El Literato Defendido y Enmendado, Daniello Bartoli

[L’uomo di lettere difeso ed emendato]. Obra crítica y doctrinal de Daniello Bartoli (1608-1685), publicada en 1654. Sin penetrar en la naturaleza del arte, antes bien aceptando sin discusión el concepto entonces corriente del arte imitador de la naturaleza, Bartoli trata de las di­versas posibilidades de imitación en el campo de la literatura. Según un hábito mental poco riguroso en las concepciones teoréticas pero muy perspicaz en sus inter­pretaciones particulares, el escritor une mo­tivos artísticos y motivos morales para lle­gar a explicar mejor en qué consiste la excelencia de un escritor y de qué modo puede alcanzar eficacia tanto en la creación como en la persuasión de sus contempo­ráneos.

Ser creador no es cosa esencial para el literato, observa moralísticamente Bar­toli; pero debe ser ante todo perspicaz para distinguir bien el alcance de las cosas y su función en la sociedad. Toda obra de arte nace, pues, de una maduración de pensa­mientos y meditaciones útiles a la sociedad. Es menester, por lo tanto, «imitar», pero para mejorar; la discreción, la originalidad moderada y la consideración de las nece­sidades de la época confieren a un escritor un lugar honroso en la tradición. Si bien las partes generales y más claramente teó­ricas del libro muestran la debilidad de argumentaciones de tipo aristotélico, algu­nas observaciones sobre el estilo concep­tuoso, propio de la literatura del siglo XVII, son notables por su viva comprensión de los problemas. Otras páginas interesan­tes y ecuánimes en sus juicios son las refe­rentes a los eruditos abstractos y a los alquimistas que pierden de vista la realidad del mundo; se afanan en busca de presuntuosos descubrimientos y olvidan el valor del hombre y la belleza de la naturaleza.

Esta obra de Bartoli, aunque otros escritos suyos muestren mejor su agilidad y agu­deza de crítico, ilustra muy bien la impor­tante posición adoptada en el siglo XVII por el literato que se complace en su página bien escrita y siente que su trabajo no es fundamentalmente distinto del de los filó­sofos y de los políticos para el mejoramiento de la sociedad.

C. Cordié

Nadie mejor que él conoció los más recón­ditos secretos de nuestra lengua. (Monti)

El Marino de la prosa. (De Sanctis)