Argentina y Conquista del Río de la Plata con otros Acaecimientos de los Reinos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil, Martín Barco de Centenera

La primera edición de este poema épico en octavas reales, original del extremeño Martín Barco de Centenera (1544-1601), apa­reció en Lisboa, impresa por Pedro Cresbeck, en 1802. Su autor llegó a la Asunción con el tercer Adelantado Juan Ortiz de Zárate y pasó unos veinte años en el Río de la Plata (1573-1593).

Después de descri­bir la comarca del Río de la Plata y sus animales característicos (cantos I-III), el arcediano Centenera narra la conquista desde el descubrimiento hasta que la expe­dición de Ortiz de Zárate llegó a la Asun­ción (cantos IV-VIII), es decir, el período que conoció por los sobrevivientes, y en se­guida, los acontecimientos que vio él mismo o supo de oídos: lo que pasó en la Asun­ción hasta 1580, fecha en que se marchó a Tucumán (cantos VIII-XV y XVIII-XXI); la historia desgraciada del criollo don Die­go de Mendoza, a quien hizo decapitar el virrey Francisco de Toledo en 1572 (XVI- XVII); lo sucedido en Tucumán, Charcas y el Perú (XXII-XXIII); viajes de Pedro Sar­miento de Gamboa al estrecho de Maga­llanes y de Alonso de Sotomayor de Buenos Aires a Chile por tierra (XXIV); revuelta de los indios chiriguanos y terremoto de Lima (XXXV); y, finalmente, el segundo crucero del corsario inglés Thomas Cavendish a las costas del Brasil (XXVI-XXVIII). Es, pues, un relato misceláneo y prosaico, que sólo en la primera parte ofrece cierta unidad; el autor, preocupado de infundirle amenidad, usa un procedimiento anecdótico y digresivo, que impide seguir la sucesión cronológica.

La Argentina se parece, más que a La Araucana (v.) y sus semejantes del Renacimiento, a los poemas didáctico- históricos del siglo XV, y ofrece sus his­torias con sentido ejemplar como casos desastrosos de la fortuna; con preferencia, trata sucesos extraordinarios — hombres, naufragios, muertes cruentas, temblores de tierra, historias de adulterios y crímenes —; incluye numerosas sentencias y disertacio­nes morales — sobre la veleidad de la for­tuna, sobre codicia y avaricia— y discur­sos en loor y menosprecio de mujeres. Ex­traña mezcla de elementos cultos y popu­lares muestra la lengua del poema: los pro­verbios y versos de romance alternan con numerosos latinismos y textos sagrados. Respecto a la fortuna de este libro, recor­demos que reimprimió la Argentina Pedro de Angelis (Colección de obras y documen­tos relativos a la historia antigua y moder­na de las provincias del Río de la Plata, Buenos Aires, 1836) y la reprodujo Andrés González de Barcia (Madrid, 1749): ambas ediciones son deficientes. Hay dos reimpre­siones facsimilares, las des publicadas en Buenos Aires, 1912: una, con introducción de Carlos Navarro Lamarca y noticia de Enrique Peña, y la otra, precedida de un estudio de Juan María Gutiérrez. (Para la biografía del autor véase José Toribio Me­dina, Biblioteca hispano-americana, t. II, 14-20; los estudios citados de Navarro La- marca, Peña y Gutiérrez; y Enrique de Gandía, Vida de don Martín Barco de Cen­tenera, en la Revista del Instituto Argen­tino de Ciencias Genealógicas, Buenos Aires, 1945, IV, núm. 4 y 5, págs. 52-111.)  J. Caillet-Bois