Viajes de Alí-Bey, Doménec Badia i Leblich

Obra escrita en fran­cés por el aventurero catalán Doménec Badia i Leblich (1767-1818), conocido por Alí-Bey, con el título de Voyages D’Ali- Bey en Afrique et en Asie, pendant les années 1803, 1804, 1805, 1806, 1807. Se su­pone que el libro fue escrito inicialmenteen árabe, pero se publicó en francés el año 1814 con el título transcrito.

Profundo conocedor de la lengua, la religión y las costumbres árabes, Badia se puso al ser­vicio de Godoy, Príncipe de la Paz, con el fin de emprender un viaje científico por tierras musulmanas. Pero el viaje, al pa­recer, se trocó en político y le encomen­daron la misión de pactar con Muley Soli­mán, sultán de Marruecos y enemigo de España, o, contrariamente, de aliarse con sus adversarios. Así, pues, Badia tomó el nombre de Alí-Bey y bajo la máscara de ilustre peregrino, doctor árabe y teólogo del Islam se hizo pasar por descendiente de Abul-Abbas, tío del Profeta. El tacto, la sabiduría política, la sangre fría y el sen­tido de improvisación, descontando un extraordinario conocimiento de la mentalidad musulmana, permitieron a Alí-Bey reali­zar uno de los viajes más apasionantes de todos los tiempos. Con razón escribió Godoy en sus memorias que «la poesía pudiera haber sacado [de Badia] muchos rasgos para sus héroes fabulosos».

Hoy su fama es tan mítica como la de Marco Polo. Pero el relato que poseemos de sus aventuras da testimonio de la realidad de sus haza­ñas. Su itinerario fue el siguiente: pasó el estrecho hasta Tánger, de allí a Fez, Rabat, Marraquech y otras ciudades marroquíes. Embarcó para Trípoli y Chipre. Desde Chi­pre a Alejandría y las pirámides; luego Suez, Arabia y, por fin, La Meca, donde llegó el día 22 de enero de 1807 y fue «el primer cristiano — escribe — que ha entra­do en tan temible lugar después de doce siglos de dominio musulmán». Siguió hasta Medina, volvió a Suez, pasó a Palestina, Antioquía y terminó el viaje en Constantinopla. La narración se hace en primera persona. Badia cuenta, con abundantes por­menores, la situación de las ciudades, las audiencias, comidas, nupcias; da noticia del comercio, la indumentaria, la geografía, las supersticiones, la historia natural de cada país que visita. Su estilo claro y agra­dable hace de esta prodigiosa narración uno de les documentos más útiles, apasio­nantes y veraces de su tiempo. Fue tradu­cido al alemán, al castellano, al catalán y al italiano.

A. Manent