Los Locos de Valencia, Félix Lope de Vega Carpió

Comedia en tres actos y en verso de Félix Lope de Vega Carpió (1502-1635), publicada en 1620. El joven aragonés Florián, creyendo haber matado en riña al príncipe Rainero, huye, a pie, hasta Valencia, donde un amigo, para salvarle de persecuciones, le aconseja fin­girse loco, y como tal le hace entrar en el famoso hospital de la ciudad.

Al mismo tiempo, la joven Erífila, que ha huido de su casa con su criado Leonato, en busca no de amor, sino de libertad, es robada por éste y abandonada semidesnuda en las cer­canías del manicomio; también la toman por loca y la encierran en el mismo hospital. Entre los dos jóvenes nace un sentimiento amoroso que de buenas a primeras impulsa a Erífila a fingirse loca, para hacerse agra­dable a Florián que, por fin, es inducido a declarar la verdad. Pero los juegos de amor y locura no se detienen aquí; de Erífila se enamoran locos auténticos y hasta los mis­mos médicos del manicomio; y por Florián se encaprichan Fedra, la sobrina del direc­tor, y Linda, su joven sirvienta, las cuales no hallan otra solución sino la de entre­garse a una locura fingida divertidísima. Cuando Florián está a punto de contraer un matrimonio de burlas con Fedra, y Erí­fila, con pretexto de hallar una cura más eficaz, es sacada de allí por uno de sus adoradores, la intriga se desata felizmente.

El príncipe Rainero, que no ha muerto, asiste, para divertirse, al matrimonio de burlas; Erífila, loca de celos, descubre el secreto de Florián, pero esta revelación no logra sino hacer recaer sobre el presunto homicida el agradecimiento de la presunta víctima, quien, haciendo que le tuvieran por muerto, ha conseguido rendir el cora­zón de una dama. La comedia es una farsa típica, pero sobre lo cómico de las situa­ciones se delinean figuras, se afirman carac­teres, se graban tendencias y disposiciones de la naturaleza humana. Las intenciones satíricas de Lope no van más allá de la afirmación de que entre locos y cuerdos la línea divisoria es poco clara, y la ligereza del argumento ha permitido al autor com­placerse en aquel tema lleno de recursos cómicos por sus escenas de carácter demencial. Lope se ha divertido poniéndose él mismo entre los locos del Hospital de Zaragoza con el pseudónimo de Belardo, con el cual toma también parte en otras come­dias suyas.

A. R. Ferrarin