Cartas Eslavas, Giuseppe Mazzini

[Lettere Slave]. Cua­tro artículos de Giuseppe Mazzini (1805-1872) publicados con este título en 1857 para lla­mar la atención sobre el movimiento de los pueblos eslavos, que estaban en ebullición bajo la aparente calma que, desde la agita­ción de 1847, «las astucias de Austria, la im­bécil credulidad de Jellachich y los errores de la insurrección húngara» habían vuelto a producir en aquellas tierras agitadas por una aspiración nacionalista. Mazzini consi­dera el movimiento eslavo como el más im­portante, después del italiano, para la Euro­pa futura: desde los tiempos más antiguos, dice, la reacción de la conciencia nacional fue agitando los diversos pueblos eslavos, en Polonia, en Iliria, en Servia, en Bohemia, en Moravia: pueblos denodados, robustos, de tenaz voluntad, cuyo nombre es sinónimo de Gloria (Slawa) y que hasta en sus can­tos populares tienen acentos que revelan su carácter primitivamente arrogante.

El mo­vimiento eslavo, según Mazzini, había de transformar profundamente la constitución de Europa; veía ya la familia eslava sepa­rada en cuatro grupos, cada uno de ellos cuna probable de cuatro futuras grandes naciones: el grupo polaco, el ruso, el moravo-bohemio al que se juntarían Eslovaquia y Hungría, y finalmente el «federativo» compuesto de serbios, montenegrinos, búl­garos, dálmatas, eslavos y croatas. El pri­mero de los dos últimos grupos destrui­ría el imperio de Austria; el segundo, le­vantando las tribus helénicas súbditas de los turcos, rechazaría el Islam hacia el Asia, cambiando así enteramente el aspecto de la cuestión de Oriente. Lo inevitable, además, del movimiento eslavo venía corroborado a los ojos de Mazzini por la conformación irracional del imperio austríaco, en el cual, dos o tres millones de alemanes auténticos, cuyos intereses estaban representados por un exiguo grupo de familias poderosas, go­bernaban a treinta y cuatro millones de hombres. Bastaría, según Mazzini, que Italia tomase decididamente la iniciativa con un programa claro, del movimiento de las na­cionalidades, para que fuese suscitada, pa­ralela y concorde con la suya, la acción de los demás pueblos animados por el mismo deseo irresistible de libertad. Prescindiendo de la posibilidad práctica del plan, esta obra es significativa como documento de la con­cepción de Mazzini, que, en el universalis­mo de su idea religiosa, reunía toda solu­ción particularista del problema de la na­cionalidad.

G. Alliney