La Lozana Andaluza, Francisco Delicado

Obra de Francisco Delicado (siglo XVI), impresa en Venecia en 1528 con el título Retrato de la lozana andaluza en lengua española muy cla­rísima, compuesta en Roma. El autor, anda­luz que vivió largo tiempo en Italia, contri­buyó a la literatura celestinesca con este su libro más bien obsceno, cuyas peripecias ocu­rren en Italia: está dividido en diálogos lla­mados por el autor «mamotretos», en los que se representa cuanto de más corrompido po­día encontrarse en la Italia del Renacimien­to, en un ambiente semi italiano, semi es­pañol, con matices del más crudo verismo.

Aunque el autor asegure que su obra «continene muchas más cosas que la Celestina» (v.) no se puede decir que se le parezca. Se asemeja por el contrario al tipo de los Diá­logos (v.), del Aretino, publicados-poco des­pués, en 1534, y consta de una serie de escenas no teatrales, pero sí de viva y di­námica representación, sobre la vida roma­na de la protagonista, hembra de rompe y rasga, en un ambiente digno de ella y con una profusión de personajes (ciento veinti­cinco) como para dejar confuso y aturdido al lector: cortesanas, judíos, lacayos de pre­lados y casas nobles, mercaderes de todas las naciones, gente de mundo de la «época, clientes de mozas de partido, etc. «Paraíso de Putas» según Delicado, se llamaba co­múnmente a Roma, y entre ellas, «las espa­ñolas son las mejores y las más perfectas». La obra conserva Interés no sólo por los elementos históricos y folklóricos (Saco de Roma, supersticiones, noticias culinarias, etc.) y por el lenguaje, lleno de andalu­cismos e italianismos, sino también por su valor de innovación literaria.

Es de notar, que este libro constituye un precedente de la novela picaresca en la que la protago­nista es una mujer; y que en ella aparece por primera vez el nombre «lazarillo» que desde la publicación (1554) de la famosa novela Lazarillo de Tormes (v.), fue en lo sucesivo siempre aplicado a los encargados de guiar a un ciego. Si, como parece, Deli­cado era vicario de Cabezuela, formaría una buena pareja con su ilustre predecesor del siglo XIV, el alegre y desenvuelto arcipreste de Hita, autor del Libro del buen amor (v.). A una mayor experiencia personal que el arcipreste, añade Delicado un impudor cí­nico, un desbocado brío y una extraordina­ria riqueza verbal. . Trad. francesa de Alcide Bonneau (París, 1888).

C. Boselli

En rigor, La Lozana no tiene anteceden­tes literarios. Nació de la vida y no de los libros: fue un producto mórbido de la co­rrupción romana. Su valor estético es nulo, pero su importancia como documento his­tórico es grande, con ser tantos los que exis­ten sobre la prostitución en el siglo del Renacimiento… En rigor puede decirse que La Lozana no está escrita, sino hablada, y esto es lo que da tan singular color a su estilo y constituye su verdadera originali­dad. (Menéndez Pelayo)