátima, los vaticinios más o menos oscuros han influido
  mucho más de lo que se conoce en políticos y también en papas.
      La  verdad  de  lo  que  ocurrió  en Fátima es aún uno de los grandes
  enigmas  de  la historia. Sor Lucía, que moriría unos días antes que Juan
  Pablo  II,  estuvo  prácticamente  secuestrada  por  la Iglesia desde que
  siendo niña tuvo la visión de la Virgen o, como describieron los niños en
  su  primera  visión:  "una persona de metro diez, cubierta por un vestido
  ajustado  que  Lucía  describió  como  parecido a una chaqueta, una falda
  cerrada  y  rayas  trasversales  doradas.  Aquella entidad llevaba en sus
  manos  una bola luminosa que más tarde sería descrita como una especie de
  medallón con picos y, finalmente, como el corazón de María."
      Enigmas,   misterios,   anacronismos,  mensajes  ocultos,  profecías,
  técnicas  de  investigación,  viajes  y  encuentros  fortuitos.  Un libro
  apasionante  para  todos  los  amantes de lo oculto, de lo que se esconde
  tras  la  versión oficial de los hechos. Una sorprendente incursión en el
  otro lado del espejo de la Historia.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»La ruta prohibida (Javier Sierra)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «La ruta prohibida (Javier Sierra)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

FRANCIS SCOTT & ZELDA FITZGERALD

 

Cuando se conocieron eran jóvenes y hermosos. Una vez casados, alternaron estancias en Nueva York con viajes a París y a la Costa Azul y pertenecieron al grupo de artistas e intelectuales norteamericanos que veraneaban en La Riviera. Y, sin embargo, en ocasiones se vislumbra también, ya desde el principio, que hubo algo febril y precipitado en el impulso que llevó al escritor a unirse a aquella diosa desasosegante.

Su estilo cosmopolita, sus continuos viajes y su dorada bohemia no fueron alicientes suficientes para sostener su vertiginosa y finalmente inestable vida en común. En ella se transparenta un ajetreo en parte lógico por ser él escritor y necesitar de otros escenarios, los de la mítica Europa, pero también se aprecia un ir y venir ciego e inquietante que no pudo frenar el tedio primero y más tarde el permanente tributo al alcohol de Scott y la locura de Zelda. Como tampoco evitó que el prometedor Fitzgerald, autor de obras como El gran Gatsby, Hermosos y malditos o Suave es la noche, se sumergiera en un mundo de amargura que marcó el tono maldito de muchos de sus personajes. ¿Cómo no iba a saber contar él esa mezcla de hastío e infelicidad de las clases medias más privilegiadas? ¿Cómo no iba a fabricar perdedores y ganadores que se intercambiaban los papeles en pocas horas, si estaba retratando el desmoronamiento de sus sueños y la imposible comunión con Zelda? La obsesión por el éxito y el sentimiento enfermizo de que todo lo que hacía le conducía al fracaso le hizo cada vez más vulnerable. En Suave es la noche se adivina a Scott y Zelda y a sus amigos de La Riviera en la piel de unos personajes que esperan algo, no se sabe qué, mientras se desplazan por la costa francesa y alternan amantes y borracheras.

    

Francis Scott Fitzgerald nació el 24 de septiembre de 1896 en Minnesota, y supo muy pronto que iba a ser escritor. Su padre procedía de una distinguida familia sudista arruinada, católica y conservadora. A pesar de ciertos apuros económicos, Scott Fitzgerald tuvo una educación elitista, primero en el internado Newman y luego en la Universidad de Princeton. Fue el resultado del quiero y no puedo que animaba a su familia, poco dispuesta a que su hijo bajara algún peldaño en el escalafón social que le correspondía. Pero fue también en la Universidad donde el joven tomó conciencia de la profunda división de clases. Escribir se convirtió en una vocación, pero también en una forma de prosperar y de asentar su futuro.

   

A Zelda Sayre, hija de un juez del Tribunal Supremo de Alabama, la conoció en un baile del Club de Campo de Montgomery. Corría julio de 1918 y Scott había interrumpido sus estudios en Princeton para incorporarse al ejército. Cuando su campamento se instaló en Montgomery no imaginaba que allí iba a conocer a la mujer que le deslumbraría: una chica guapa y poco convencional que, a pesar de haber sido educada en el conservadurismo que se le supone a la hija de un juez, presumía de no tener prejuicios. Tampoco tenía reparos en emborracharse en público o en coquetear con los jóvenes que la cortejaban.

Rubio, bien parecido y con deseos de brillar, Scott había hecho estragos en el campus, pero la literatura y el afán de prosperar había restado protagonismo a aquellos amores universitarios. Con Zelda Sayre fue distinto: ella era sin duda la chica que él buscaba. La hija del juez, nacida en 1990, tenía tan solo dieciocho años cuando encontró a Fitzgerald. Ese mismo año, el del baile en Montgomery, había terminado sus estudios en el Instituto. Pero, más allá de su edad, era ya una chica avispada, intuitiva, llena de humor y de iniciativa.

Respondía al tipo de mujer emancipada de posguerra y correspondió al joven escritor desde el principio. Cuando el campamento militar abandonó Montgomery no dejaron de mandarse cartas casi a diario, de una forma entusiasta y enfermiza. En esa primera correspondencia se muestran ya algunos de sus rasgos contradictorios, aquellos que el tiempo iba a agudizar, causándoles dolor. Fitzgerald multiplica sus atenciones hasta el agobio, como si temiera que ella pudiera reprocharle algo o se sintiera culpable por su ausencia. Zelda, por el contrario, vive toda esa exhibición a veces con ilusión, otras con un cansancio que su carácter franco y cambiante no puede ocultar.

Llegaron a romper su relación durante unos meses, en el verano de 1919, en parte porque la familia de Zelda dudaba de la solvencia económica del narrador, en parte porque la propia joven quería asegurar más su amor y empujar a Scott a plantearse su vida con más ambición. En aquellos meses de ruptura no fueron pocos los amigos de Fitzgerald que le aconsejaron que se olvidara de aquella chica audaz, snob y caprichosa. Pero, como él escribió en febrero de 1920 a una amiga, no podía evitar seguir enamorado de ella:"Cualquier chica que se emborrache en público, que disfrute francamente y cuente historias escandalosas, que fume sin parar y que cuente que ha besado a miles de hombres y que piensa besar a otros tantos, no puede considerarse intachable, aunque no tenga tacha".

Pese a todo, él estaba enamorado "de su coraje, de su sinceridad y su dignidad apasionada". Y por si fuera poco, le confiesa a su amiga: "tú eres católica, pero a mí el único Dios que me queda es Zelda". En realidad, cuando Scott escribió aquella carta ya había vuelto con Zelda. La reconciliación se había producido en el otoño de 1919 y a partir de entonces la boda se convirtió en un hecho inevitable. "Sin ti no soy absolutamente nada. Sólo una muñeca boba", le escribe ella poco antes de contraer matrimonio. Se casaron el 3 de abril de 1920 en la catedral de San Patricio de Nueva York.

La felicidad, sin embargo, sólo duró unos cuatro años. El resto, desde 1925 hasta el internamiento de Zelda en una clínica mental, fue un tedioso camino de altibajos hasta llegar al declive. Claro que fueron cuatro años en los que pasaron demasiadas cosas. Poco antes de su boda Scott había empezado a trabajar en una agencia de publicidad en Nueva York. Al mismo tiempo, un editor aceptó, por fin, su primera novela, A este lado del Paraíso.

Comenzó a publicar sus cuentos en "The Sunday Evening Post". Durante los primeros meses de matrimonio alquilaron una casa en Connecticut, pero antes de fin de año se trasladaron a Nueva York, donde Fitzgerald alternaba con editores y guionistas. Seis meses más tarde embarcan por primera vez a Europa: Inglaterra, Francia e Italia. Regresaron a América al final del verano y permanecieron unos dos años en su país, mientras Fitzgerald iba publicando por entregas lo que luego sería Hermosos y malditos. Para entonces había nacido su hija Frances Scott, a quien llamaban Scottie, y la vitalista Zelda disfrutaba todavía de aquel ajetreo de amistades y fiestas.

Su espíritu aventurero le hizo ver en Fitzgerald no sólo el escritor que luchaba por publicar, sino el héroe dispuesto a estar en la cima. Pero pronto empezó a echar en falta algo de lo que ocuparse. Algo que tuviera que ver con lo que ella llamaba su temperamento artístico, ensombrecido por ser Scott el genio de la familia. Algo que ella no quería que se perdiera y que pugnaba por salir a la luz. Algo que, sin duda, no resultaba fácil pues, si Zelda y Scott formaban ya parte de la leyenda de Nueva York, ella sólo era el bello e inteligente apéndice del escritor.

Brillante y con gancho para muchos, y excéntrica para otros, cuando John Dos Passos la conoció en 1922, exclamó: "¡Está loca!". Sin duda era una premonición. En la primavera de 1924 embarcan de nuevo hacia Europa, esta vez para una temporada más larga. Un recorrido por París, la Costa Azul, Roma y Capri en el que afloran las primeras riñas serias de la pareja. Y junto a ellas las progresivas deudas por el tren de vida que se asemejaba en parte al de unos nuevos ricos, con sus estancias en hoteles de lujo, las institutrices de Scottie y el servicio que requerían las casas que alquilaban en sus diferentes desplazamientos. Aunque a la vez no renunciaron a cierta bohemia y sentido de provisionalidad. En cualquier caso, era un estilo de vida caro en el que el dinero se gastaba conforme entraba. Y a menudo escaseaba, pues Scott no disponía de ingresos fijos. Su obra más difundida, El gran Gatsby, se publicaría en 1925, pero a partir de entonces concentrarse en producir cosas nuevas iba a convertirse en un tormento. Su adicción al alcohol le dejaba varios días fuera de combate.

Más de una vez culpó a Zelda de su dependencia de la bebida. Antes de conocerla, confesó en una ocasión que él sólo tomaba café; su mente no necesitaba empaparse de otra cosa distinta que las palabras que escribía. Fue Zelda quien le descubrió el placer de beber, si bien con el tiempo ella moderó su afición y él, sin embargo, no pudo parar. Desde el principio, Scott había confesado que era un maníaco depresivo propenso a la irritabilidad: su estado de ánimo dependía en buena parte de que la obra que producía tuviera una aceptación continuada y segura. Una ansiedad que el alcohol atemperaba, mientras que el comportamiento de Zelda la exacerbaba.

 Durante el verano de 1924, Zelda mantuvo un romance con el aviador francés Edouard Jozan, la gota que colmaría el vaso en aquella relación que agonizaba. Sin duda, fue más que un coqueteo: "algo había sucedido que no podría ser reparado", anotaría Scott años después al recordar el incidente.

En esta larga estancia europea, las grietas entre la pareja eran evidentes. Aunque hubo momentos felices, como cuando recorrieron Capri y el sur de Italia, los desencuentros fueron la tónica. La fisura se agrandó cuando llegaron a París y Scott conoció a Ernest Hemingway, entonces un autor novel, y a otros amigos del mundo literario. Se encontraba en el período más pleno y creativo de su carrera. "Era el hombre más grande de mi profesión, todos me admiraban y me sentía muy orgulloso de haber logrado algo tan bueno", confesó él mismo años después. Aun así, se pasaba parte del día bebiendo con Hemingway en los asistencia, viejos cafetuchos de la orilla izquierda del Sena, alejado de Zelda.

O ella estaba enferma, o él desaparecía, a veces incluso durante varios días. En ocasiones tenía que recurrir a que un taxista le devolviera a casa después de haber perdido el norte algunas horas. "Nos destrozamos nosotros mismos. Sinceramente, nunca he creído que nos destrozáramos el uno al otro", escribió él en torno a 1930, cuando Zelda se encontraba internada en una clínica suiza.

Regresaron a América en las navidades de 1926. Fitzgerald inicia su primera colaboración con Hollywood, aunque el guión en el que trabajó no llegó a hacerse. Zelda, obsesionada con sacar fuera su talento artístico, estudia baile. Dos años más tarde vuelven a embarcarse rumbo a Europa y alquilan un apartamento en París por unos meses. Zelda continúa sus lecciones de ballet, esta vez bajo la tutela de Lubov Egorova. Vuelven a Estados Unidos por un corto período y de nuevo, en 1922, toman un barco hacia Génova y pasan por La Riviera camino de París, donde vuelven a alquilar un apartamento. Desde allí realizan una corta incursión en África al comienzo de 1930, pero meses después, ya en París, Zelda sufre una depresión nerviosa. Ingresa en la Clínica Malmaison de París, primero, más tarde se traslada a Valmont (Suiza), y a continuación a la Clínica Prangins, a orillas del lago Ginebra, donde permanece varios meses. Este internamiento marca el fin del matrimonio, aunque no se rompiera formalmente.

Ese verano Scott vive entre Lausana y Ginebra, cerca de Zelda, pero su padre muere en 1931 y viaja solo a Estados Unidos. Después de asistir al entierro visita Montgomery para darles cuenta a sus suegros del estado de Zelda. Poco después vuelve a Suiza, pasa algunos días con Zelda cada vez que ésta sale de la clínica ‘de permiso’ e incluso se animan a realizar un corto viaje a Francia. Finalmente, cuando Zelda parece estar recuperada, regresan a Estados Unidos y se instalan en Montgomery.

En apariencia todo vuelve a ser normal sin llegar a serlo en ningún momento; aunque efectivamente hay instantes de felicidad entre ellos, los resquemores continúan. Ella quiere que él no beba demasiado, y que le permita escribir, pintar y realizarse como artista. Scott, por su parte, trata de que la mezcla de encanto e inestabilidad que caracteriza a su mujer no le arrastre a él –y sobre todo a su escritura- a un caos mayor del que de por sí ha de soportar.

El fantasma de la esquizofrenia de Zelda planea de forma permanente en sus vidas, pero Scott se centra en su trabajo y se desplaza de vez en cuando a Hollywood para hacer un guión para la Metro. A principios de 1932 fallece el padre de Zelda y ésta sufre una recaída. Es internada en la clínica Phillips de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, hasta el verano, en que vuelve a reunirse con Scott y su hija Scottie en una hacienda, La Paix, que el escritor ha alquilado cerca del sanatorio.

Zelda ha conseguido también escribir y publicar una novela, Save me the Waltz. Por fin ha logrado salirse con la suya y mostrar al mundo su talento. Sin embargo, la enfermedad mental ya no la abandona, y en 1934 vuelve a ingresar en un hospital de Baltimore. Puesto que esta vez parece no avanzar, es trasladada durante un tiempo a una clínica más cara, pero al poco regresa al mismo hospital. Los reencuentros de la pareja son cada vez más forzados: ella pide que vaya a verla o que se reúnan en los períodos en que se encuentra más lúcida y los médicos lo aconsejan y él alquila de tarde en tarde una casa próxima al hospital, pero se aloja habitualmente en hoteles, centrado únicamente en su escritura.

A partir de 1935 Scott desconfía de que ella vaya a curarse de forma definitiva y trata de salvarse a sí mismo de una manera un tanto egoísta, pero sin desentenderse de las costosas sumas que le cuesta la estancia de su esposa en la clínica. El mismo cree que tiene tuberculosis, empieza a cuidarse. Un nuevo encargo para trabajar en Hollywood durante seis meses le permite conocer a la periodista y cronista social Sheila Graham, con quien empieza a vivir en pareja, pero sin dejar de visitar y atender a Zelda. De vez en cuando se reúnen, pasan las vacaciones juntos y hasta realizan un viaje a Cuba en 1939. Es la última vez que se ven. Scott es hospitalizado en Nueva York, resentido de su problema pulmonar, y Zelda vuelve a ingresar en su clínica. Una vez recuperado, Fitzgerald se gana la vida haciendo guiones y relatos y comienza a escribir El último magnate, una obra incompleta que se publicaría en 1941, un año después de su muerte. Ésta le sobrevino el 21 de diciembre de 1940, a los 44 años.

Un ataque al corazón acabó con su vida cuando se encontraba en el apartamento de Sheila Graham, en Hollywood. Entre tanto, Zelda se había ido a vivir una temporada con su madre a Montgomery. Será en 1947 cuando vuelva a ser internada por última vez en el hospital Highland. Sin saberlo, aquel ingreso no iba a ser una nueva pausa en su vida, sino la antesala de la muerte. Tres meses después, en marzo de 1948, se declaró un incendio en el hospital durante la noche y nueve mujeres perecieron entre las llamas. Una de ellas era Zelda. Con ella ardieron sus últimas fantasías. Y esa noche, por fin, acabó todo.
 
Es posible que la obsesión por el dinero y por triunfar a toda costa que marcó a Scott toda su vida fuera consecuencia de su experiencia familiar: un padre procedente de una notable familia de Maryland venida a menos y una madre de origen irlandés, sin distinción pero con más dinero. Él le inculcó su amor a la literatura, ella el ansia de llegar lejos. Pero fue en la Universidad donde se fraguó su conciencia de advenedizo en un mundo marcado por los privilegios que él se apresuró rápidamente a conquistar.
 

En nuestros días, los psiquiatras hubieran llamado a la enfermedad de Zelda un trastorno de personalidad simple o, tal vez, debido a sus alucinaciones auditivas y visuales, epilepsia temporal. Lo cierto es que los especialistas qie la trataron entonces calificaron su mal como esquizofrenia y le prescribieron altas dosis de morfina, insulina, psicoterapia e hipnosis. Un tratamiento inútil para un proceso mental que no dejó de deteriorarse. En sus últimas cartas a Scott, aquella eterna adolescente se muestra incapaz de aceptar su derrota y sigue insistiendo en lograr una unión imposible con el que considerará hasta el final su marido: "Si te fueras con otra mujer y me hicieras pasar hambre y me pegaras, sabes que seguiría queriéndote", escribe en un momento de arrebato.

En los años 20, durante su segundo viaje a Europa, Scott conoce a Ernest Hemingway, a Gertrude Stein y a otros muchos artistas e intelectuales. En ellos busca el calor que no encuentra ya en Zelda. Con Hemingway, a quien animó a escribir, compartió además su devoción por el alcohol. Pero años más tarde, cuando el autor de Fiesta o El viejo y el mar era famoso y había olvidado la fascinación juvenil que sintió por Scott, diría que había en Fitzgerald algo blando y femenino. La supuesta homosexualidad de Scott también la creía Zelda. Es posible que el duro Hemingway encontrara a Fitzgerald demasiado delicado. Las sospechas de Zelda fueron de otro tipo. Al ver que su marido se alejaba de ella y que frecuentaba demasiado a sus amigos, intuyó una homosexualidad latente en él. El fantasma de esa duda, que tanto ofendió a Fitzgerald, permaneció en Zelda durante años.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»FRANCIS SCOTT & ZELDA FITZGERALD»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «FRANCIS SCOTT & ZELDA FITZGERALD»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI