Vida de Esopo, Anónimo

Esta biografía novelesca, que posee todas las características de la novelís­tica popular, se conserva en dos redaccio­nes manuscritas bizantinas, la westermaniana y la accursiana, así llamadas respec­tivamente por los nombres de los primeros editores.

El contenido es el mismo en las dos redacciones, salvo algunos añadidos re­tóricos en la accursiana; difieren por el lenguaje, que es llano y popular en la westermaniana, y retórico y precioso en la ac­cursiana, que se presenta como paráfrasis de la anterior, realizada por un purista. No es posible saber quién fue éste, más aún teniendo en cuenta que las nueve décimas partes de los literatos bizantinos eran puris­tas; lo que sí es cierto que no fue Máximo Planudes, el célebre literato del siglo XIII, al cual le fue atribuido por el hecho de que la publicó al frente de una colección de fábulas de Esopo. La mayor antigüedad de la westermaniana aparece confirmada por la coincidencia (no total, ya que el texto d£ los escritos populares oscila continuamente) con dos fragmentos de una vida de Esopo, hallada en un papiro de la Antigüedad tar­día (tal vez del siglo VI o bien del V). La novela se compone de tres partes. En la primera, el esclavo frigio Esopo, notable por su ingenio natural, aprovechándose de ello hace objeto de todo género de burlas a su dueño, Xanto de Samos, filósofo docto.

Esta parte termina con la emancipación de Esopo, concedida por el pueblo samio como recom­pensa por haber interpretado, en una asam­blea popular, el augurio de cierto pájaro. En la tercera parte, Esopo recorre el mundo griego, extendiendo por doquier admoni­ciones y consejos mediante oraciones pú­blicas. Finalmente, Esopo es condenado a muerte por los sacerdotes délficos, quienes para vengarse de sus befas le introducen en su zurrón una copa del tesoro de Apolo y lo calumnian después como ladrón sacrílego. Entre las dos partes se intercala una narra­ción de los largos viajes de Esopo a las cortes de Babilonia y Egipto. Aquí, Esopo queda convertido en un sabio oriental que acierta a solucionar difíciles adivinanzas. Lo principal de este segundo episodio es, sin duda, la leyenda oriental de Alviqar, cuya primera redacción es probablemente aramea, si bien surgida bajo la influencia de la civilización asiriobabilónica. En cam­bio, las otras dos partes son de origen grie­go, jónico; en la tercera se muestra evi­dentemente el influjo de los Siete sabios (v. Sindibād).

No resulta muy aventurado hacer derivar un texto bizantino de otro del siglo VI a. de C. Ya Herodoto sabía que Esopo fue esclavo de un samio y que murió a manos de los délficos; y añade que Apolo le vengó de la copa áurea escondida, de que fue acusado por Aristófanes. Abundan los testimonios de la leyenda, bien que en forma circunstancial, desde los tiempos ale­jandrinos en adelante. Es indudable que fue objeto de continuas modificaciones. Y sa­bido es que con suma frecuencia se da el caso de que las leyendas populares sean anteriores en muchos siglos a los libros donde son expuestas o se les da forma.

G. Pasquali