Poema de Alfonso XI, Rodrigo Yáñez

Crónica ri­mada de Rodrigo Yáñez, compuesta, pro­bablemente, entre enero y septiembre de 1348. Está escrita en cuartetas de ocho síla­bas de rima consonante, aunque no muy perfecta, en una lengua mixta de leonés, castellano y gallegoportugués.

El propósito del autor es poner en «cuento», en un «ro­mance bien escripto o coronica fermosa», las grandes hazañas de Alfonso XI y sus vasallos para que «nascidos e por nascer» hablasen siempre de ellas. Para cumplir este propósito, el autor se atiene a un es­tricto plan biográfico, adquiriendo sentido la sucesiva narración de episodios y circuns­tancias con la presencia constante de la figura del monarca. Yáñez se desentiende todo lo posible de las luchas internas entre el poder real y la nobleza, y subordina todo su interés a la empresa nacional de la re­conquista, convirtiendo así la historia del reinado en «gesta» de Alfonso XI, como la llamó don Diego Hurtado de Mendoza en la carta que escribió a Zurita relatándole el hallazgo del viejo poema.

Yáñez se sirvió, para la redacción del poema, de una Gran crónica de Alfonso XI, desconocida hasta que en 1951 dio cuenta de ella Diego Cata­lán y de la cual deriva, también, la hasta hoy conocida por Crónica de Alfonso XI, que no es más que la abreviación del texto descubierto efectuada en tiempo de Enri­que II. Nuestro autor se sujetó de una manera absoluta al texto de la crónica, metrificando no sólo los mínimos detalles de la acción, sino también las formas ex­presivas que le son peculiares. Su fidelidad llega hasta la reproducción de cifras y fechas, como era frecuente en las viejas «chansons de geste»: «acabados los años mill/e los trezientos de la Encarnación, / cinquenta e nueve conplirán/los años desta fazaña» (1812-13).

Pero esta sujeción sustancial al relato de la crónica no quiere decir que el autor no utilizara otras fuentes. La cultura literaria de Yáñez abarca no sólo las cró­nicas nacionales, sino también las gestas de tema carolingio, los poemas del «Mester de clerecía», las novelas de caballerías y la historia africana, y algunas de estas obras han dejado su huella en el Poema. En efec­to, la influencia del Libro de Alejandre (v.) y el Poema de Fernán González (v.) en algunos pasajes de nuestro poema es evi­dente, así como la de textos juglarescos en muchos de sus recursos estilísticos y téc­nicas narrativas (descripción de batallas, oraciones épicas, etc.). Uno de los pocos escapes que Yáñez se permitió en su mo­nótona labor de encerrar en la breve fórmu­la de un verso la prosa cronística, fue el de las profecías históricas, formuladas bajo el nombre del legendario Merlín.

Efectiva­mente, el Poema interrumpe en dos ocasio­nes la narración de los hechos históricos para señalar el cumplimiento de sendas profecías: una, muy breve, cuando Alfon­so XI da muerte, en Toro, a don Juan el Tuerto; otra, más importante, tras la batalla del Salado. Otros elementos que no se hallan en el texto cronístico que versifica el poeta intensifican el interés hacia el mundo islámico propio del Poema y la crónica. Son el lamento del alcaide de Algeciras cuando Alfonso XI completa el cerco de la ciudad aislándola por mar con toneles atados con cadenas, imitación de la famosa elegía de Alhuacaxí a Valencia cuando el Cid la tiene totalmente cercada, y la comparación de Algeciras, que aspira a conquistar Alfonso XI, con una doncella solicitada, tema tan característico de la poesía árabe.

Los recursos poéticos de que se sirve el autor son de una gran atonía, insistentes y frecuentemente prosaicos. Una de las comparaciones más usuales consis­te en relacionar la bravura o la saña de sarracenos y cristianos con animales: «paresce león con ravia / e lobo carnicero» (1703). Para la fortaleza de ánimo o cor­poral utiliza varias comparaciones: «cora­zón commo de cobre» (278), «commo una peña fuerte» (808), «fuerte commo fino azero» (903), etc. La imagen que quizá sugiere mayor número de comparaciones es el fue­go: «e las armas relozían/como llamas de foguera» (76), «con una espada que teníe,/ feriendo muy mortalmente,/a do dava, paresgíe/que salle fuego ardiente» (807), etc. La blancura de la ciudad mora de Algeciras debió impresionar vivamente a Yáñez, ya que a ella se refiere en varias ocasiones: «Algeciras esplandor daba/commo estrella levante» (2133), su mezquita es de aquellas «más blancas que fino hueso», es decir, marfil (882), el alcázar es «fermoso commo robí» (2012).

La metáfora de más interés literario es aquella en que identifica a los enemigos con animales de montería. La ad­jetivación es pobre y monótona (Diego Ca­talán sólo enumera diez epítetos, que se repiten hasta la saciedad). Otro de los re­cursos de que se sirve el autor es la nega­ción reforzada con sustantivos de objetos despreciables, muy típica de la literatura y la lengua hablada de la época: «yo una paja non diera» (859), etc. Otro de los ras­gos estilísticos constantes es el uso de sen­tencias: «el omne de poco seso/por su len­gua toma muerte» (838).