El adiós de Stella (Linn Ullmann)

Stella se ha caído del tejado de su casa en la calle Frogner de Oslo. Varios testigos la vieron poco antes andar por el tejado con su marido, de modo que quizás no se haya tratado de un accidente o suicidio. La detective Corinne investiga el caso recopilando datos de los testigos. Al tiempo, un paciente de Stella (que era enfermera) un tal Axel, rememora su relación con ella. También una de sus hijas, Amanda.

Aunque por el argumento podría pensarse que se trata de una novela de género negro, con investigación policial donde se intenta dilucidar las causas de la muerte de la tal Stella, el caso es que no es eso en absoluto. El cómo no importa ni el por qué, y es una excusa para hablar de la vida familiar de Stella, sus problemas con el marido, su deseo de tener un nuevo hijo, que él no comparte, su trabajo como enfermera de pacientes terminales, etc, etc…

Sin embargo, la novela no consigue ni una ni otra cosa. La vida de Stella es sosa, y sus problemas con el marido están como un poco en aire. No se sabe muy bien por qué se llevan "mal". Yo lo llamaría relación difícil pero no sabría especificar por qué. Quizás porque ya terminó la pasión y es una relación un poco… no, fría tampoco es… Es que no sé ni definirlo. Ellos juegan, hablan mucho, se graban en video para un agente inmobiliario, y dicen muchas intimidades.

Quizás la parte más conflictiva es la relación de Martin, el marido, con la primera hija de Stella, de otro hombre, e incluso con la suya propia. No las reconoce como hijas. A decir verdad, incluso le producen rechazo. Parece que eso es lo que deteriora el matrimonio, aunque no estoy muy segura, porque todo en esta novela es inconcreto y abstracto.

Los personajes piensan mucho. De hecho, está contada en primera persona por varios de ellos: Corinne, la detective, cuyo cometido sobra totalmente, al no estar planteada como novela de investigación y de género, tres o cuatro testigos del crimen que no dicen nada, o más bien dicen todos lo mismo, que lo mismo pudo caerse, que tirarse que ser empujada por el marido; Amanda, la hija pre-adolescente, que lo único que hace es contar sus fantasías sexuales con el fontanero y en general, y hablar a su hermana pequeña algunas vaguedades sobre la madre difunta; Axel, el enfermo terminal, que aprovecha para mezclar su relación con Stella, que también es sosa y sin interés, nada del otro barrio, con recuerdos de su propia familia; Martin, e incluso, al final, la propia Stella.

Nada de lo que se cuenta sirve para hacernos una idea de qué ha pasado. Tampoco la vida de Stella es llamativa, si es que la intención de la autora era narrárnosla usando la excusa de su muerte. Mucho sentimiento, mucho divagar, mucho pensar… pero esta novela es vacía y sin sustancia. No se ve la intención de la autora al escribirla, va como a la deriva y no logra despertar la atención en ningún momento.

Lo bueno es que muchos de los monólogos de los personajes son cortos, con lo cual hay muchos saltos de página (algunos capítulos son de apenas un párrafo) y es más corta de lo que parece a simple vista.

La anterior novela de Linn Ulmann, también reseñada en este blog, Antes de que te duermas, era muy más rica en matices, fantasía y contenido, y más coherente. Lo único que destaca en esta es la mezcla de técnicas narrativas, como transcripciones de cintas de video, narración en primera persona, etc… Pero el conjunto es irregular. El final no aclara nada y es muy flojo.

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El diario íntimo de la cortesana (Laura Joh Rowland)

Diciembre de 1693. El posible heredero del sogún muere asesinado durante su encuentro con una cortesana, que ha desaparecido de la escena del crimen.
El detective Sano Ichiro es encargado de investigar el crimen, ocultando su conocimiento previo de la dama Glicina y compitiendo con el inspector Ishino.
Durante la investigación, aparece parte del diario de la cortesana desaparecida.
La historia se desarrolla siguiendo el esquema habitual de las anteriores novelas protagonizadas por Sano y Reiko, sin la menor innovación o sorpresa.
Durante la investigación se habla de las costumbres japonesas de la época, incluyendo la vida en los prostíbulos y otras curiosidades.

Como en las aventuras anteriores, además de buscar al asesino, la autora muestra la relación entre Sano y su esposa e investigadora ocasional Reiko, de su peculiar matrimonio por amor y de los equívocos que ponen en “peligro” su relación.
También continúa el enfrentamiento (pese a la tregua establecida en Loto Negro) con el chambelán Yanasigawa, favorito del sogún y supuesto gobernante en la sombra, y su amante, el inspector de policía Ishino, a cuya relación (la búsqueda de equilibrio de poder entre los amantes) se dedican algunos capítulos.

Además, ocupa bastante espacio la próxima boda del ayudante de Sano, Hirata, y la amiga de Reiko, Midori, que preparan su miai (primer encuentro entre una pareja y sus familias, durante el que se decide si se llevará a cabo el matrimonio) en medio del conflicto, y aparece por primera vez la dama Yanagisawa, esposa del chambelán, que también tiene su importancia en la historia.

La investigación de asesinato es rutinaria, la resolución incluso previsible, y no parece que a la autora le importe demasiado repetir argumentos similares.
En este sentido es como leer las novelas de Lindsey Davies protagonizadas por Marco Didio Falco; todas tienen una estructura similar y las relaciones entre los personajes parecen avanzar y retroceder levemente para acabar estancadas, centrándose de manera especial en la rivalidad entre el detective y el chambelán por el favor de un sogún enfermo, caprichoso e inseguro y en intentar sobrevivir a las intrigas de unos y otros.

Entretenida, con un misterio poco trabajado, recomendable sobre todo para incondicionales de los personajes o entusiastas del género histórico-detectivesco.
En cuanto se termina se olvida.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/10/00229-el-diario-intimo-de-la-cortesana-de-laura-joh-rowland.html

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Invasor ( Fernando Marías )

Pablo, un médico español del ejército, va a la guerra de Irak cuando Aznar decide que España debe aliarse con USA en su lucha contra el Eje del Mal. Pablo no cree en tales razones. Es más bien anti-guerra, pero aún así, acude a la llamada de las armas.
Una vez allí, durante una misión, su ambulancia sufre una emboscada, y solo sobreviven él y su enfermero Paco, quienes se refugian en una casa del desierto irakí, habitada por un hombre mayor, otro más joven y un chico. Al ver a los extranjeros en su casa los iraquíes los agreden y Paco y Pablo los asesinan. Pablo sale malherido del enfrentamiento, y casi se muere desangrado, pero cuando despierta está de vuelta en España. El Gobierno ha tapado su acción argumentando que fue en defensa propia y que los iraquíes estaban armados y eran militares. Pero Pablo siente que algo dentro de él ha cambiado, y que quizás, los espectros de sus víctimas lo han acompañado hasta Madrid… Extraños sucesos empiezan a suceder en torno a él… y a su amigo.

Esta breve novela está escrita con una técnica muy similar a la cinematográfica, directa y sin enrollarse demasiado. A veces, sobre todo en la parte iraquí, parece ir incluso demasiado deprisa. Las frases son sencillas, claras y se leen bien. Sin embargo, no me ha calado especialmente, pese al tema tan dramático que toca.

El autor ha elegido atinadamente la primera persona para narrar los sucesos que le acontecen al personaje, algo típico de las novelas de terror y suspense psicológico. Esto le permite jugar con la ambigüedad de las situaciones. El lector solo sabe lo que el personaje cuenta, y éste no puede saber si lo que ve son alucinaciones o realidades. De modo que el libro tiene dos posibles lecturas: como novela de fantasía-terror, en su subgénero de fantasmas, o bien como la narración de un trauma psicológico que desencadena un trastorno mental con delirios y visiones. Que exista esta dualidad me gusta, ya que permite al lector elegir o bien sumirse en la duda. Las escenas oníricas contribuyen a exacerbar ese aire de extrañeza y la desorientación del personaje, que creo que está bastante bien logrado. Sin embargo, el hecho de que también el amigo, Paco, tenga esas visiones desmonta un poco la ambigüedad, ya que parece decantar la explicación del lado sobranatural. Claro que como el narrador es Pablo, tampoco podemos estar muy seguros de lo que cuenta…

Como este no es un género que me agrade, el libro me ha sabido a poco. Se supone que es el primer libro que trata de la intervención española en Irak (así lo han vendido), sin embargo, la parte de referencia a la guerra se centra en el inicio, con algunos comentarios peyorativos hacia Aznar, Bush y Blair, y cierta crítica, muy leve y superficial. Luego, esto se olvida y se centra en cuestiones más personales y psicológicas, como el sentimiento de culpa de Pablo y Paco por haber cometido esos crímenes, incluso aunque fuera en defensa propia. El autor incide en el peso abrumador de la conciencia a lo largo de todo el libro, que lleva a Pablo a comportamientos extremos, incluidos intentos de dañar a su mujer e hija o de autolesionarse. Claro que la explicación no psicológica implica una posesión espectral, que ha sucedido de una forma quizás no del todo original, pero que se va descubriendo poco a poco. Que la víctima se apropie del asesino y lo atormente tampoco es original, aunque como digo, aquí parece servir como metáfora de esa culpa individual, metáfora a su vez de la culpa colectiva de todo un pueblo (el español) por haber ido a la guerra de Irak. Bien, esto es más bien teoría, puesto que ya sabemos que poca gente en España, por no decir nadie, siente tales remordimientos. En su crítica la novela se queda corta, y solo funciona como suspense aunque promete más intriga de la que luego da, y las conclusiones son demasiado obvias.

En su parte central-final baja un poco por la reiteración de las dudas y visiones del personaje, aunque el autor, con oficio, introduce ciertos detalles que crean intriga (el significado de cierta palabra que le dijo el iraquí antes de morir), y que animan a seguir leyendo, aunque luego la resolución no satisfaga mucho esas expectativas. Creo que la idea daba más para un relato que para una novela.

Hay escenas políticamente incorrectas, como cuando el personaje sufre erecciones delante de su hija, a la que desea violar; también hay una violación a la mujer, y muchos golpes, puñaladas, sangre a raudales… Es un libro con una carga violenta muy acusada, y aunque no llega a ser gore del todo, sí que hay escenas que podrían resultar desagradables. Algo de esto también lo había en "El niño de los Coroneles". Se nota que le gustan las escenas de acción y violencia.

Un libro correcto dentro de su género (quizás demasiado simple), pero que no me ha llenado demasiado por excesivamente obvio y poco original. A los amantes del género seguro que les encanta… pero yo prefiero otro tipo de lecturas.

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La vida exagerada de Martín Romaña (Alfredo Bryce Echenique)

Maldito Bryce,
Claro que te queremos más desde que escribiste el Martín Romaña. O quizás estaría mejor decir desde que Martín Romaña te robó la pluma, se encaramó a tu sillón Voltaire como encaramándose a la perra vida, se hizo con tu cuaderno rojo y se puso a contar su vida. O la tuya. Creo que ni vosotros sabéis quién es el de la foto de vuestro carnet de locos incurables. Ni falta que hace.

A bordo de un sillón
No hay solapas que lleguen para describir todo lo que pasa por un sillón Voltaire que en realidad no es ningún lugar más allá del ámbito impalpable de la utopía. Martín Romaña capitaneó su vida como pudo, abrazando todas las banderas que creyó necesario para mantenerse en pie en París y no perder a la mujer que amaba. Luego, cuando ya no podía más, se subió, cuaderno de navegación en mano, al singular y sinlugar sillón Voltaire y se puso a contar todo eso que había vivido sólo para poder contarlo. El sillón Voltaire es la república de los tímidos; el cuaderno de navegación es su medio de comunicación. Todos los que somos “mejores por carta” tenemos un sillón Voltaire. Y Martín es la epistolaridad hecha persona. ¿O es la persona hecha epistolaridad?

La realidad más pura se vive en un folio en blanco que es melancólicamente azul. Esa es la gran tragedia alegre de tu Martín Romaña, su crisis positiva: su necesidad de exagerar la vida para acomodarla a la hondonada inabarcable de su expresión. Por eso causan tierna gracia todas las desventuras de Martín, porque él mismo le quita trascendencia a todos los hechos dándosela sólo al hecho de poder escribirlos. Porque encarna perfectamente el “vivir para contarla” que nos quiere vender Gabo.

No sé cuánto va de tu vida en Martín, pero aunque vaya mucho, lo has sabido disimular perfectamente colmando de velos la realidad: por un lado te aferras a otro nombre, te encarnas (en el sentido más sangriento) en otro y le das la voz… aunque todos los hechos y las desesperanzas que Martín cuente te hayan ocurrido a ti, maldito Bryce, con haberlas puesto en boca de Martín te deshaces de ellas un poco. Por otra parte, en tu incansable viaje por París, Bilbao y todos cuantos escenarios sean propicios para exagerar aún más la ya exagerada vida narrada de Martín Romaña, te sientas a descansar y hacer recuento en el sillón Voltaire, te sientas a contemplarte a ti mismo, cuaderno de navegación en mano, poniéndole otro velo a lo real. Porque lo real no importa, lo que importa es contarlo y cómo contarlo.

Bizqueritas y hondonadas
Yo no sé si el poeta es un fingidor que finge que es dolor o escribir es confesar que se ha vivido. No sé si basta con sentarse a escribir para llegar a París o si hay que haber ido a París para poder sentarse a escribir. Lo que es cierto es que nunca podremos ir al París de Martín Romaña, porque ése sólo existe en el cuaderno azul, porque es un París sinlugar y singular que no se identifica con el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel y la Gare de Austerlitz. No, el París de Martín Romaña es París porque tiene una hondonada donde Martín atraviesa sus penas si está solo y sus alegrías si está con Inés, luz de donde el sol la toma. El París de Martín es un París donde Inés se lía a bizquear cada vez que se enoja y Martín se lía a temblar cada vez que Inés se enoja. Es un París en cuyo alquilerdealquilerdecoches.com/»>coches.com/»>aeropuerto siempre es invierno, donde las caseras son malas y los jóvenes marxistas exigen a los escritores peruanos que escriban novelas de partido. Es ése y no otro y no se parece en nada al aguacero que inundó las tristezas de Vallejo, ni al París inalcanzable y siempre pasado de Ilsa Lazslo, ni es tampoco la alegría de las tizas y los paraguas rotos de la Maga. Ay, esto es lo que tiene la literatura, mira en cuántos Paríses puede estar uno aunque su timidez le impida moverse del sillón Voltaire.

Basta con tener un estilo para contar las cosas, para darles unicidad, para fingir hasta crear la realidad en la página escrita. Quién sabe qué simplezas se esconden en realidad, en el destartalado pisito de un escritor peruano en París en los años 60, sólo hay que ir bautizando las cosas, dejándolas que nos dejen inventarnos su historia y ya está: la vida parece maravillosa folio en blanco a través. Así, la bizquerita de Inés, las mujeres calatitas, la hondonada en la cama y las apariciones de Octavia de Cádiz en la playa de Cádiz son maneras únicas de ver las cosas, no son cosas únicas. A cualquiera le pueden pasar, pero luego hay que saber recostarse en el sillón Voltaire y darles las palabras que se merecen. Cómo no te vamos a querer más después de haber escrito el Romaña, Bryce, maldito Bryce.

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200506.htm

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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Demian (Hermann Hesse)

El año pasado, más o menos a estas alturas del año me leí Narciso y Goldmundo. Me encantó. Quizás a todos nos parezca un poco simplista y maniqueo presentar la realidad a través de dos posiciones enfrentadas (que es lo que hace Hesse en la mayoría de sus libros). Sin embargo, la riqueza y la novedad de Hermann Hesse radica precisamente en los matices que opone, en las partes que confronta y el diálogo que surge de ellas. Así, aunque siempre será maniqueo y facilón confrontar al eterno bueno con el eterno malo cuyo caballo galopa taaaaaaaaan desesperadamente despacio, cuando se confrontan dos formas parecidas pero igual de vitalistas de ver la vida, como es la confrontación en Narciso y Goldmundo, pues la cuestión ya no parece tan sencilla de resolver ni tan obvia de percibir.

La historia de cómo Demian, die Geschichte von Emil Sinclairs Jugend llegó a mis manos es también bastante curiosa. Resulta que lo compré a través de Amazon.de. Ellos me pusieron en contacto con una librería de Hannover, que se encargó de enviarme el libro. Lo malo es que el tal libro no llegó, así que me puse en contacto con la susodicha librería, a la cual no le hizo ninguna gracia que el libro no hubiese llegado. Estuvimos esperando para ver si llegaba e intercambiamos correos casi todos los días para decidir qué hacíamos: yo quería volver a comprar el libro, ellos no querían que yo lo pagase… Al final me volvieron a enviar el libro de forma totalmente gratuita, pero hemos quedado en que yo invitaré a un café a mi proveedora (una enamorada de Spanien) en cuanto venga por la piel de toro. La verdad es que es una bonita historia que no dejó de recordarme al libro 84 Charing Cross Road (por más que yo no esté tan de la chavetilla como Helene Hunff;-)

Bien, vayamos al grano. La historia de Demian comienza con la historia de Sinclair y se narra a través de ella, ya que, en realidad, el libro es una narración en primera persona del propio Sinclair, que nos cuenta cómo conoció a Demian y cómo éste influyó en su vida.
La historia es la evolución de Sinclair, desde que es un niño aterrorizado por otros niños con poder sobre él, hasta que se convierte en un joven maduro y reflexivo; pasando, cómo no, por la típica fase rebelde que a veces cursa con regueros de alcohol.

Sinclair es un crío de buena familia a quien otro crío aterroriza y chantajea. Demian es el chico misterioso de la clase, que irradia algo especial cuando se le mira. La amistad de ambos chavales se traba a partir de una reinterpretación que Demian hace de la historia bíblica de Caín. Para Demian, el signo de Caín recae sobre todas aquellas personas que no se resisten a ser asimiladas por la masa, que quieren sobresalir. Caín no era malo, sino superior, diferente. Para Demian, la gente tenía miedo de Caín y de sus hijos porque había algo en ellos, apenas perceptible, que denotaba su diferencia, su superioridad. Y la gente lo interpretaba como una señal del mal. Pero según Demian, no es así, sino que Caín y sus hijos eran gente con valor y carácter, lo cual no agrada mucho a la gente:

”Leute mit Mut und Charakter sin den anderen Leuten immer sehr unheimlich” La gente con valor y carácter siempre le resulta incómoda (desagradable) al resto de la gente.”

A Sinclair, la explicación no acaba de convencerle, aunque tampoco le deja impasible. Pero poco a poco va comprendiendo. Y es que él mismo sentía que pertenecía a dos mundos distintos: uno bueno, conformado por su familia y su casa; otro malvado, conformado por otros chavales de su clase. El problema radicaba siempre en la forma de conjugar ambos mundos, o de mantenerlos en equilibrio.

El tiempo pasa y Sinclair se va a estudiar a otra ciudad. Allí, se deja caer en el lado “malo” y lleva una vida despreocupada y regada con abundante alcohol. Hasta que un día, vuelve a recordar a Demian y comienza, por fin, a comprender que él también lleva en sí el signo de Caín y que la bondad y la perversidad están conjugadas y forman un todo indisoluble, cuyos límites no se pueden establecer. Demian resume este proceso que sufre Sinclair en una frase:

“Wer geboren werden will, muss eine Welt zerstören” (El que quiera nacer, debe destruir un mundo)”

El resto del libro se ocupa de la evolución del carácter de Sinclair y de su progresivo ensimismamiento. Este ensimismamiento, la búsqueda del poder y de la capacidad para hacer las cosas y para cambiar el mundo en uno mismo es una de las ideas básicas del libro, que se repite continuamente bajo diferentes formas. Por ejemplo, Pistorius, un amigo de Sinclair que comparte con él la concepción unitaria del bien y del mal, le dice en una ocasión:

”Die Dinge, die wir sehen […] sind dieselben Dinge, die in uns sind” (Las cosas que vemos, son las mismas cosas que están en nosotros).

Y es que uno tiene que aprender a meterse en sí mismo como hacen las tortugas.
Finalmente, el poder mental de Sinclair pasa por poder llamar desde su voluntad a las personas, sólo con el pensamiento, como le ocurre con la madre de Demian.

Aunque Hermann Hesse está influido por la obra del psicoanalista Carl Jung así como por las religiones brahmánicas, las ideas que plantea en el libro son patrimonio de la humanidad; no hace falta comulgar con el psicoanálisis ni con ningún tipo de religión para asistir al proceso de búsqueda del yo de Sinclair, sentirlo, comprenderlo y compartirlo. La inquietud por encontrar la esencia que nos lleva a hacer las cosas, es algo que revolotea por todas las cabecitas que pueblan la tierra y que sobrevuela la historia y la geografía. Aunque existen muchos símbolos en el libro, como son los sueños de Sinclair o los dibujo que él hace y que no son en realidad, más que dibujos de sí mismo en lo que tiene que aprender a reconocerse, no es necesario haberse iniciado en ningún tipo de ritual para comprender la esencia del libro y el problema sobre la autoconciencia que Hesse nos plantea.

En ocasiones, el libro puede resultar algo idealista, puesto que Demian plantea que la capacidad de la mente va mucho más allá de lo que parece que va. En realidad, sólo nos hace falta reflexionar un poco y aplicar la idea para ver que, en efecto, cuando uno quiere algo, basta desearlo con mucha fuerza y entonces se cumplirá. No por arte de magia, sino porque el deseo nos pone en movimiento para hacer todo lo posible para cumplirla. Así pues, Demian no es tan idealista como parece. De hecho, la misma frase acerca de nacer y destruir revela que parte importante de la vida humana es el esfuerzo y que nada sale de la nada:

Probablemente todos tenemos un poco de Sinclair y un poco de Demian. E incluso quizás todos tengamos el signo de Caín. Sólo hay que aprender a mirar, en cada caso, qué significa. Y eso se consigue viajando como las tortugas.

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200504.htm

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