Loores de Nuestra Señora, Gonzalo de Berceo

«Prosa» del poeta español Gonzalo de Berceo (na­cido en la Rio ja a fines del siglo XII), es­crita en «cuaderna vía», su metro caracte­rístico. El estilo de esta obra carece de aquella jugosidad propia de las otras del autor, lo cual, junto con la inseguridad e impericia en el manejo de los tetrástrofos, ha hecho suponer a los críticos que quizás se tratase de una de sus primeras obras.

El poema es un compendio de la vida de Jesu­cristo y hasta el final no adquiere caracteres auténticamente marianos (si bien en el sen­tido de que la vida de Jesús y su redención sólo se comprende en función de María, sí es totalmente mariana esta obra). En ella encontramos constantemente glosas a los libros del Antiguo Testamento, a los Evan­gelios y a las Actas de los Apóstoles, remi­niscencias librescas, alusiones a las profe­cías, a los salmos, a temas profanos y mito­lógicos incorporados a la simbología cris­tiana, como el vellocino, etc., lo que per­mite suponer que el poeta crea bajo una impresión todavía reciente de las lecturas escolares. Pero en la obra hay ya mucho de lo que será el Berceo posterior: su forma típica de dirigirse al público («Acordemos- nos todos, sennores e hermanos»), su propia intimidad («¿qué hará él el día del jui­cio?»). Hacia las últimas estrofas del poema empiezan los ruegos y loores: «Dulçe es el tu nombre, dulçe toda tu cosa; /salió, cuan­do tú naciste, de la espina rosa; / tú abriste los misterios como natural cosa; / a ti recebió don Xpo para ser su esposa. /Ante la tu beldad non han preçio las flores, /ca tal fue el maestro que echó las colores».

Insiste en la virginidad de Nuestra Señora y para explicarla acude a las comparaciones del rayo de luz que atraviesa el cristal («En el vidrio podría asmar esta razón:/como lo pasa el rayo de sol sin lesión,/tú así engendreste sin nulla corrupción,/como si te passasses por una visión»), de la estrella que da luz sin consumirse, etc. Termina el poe­ma rogando a la Virgen por los pecadores, por los amigos y por él mismo («Aun mer­ced te pido por el tu trobador,/qui este romance fizo; fue tu entendedor;/seas contro tu Fijo por elli rogador;/recábdali li­mosna en casa del Creador») de una forma que ha hecho suponer a algunos que existe un paralelismo o influencia con la antífona «Sancta Maria, succurre miseris».

A. Comas