Cartas Rurales, Nathaniel Parker Willis

[Rural letters and Other Records of Thought and Leisure]. Co­rrespondencia del periodista, poeta y dra­maturgo norteamericano Nathaniel Parker Willis (1806-1867), publicada en Nueva York, en un volumen, en 1849. En la colección, que fue preparada por el autor, no figura nada que fuese inédito por aquella fecha. Con­tiene : «Cartas dé un Inválido desde Ale­mania», escritas durante un tercer viaje a Europa, en 1845 (el viaje debía terminar en Viena, donde Willis tenía un amigo, pero su inestable salud le retuvo primero en Leip­zig, junto a su hermano, después en Dresde, y en Berlín; desde allí, enfermo todavía, vol­vió a Inglaterra y de Inglaterra a América) y publicadas por el «Evening Mirror» de Nueva York, por separado, y luego en vo­lumen, en Lugares y personajes famosos [Famous persons and places]; «Cartas deba­jo un puente» [«Letters from under a Bridge»],la primera de las cuales es de julio del 1838, que fueron enviadas al mismo perió­dico, y después publicadas aparte en un vo­lumen con el título En el refugio o la tienda alzada [A l’abri, or the tent Pitched], desde la casita de Glenmery, en Owego Creek, donde Willis habitó cinco años.

Esta edi­ción contiene dos cartas no incluidas en la colección precedente: «Vagabundeos al aire libre por la ciudad» [«Open Air Musings in the City»], breves crónicas e impresiones de la vida neoyorquina publicadas ya en dia­rios y revistas, cartas desde Sharon Springs y Trenton Falls, del verano de 1848, y un cuento: «El amor de un hombre sencillo» [«A plain Man’s Love»]. La colección es im­portante y representativa de la obra en pro­sa de Willis, sobre todo en las «Cartas de­bajo un puente», y por las escenas, impre­siones y breves crónicas neoyorquinas que contienen. La época del rígido y duro rea­lismo, y del más serio empeño narrativo y artístico, que comenzó viviendo todavía Willis, y le hizo parecer entonces un anti­cuado, acentuó su crítica negativa, en per­juicio de este escritor impresionista, total­mente superficial, elegante, y, aun a veces, rebuscado y preciosista en su estilo, pero siempre rico en sabor, alegría y felices ocu­rrencias. Si Poe, a-quien Willis ayudó y de quien fue amigo, expresa un aspecto trágico de la vida en los grandes centros de la sociedad moderna, o cuando menos de la sensibilidad que de ella puede originarse, Willis supo extraer, a lo menos en algunas de estas páginas, su sabor singular, burlón y voluble. C.

Pellizzi