Catón

La figura de Marco Poncio Catón, llamado el Uticense, fue elevada a causa del estoico heroísmo de su muerte a símbolo de la virtud romana por sus mismos contem­poráneos y como tal fue celebrada por his­toriadores, oradores y biógrafos, que difun­dieron su fama, en el mundo antiguo. Ape­nas muerto, Cicerón ensalzó su amor a la libertad republicana en un Elogio de Catón, perdido, al que César opuso un Anti-Catón, también perdido. Entre otros, escribieron sobre Catón: M. Bruto, Fadio Gallo, Muna- cio Rufo, Salustio, Ascanio, Valerio Máximo, Apiano, Dion Casio, Traseas Peto y otros. En este último inspirase Plutarco para es­cribir una de sus Vidas paralelas (v.), que junto con un renovado culto hacia la hu­manidad transmitió a Rousseau, Alfieri y al mundo moderno el amor hacia Catón.

*  En la biografía de Plutarco está inspira­da la tragedia Catón [Cato] de Joseph Addison (1672-1719), representada en 1713. Tiene por argumento la última fase de la vida del republicano, sitiado por César en Utica (46 a. de C.). En ella aparece el héroe trai­cionado por el senador Sempronio y por Si- fax, aliado númida, pero fielmente apoyado por Juba, príncipe númida. Resultando inútil toda ulterior resistencia, Catón, mirando por la salvación de sus amigos, se quita la vida antes que rendirse a su vencedor. El amor se introduce en el drama con la ternura que Juba siente por la hija de Catón, Marcia, y con la rivalidad de los dos hijos de Ca­tón por la mano de Lucia, rivalidad a la que pone fin la muerte de uno de ellos en esforzada lucha con el traidor Sifax. La tra­gedia (a la que Pope puso un prólogo) tuvo un éxito que a nosotros nos parece despro­porcionado a sus méritos, harto modestos. Escrita bajo el influjo del drama clásico francés, ofrecía un contraste con el teatro inglés anterior, razón por la que mereció el elogio de Voltaire en su prefacio al Bru­to (v.), en 1730, y en el ensayo De la tra­gedia inglesa, de 1761, que la califica como la única tragedia inglesa «bien escrita desde el principio hasta el fin», y que considera a Addison «el primer inglés que ha com­puesto una tragedia razonable»; mientras que Lessing, en la Dramaturgia hamburgue­sa (v.), juzgó a Addison como inepto para escribir para el teatro. A Algarotti la trage­dia Catón parecióle «uno de los poquísimos dramas modernos cuyo estilo es realmente trágico, y en el que los romanos hablan ro­mano y no español», «tragedia escrita, como las antiguas tragedias, con fines políticos» y «respirando en todas sus partes la austeri­dad antigua». La razón del éxito del drama fue, en realidad, ante todo política: la de­fensa que hacía Catón de la libertad inflamó los espíritus en una Inglaterra en la que, a causa de la debilidad creciente de la reina Ana, el problema de la sucesión se pre­sentaba agudísimo. El Catón fue objeto de adaptaciones en Francia (Catón d’Utique, de Deschamps, v. más abajo), en alemania (de Gottsched, Catón moribundo, v. más abajo), fue traducido en Italia por Antón María Salvini y representado por los «Academici Compatiti» en Livorno, en el Car­naval de 1714, impreso en Florencia en 1715, y de nuevo en 1725 con el texto delante. Vinieron después las traducciones del napo­litano Nicola Saverio Valletta, de Martello, del jesuita Acquaviva, rector del Colegio Escocés de Roma y de Gaetano Golt (Euridalco Corinteo). Martello la tradujo en aquellos versos que él llamó «yambos ri­mados» y que los posteriores, en su honor, llamaron «martelianos» [alejandrinos, en Es­paña].

M. Praz

El Catón de Addison es uno de los poquí­simos dramas en el que el estilo es realmen­te trágico y los romanos hablan romano y no español. (Algarotti)

*   La tragedia Catón de Utica [Catón d’Uti­que], del poeta francés François-Michel- Chrétien Deschamps (1683-1747) fue repre­sentada con gran éxito en 1715. Deschamps concibió la tragedia con agilidad y ma­yor nobleza de estilo, pero la obra es ora­toria y fría y cayó pronto en el olvido.

*   Pietro Metastasio (Pietro Trapassi, 1698-1782)           hizo de la tragedia un melodrama en su Catón en Utica [Catone in Utica], re­presentado con música de Leonardo Vinci en Roma, en 1728. Los personajes llevan nombres que no corresponden a los histó­ricos, excepto Catón y César: Marcia es hija de Catón, enamorada de César y amada por Arbaces, príncipe de Numidia; Fulvio, en­viado del Senado a Catón, pertenece al par­tido de César pero está enamorado de Emilia, viuda de Pompeyo e hija de Escipión. De las primeras escenas resulta que César, que está sitiando Utica, se propone hablar a Catón, en tanto que Arbaces, aliado de Ca­tón, pide a Marcia por esposa, mas ésta, que ama a César, rehúsa. Cuando César lle­ga, ofrece a Catón paz y amistad; Catón aceptaría a condición de que César depusie­ra la dictadura y devolviese a Roma la li­bertad. César sostiene su punto de vista, y Catón se encierra en su intransigencia’, inci­tado al propio tiempo por Emilia, que le ha elegido como vengador de la muerte de Pompeyo. En estos propósitos, Emilia procu­ra atraerse a Fulvio, quien finge prestarse a su juego para descubrirlo, mientras Marcia tiene ideas más conciliadoras e intenta in­ducir a su padre a considerar los leales pro­pósitos de César. De este modo, el drama ofrece el contraste entre dos conjuras: una en contra y otra en favor de César, compli­cadas por el choque de sentimientos amoro­sos. La escena central del segundo acto con­tiene el conflicto ideológico entre Catón y César, en el que César, soportando las obs­tinadas invectivas de Catón, llega hasta el extremo de pedirle a Marcia por esposa como prenda de alianza. Pero Catón, ante la sola idea de que su hija pueda amar a César, la persigue como traidora a la patria y al padre, teniendo ésta que huir. Entretanto, Emilia ha urdido un plan para atacar a Cé­sar cuando regrese a su campamento por un atajo secreto: en este pasaje se encuen­tran en el tercer acto César, atacado por Emilia con la «espada desnuda», inútilmen­te defendido por Marcia y después salvado por Fulvio, quien acude con su gente ar­mada, en tanto que las legiones cesarianas han expugnado Utica, y Catón, herido, viene a morir delante de César, el cual desecha el laurel de la victoria porque ha sido a costa de la vida de su fiero enemigo, pero digno y noble ciudadano de Roma. El drama es farragoso y endeble a causa de las compli­caciones sentimentales que lo empequeñe­cen; y hasta la disputa entre César y Catón, aunque acertada en su argumentación, se desarrolla en forma vulgar: con todo, gozó de éxito por su aliento retórico y su valien­te esfuerzo en favor de la libertad.

M. Ferrigni

*   Menos original es la tragedia en cinco actos Catón moribundo [Der sterbende Cato], de Johann Christoph Gottsched (1700-1766), publicada en 1732. Arsena, que se cree hija de Arsaces, rey de los partos, se ha refu­giado en Utica al lado de Catón, como par­tidaria de Pompeyo. La sigue Farnaces, prín­cipe oriental, que había sido su prometido y que ahora se ve rechazado por la muchacha, la cual se ha enamorado de un romano venido a la corte de Catón para inducirle a aliarse con César. Catón descubre en Arsena a su hija y, cuando Farnaces la pide por esposa, se niega porque Arsena, en su calidad de romana, no puede casarse con un bárbaro. Entretanto, César, llegado ante las puertas de Utica, solicita una entrevista con Catón, le ofrece casarse con Arsena y sellar así la paz. Pero la muchacha rechaza la proposición, locamente enamorada del desconocido romano, y, sólo más tarde, des­cubre de pronto que Catón es su padre y que César es el hombre amado del que la aleja para siempre el odio paterno. Por otra parte, Farnaces medita la traición e intenta raptar a Arsena, pero su hermano la de­fiende y ambos se matan uno al otro en el combate. La tragedia concluye con la muer­te de Catón, el cual, después de haber re­husado el mando del ejército que le ofrecía César contra los hijos de Pompeyo, se mata, legando a su hijo Poncio el odio contra el tirano y a Arsena la renuncia de su amor. El autor justifica el suicidio del protagonis­ta, que rebaja, a su entender, sus cualidades de héroe de tragedia, con «el exceso de amor a la libertad» que le induce al error y des­pierta en el ánimo del público la compasión, según corresponde a los fines de la tragedia. Además, siendo el suicidio permitido por los estoicos y muriendo Catón con una invoca­ción a los dioses, la ley moral quedaba in­mune de ofensa y el tema podía ser con­siderado «digno». Con esta tragedia Gotts­ched se proponía dotar al teatro alemán, cuya funesta decadencia describe en la in­troducción, de un modelo y de unas normas que pudieran servir para producir verdade­ras obras teatrales como en Francia e Ingla­terra. En realidad, Gottsched tradujo casi textualmente para los tres primeros actos el Catón de Deschamps, adaptándole el fi­nal de Addison. La tragedia, que fue sin razón llamada «original alemana», es impor­tante por su composición: es la primera tra­gedia de la literatura alemana escrita en alejandrinos, y es la primera en la que no se dejó margen al arbitrio de los actores y a sus bufonadas.

G. F. Ajroldi

*   Muchas fueron las obras musicales titu­ladas Catón en Utica que se compusieron en el siglo XVIII sobre el texto de Metas- tasio. Además de la ya citada de Vinci, mencionaremos las de Leonardo Leo (1694- 1744), Venecia, 1729; Johann Adolph Hasse (1699-1783), Turín, 1732; Geminiano Giacomelli (1686-1743), Viena, 1736 (?); Antonio Vivaldi (16759-1740?), Verona, 1737; Johann Christian Bach (1735-1782), Milán, 1762; Egidio Romualdo Duni (Florencia, 1739); Nicola Piccinni (1728-1800), Nápoles, 1770; Giovanni Paisiello (1740-1816), 1789; Peter von Winter (1754-1825), Venecia, 1791.