Diccionario de la lengua italia¬na, Niccoló Tommaseo

[Dizionario della lingua italiana]. Famo­sa compilación ligada al nombre de Niccoló Tommaseo (1802-1874), que la dirigió a par­tir del año 1857, en colaboración con Ber­nardo Bellini (1794-1877) y numerosos filó­logos y literatos. La obra, impresa en 1858, fue continuada en 1862 y terminada, en lo que concierne a las últimas letras, parti­cularmente por Giuseppe Meini (1810-1889).

Inspirado en criterios rigurosamente filoló­gicos, hasta el punto de añadir unas cien mil voces al Vocabulario de la Crusca (v.) y a los diccionarios y suplementos de Gherar- dini, Fanfani y otros, este Diccionario se caracteriza por la aguda visión y compren­sión de las cosas que en todo momento revela Tommaseo en sus trabajos, por frag­mentarios que sean o inspirados en una circunstancia particular. La introspección psicológica que brilla en Fe y Belleza (v.) y en las observaciones del Diccionario de sinónimos (v.) se afirma aquí de un modo preciso y justo.

Podría afirmarse que Tom­maseo, que de sus entusiasmos patrióti­cos pasa a adoptar una posición bastan­te áspera de satírico y a sentir inquietudes religiosas, halla en este enorme trabajo colectivo, revisado y desarrollado por él, una segura, piedra de toque. Son nota­bles la delicadeza al juzgar las cosas y las personas, el amor a la patria en todas sus formas, la conciencia de la historia y, ante todo, la incesante búsqueda de la belleza y de la verdad, a través de libros eruditos y dichos populares.

La lengua está entendida en su valor espiritual, como una conquista del saber que se divulga entre las gentes y conserva el patrimonio moral y religioso. De este modo, el diccionario, concebido en Turín y elaborado en Florencia, venía a plantear la necesidad de una obra cultural que fuese índice de un espíritu renovado. Las diversas relaciones entre la lengua y la historia, es decir, entre la palabra y la costumbre, son estudiadas después para des­cubrir la gran riqueza de la elocución ita­liana; y si el habla florentina se mantiene como base de la compilación, las voces raras o en desuso se mantienen con el fin de proporcionar, con ejemplos históricos, un motivo de reflexión sobre la evolución lingüística, a la vez que un medio para comprender a los antiguos literatos. Por tal significado histórico y a la vez norma­tivo, el Diccionario, incluso frente a la re­novación de los estudios lingüísticos, con­serva todavía un notable interés.

C. Cordié