Memorias Póstumas, José María Paz

Obra del gene­ral argentino José María Paz (1791-1854), cuya primera edición, de 1855, en cuatro tomos, incluye anotaciones de Sarmiento. Empezó a escribirlas en 1839, en Buenos Aires, cuando tenía la ciudad por cárcel, y las terminó en 1847, exilado en Río de Janeiro. Comprenden las. campañas de la Independencia, en que intervino como ofi­cial subalterno, desde su incorporación al ejército, a comienzos de 1812; las de la guerra civil, de 1819 a 1821, ya como oficial de jerarquía, y de 1829 a 1831 como gene­ral en jefe; los años de prisión, en Santa Fe, en Luján y en Buenos Aires (hasta 1840); y las campañas contra Rosas (1840- 1847).

Hasta ahora no han sido publicadas las partes correspondientes a la guerra con el Brasil, en la cual obtuvo los entorcha­dos de general, ni al sitio de Montevideo, cuya defensa organizó de tal modo que en nueve años de sitio no pudieron tomarla las tropas de Rosas. El historiador Carlos I. Salas da noticia del manuscrito, que ha manejado. Son treinta y cinco años de his­toria argentina agitadísima, referidos por el protagonista y actor principal de los sucesos. El relato de la vida pública en que Paz intervino; los retratos, a plena luz, de los hombres que trató, aunque sumamente valiosos, interesan hoy menos que las consideraciones y reflexiones sobre la situación del país, en especial durante la guerra civil y contra Rosas; reflexiones que constantemente se formula con conciencia vigilante, incluso frente a los hombres de su propio partido.

Hay un mundo de va­lores, a cuyo servicio está el general Paz: los de la cultura europea de la época, opuestos al salvajismo y falta de respeto a la persona humana, de los caudillos y de Rosas. En ello coincide con las grandes personalidades que forjaron la Argentina moderna (Mitre, Sarmiento, Alberdi, etc.). Su sentido del orden y su sensibilidad mo­ral hicieron de él el mejor organizador, militar y político, de la época; pero esas mismas condiciones fueron el obstáculo que le impidieron alcanzar el triunfo, sin ha­ber perdido una sola batalla, como él mis­mo observa en sus Memorias. «Ni aun para herir a mi mayor enemigo inventaría una mentira».

E. F. Rubens