Viaje Alrededor del Mundo, James Cook

En esta obra suya, publicada en Lon­dres, en dos volúmenes, en 1777, con el título Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo [Voyage towards the South Pole and round the World in the Years 1772-75, in which is included Captain Foruneaux’s Narrative], el gran explorador inglés James Cook (1728-1779) cuenta su viaje a los mares del Sur, emprendido por voluntad de lord Sandwich, jefe del Almirantazgo bri­tánico, con objeto de averiguar la existen­cia del mítico continente austral, fijar sus límites y caracteres, y explorar sus costas.

Partió de Plymouth el 13 de julio de 1772, con dos naves, la «Resolution» y la «Adventure» y llegó el 29 de octubre al Cabo de Buena Esperanza; de allí se dirigió al Cabo de Circuncisión, que el francés Bouvet ha­bía avistado en una precedente exploración y creído parte del continente austral; pero, alcanzadas la latitud y la longitud señala­das, no pudo percibir tierra alguna, y hubo de sacar en conclusión que Bouvet se había engañado y había tomado por tierra un grupo de icebergs (en realidad aquel error era debido a la circunstancia de que la longitud había sido calculada por Bouvet según un meridiano diverso del de Greenwich). Dirigiéndose entonces hacia el sur, el 17 de enero de 1773 cruzó, por primera vez en la historia, el círculo polar antártico y alcanzó la latitud sur de 67° 15′, donde la acumulación de los hielos le obligó a vol­verse. De allí Cook se dirigió hacia Nueva Zelanda, donde pasó mucho tiempo y trabó amistoso trato con los indígenas e introdujo y difundió plantas y animales desconoci­dos para ellos, iniciando de esta manera una primera y rudimentaria colonización.

Después de un viaje de exploración a los archipiélagos de Oceanía, durante el cual desembarcó en Tahití, cuyos habitantes le recibieron con grandes fiestas, y dos de los cuales quisieron a toda costa seguirle (uno de ellos llamado O May, llevado luego a Europa, fue objeto de vivísima curiosidad por parte de todos los entendidos en antro­pología), partió para una segunda campaña hacia el sur, donde alcanzó la latitud má­xima de 71° 10′, superada sólo por Weddell en 1823; fue una navegación difícil, en que la nave se encontró a menudo envuelta en una niebla espesa, zarandeada por los vien­tos entre los hielos, con el único alivio de la continua presencia del sol en el hori­zonte. Dejado el «pack», después de una enfermedad que lo tuvo durante algún tiempo en peligro de muerte, Cook emprendió un segundo viaje entre los archipiélagos de Oceanía, explorando las Nuevas Hébridas y descubriendo la Nueva Caledonia.

Dobla­do el Cabo de Hornos realizó una última ex­ploración antártica, durante la cual descu­brió Nueva Georgia y Tierra de Sandwich, que él pensó que formaba parte del conti­nente austral. Finalmente emprendió el re­greso, y el 30 de julio de 1775 desembarcaba en Portsmouth, después de una ausencia que había durado cerca de tres años. Grande fue la importancia de esta expedi­ción, que sirvió para demostrar que la legendaria «tierra austral desconocida», que los geógrafos de la época habían imaginado fértil y bella como un nuevo edén, o no existía, o era, en la mejor de las hipótesis, un continente cubierto y rodeado de hielos que lo hacían inaccesible e inhabitable. La eficaz descripción que Cook hizo en su libro de las dificultades y los peligros hallados por él en aquellos mares sirvió para tener alejados de ellos a los navegantes casi du­rante medio siglo.

P. Gobetti

*     El viaje de Cook fue descrito también en dos relaciones de Johann Reinhold Forster (1729-1798), y del hijo de éste Johann Georg Adam Forster (1754-1794), publicadas en inglés respectivamente con el título J. Rein­hold Forster3s Observations Made during a Voyage round the World, etc. (Londres, 1778), y Voyage round the World, in Sloop Resolution, Commanded by Cook, during the Years 1772-75, by Georg Forster (Londres, 1777, en dos vols.). Georg Forster tenía die­cisiete años cuando su padre, el botánico Johann Reinhold Forster, obtuvo poder par­ticipar con su hijo en la expedición de Cook. Y no fue éste el primer gran viaje del joven, quien ya siendo niño había se­guido a su padre durante un viaje científico por el Volga. La descripción del viaje ha­bía de ser completada por su padre, pero en lugar de él la hizo el hijo, que tenía vein­tidós años, y creó una obra maestra, una de las obras clásicas de la literatura de viajes y de la literatura alemana. La edición en alemán, redactada en colaboración con Rudolf Erich Raspe, se publicó en 1779. Su prosa es sobria, clarísima y de frescura deliciosa, con un sentido maravilloso, de arte y de equilibrio. El lector tiene la impre­sión de revivir las experiencias del joven científico.

C. Gundolf