Luisa, Gustave Charpentier

[Louise]. ópera en cuatro actos y cinco cuadros, texto y música de Gustave Charpentier (1860 – 1946), estrenada en la Opera Comique de París a principios de 1890. En Luisa, donde Charpentier cantó el sueño de los pobres y del artista de veinte años, «que sueña con conquistar el mundo y la hermosa vecina por añadidura», los detalles de los acontecimientos son vulgares; pero en ellos se agita todo un mundo. Luisa, cos­turera, ha conocido al poeta Julián que vive al lado. La madre de ella, mujer del pueblo, no puede sufrirlo, porque le parece un holgazán. Y cuando se entera de que las relaciones entre ambos jóvenes están bas­tante avanzadas, se muestra decidida a librar a Luisa de la perdición. El padre, un buen obrero, adora a su hija y no se opondría a su felicidad de no verse instigado por su mujer y si las informaciones respecto a Julián fuesen mejores. Entre tanto, Julián se lleva a la muchacha, que es coronada reina entre los «bohémiens» del Barrio La­tino. Pero interviene la madre, y ahora rue­ga humildemente a Luisa que vuelva a casa, para que su padre no muera de dolor, y Luisa vuelve. Pero cuando los padres se enteran de que Julián quiere tener a Luisa como amante y no como mujer, vuelve a encontrarse prisionera. El padre tiene mo­mentos de conmovedora sinceridad, pero el tibio y reposante calor de su corazón ya no basta a Luisa, que quiere vivir y amar. Entonces el padre la echa de casa. La hija está perdida: París se la ha llevado.

Con­movedora y humana, Luisa es la ópera de las «Caterinettes» parisienses, que se la saben de memoria aunque esté impregnada hasta la médula de un wagnerismo flagran­te y bastante avanzado. Pero, aunque wagnerianas, algunas páginas tienen una emo­tividad tan nueva y personal, que ya no importa si, al volver el padre y pedir su sopa, la orquesta ataca un hermoso tema tristanizante. No radica aquí el mecanismo emotivo. Los caracteres son todos vivos; uno de los más extraordinarios, aunque se­cundario, es el de la muchacha de la sas­trería que, cuando Julián canta y ella está harta, no tiene empacho en hacer altavoz con las manos y gritarle: «ta gueule!» («¡A ver si callas!»). En la base del contenido de la obra está la tesis del socialismo huma­nitario, que, como en el naturalismo de Zola, tiene su teórico musical en Alfred Bruneau; pero su representante genial con­tinúa siendo Charpentier. Luisa es conside­rada, pues, como la ópera más conseguida del naturalismo musical francés.

E. M. Dufflocq