Vida de Fray Junípero, Anónimo

[La vita di frate Ginepro]. Es una de las obras menores que en general se juntan a las Florecillas de San Francisco (v.), como las Considerazioni delle gloriose stimmate del beato padre nostro messer santo Francesco, la Vita del beato frate Egidio, los Detti notabili di frate Egidio, los Esempli e miracoli di messer san­to Francesco, traducción incompleta de un texto latino de finales del siglo III o de pri­meros del IV (Vita fratris Juniperi).

Se acer­ca a las más célebres «Florecillas» («Tro­zos escogidos»), por su candor, ingenuamen­te vivo y de un brío narrativo popular y de una sonrisa de casi pasmada admiración .ante la gran sencillez del fraile. El buen fraile Junípero es precisamente el «Reinthor» de los seguidores de San Francisco, in­fantilmente espontáneo y de apariencia tan santamente tonta que sus compañeros (infe­riores a su extraordinario celo) pasan del asombro a la turbación, la intolerancia y la veneración respecto de sus actos. Va por los caminos de Umbría desnudo para morti­ficarse, haciendo caso omiso de todo escán­dalo, exaltado de evangélico fervor. Corta un pie a un cerdo que está hozando para ofrecérselo guisado a un fraile enfermo; quita unas campanillas de oro y plata de un altar para regalárselas a una pobre mu­jer; guisa para los frailes y, para no perder el tiempo que debe a las oraciones, guisa para quince días, poniendo en los fogones una serie de pucheros con pollos sin des­plumar, huevos con cáscara y así lo demás, saltando de un puchero a otro para revol­ver su contenido, «y alegraba verle»», «todo rubicundo por la fatiga y el calor del fuego sirviendo sus bazofias».

Una vez que el general de la Orden le reprocha (por el asunto de las campanillas), fray Junípero va a la ciudad corriendo y regresa muy en­trada la noche con una cazuela de «farinata col butirro» (tortilla de harina con manteca de vaca) para curar al superior, que ha perdido la voz por gritarle. Arrestado y torturado por un tirano, a quien quería cubrir con sus ropas, con cara alegre, casi sonriendo, dijo: «Guardián, estás demasiado gordo, y desnudo no harías ninguna gracia; no quiero». Al morirse un compañero, el fraile Ammazzalbene, que «por fray Juní­pero lloraba y reía»,- quería abrir su tumba y hacerse con su calavera dos cazuelas, para comer y beber, en su memoria y devoción; sin embargo no lo hace, porque sabe que les frailes no le dejarían en paz. « ¡Hermanos míos — decía de él San Francisco —, quisiera Dios que de semejantes Juníperos tuviera yo un gran bosque!».

F. Pastonchi