Viaje al Interior de la Tierra, de Nicolás Klim, Ludwig Holberg

[Nicolai Klimii iter subterraneum]. Novela escrita en lengua latina del escritor danés-noruego Ludwig Holberg (1684-1754), publicada en 1741, y rápida­mente traducida a todos los principales idiomas europeos. La traducción danesa es del año 1742.

En la novela, que quiere ser un tratado de ética bajo la forma satírico- didáctica, Holberg nos cuenta las extraor­dinarias aventuras del noruego Niels Klim que, haciéndose bajar en 1665 a un pozo natural próximo a Bergen y precipitado al fondo a consecuencia de la rotura de la cuerda, permanece ausente de la patria du­rante doce años, pasados gran parte en el planeta Nazar, donde se ha encontrado in­explicablemente después de la caída. El pri­mer país visitado por él es Potu. Aquí es acusado de haber atentado contra el honor de la esposa del alcalde, tomada equivo­cadamente por un árbol (tal es en efecto el aspecto de los habitantes), y es sometido a un largo proceso, durante el cual tiene tiempo sobrado para estudiar los usos y costumbres del país, que nos describe con gran simpatía. Absuelto y sometido a una especie de examen, es por fin nombrado Correo de la Corte. La ligereza de su obrar y la rapidez de su pensamiento no permi­ten adaptarlo a ninguna otra profesión, todo lo cual induce a los potuanos, lentí­simos en todas sus acciones, a dudar de que sea un animal racional.

El país está regido por una monarquía patriarcal que no excluye la democrática igualdad entre los ciudadanos de ambos sexos; la religión es sustancial más que formal y las cien­cias que se cultivan son las prácticas. Niels publica más tarde, con gran éxito, una obra sobre los otros países del planeta, descono­cidos de los potuanos, que ha visitado como Correo: el país de Guamso, donde, por no ser conocido el dolor, la existencia es abu­rridísima; el de Lalac, donde los ríos de leche y miel fomentan la pereza y holga­zanería de sus habitantes; el de Cockleku, donde las mujeres tienen la iniciativa en todos los terrenos, hasta en el del amor, etc. Niels propone también una nueva ley (esto es, la de excluir a las mujeres de los ser­vicios públicos) aun sabiendo que esto pue­de acarrearle la muerte con sólo que su propuesta sea rechazada. Pero los potuanos, en atención a que es extranjero, se con­tentan con expulsarlo del planeta Nazar. Encerrado en una caja o jaula tirada por pájaros llega al país de Martinia, donde los habitantes, semejantes a monos en su aspecto, se maravillan de su lentitud cuanto los potuanos de su rapidez.

Los martinianos cambian las leyes cada año, y viven en continua admiración de cualquier nove­dad, aunque sea inútil: Niels los conquista dándoles a conocer las pelucas, pero cae pronto en desgracia y es condenado a gale­ras. Tiene también ocasión de visitar, aun­que sea como galeote, muchos países extra­ños hasta que es arrojado por un naufragio al país de los Quana, los cuales viven aún en estado salvaje. Preso por un enviado del Sol, Niels introduce en este planeta la civilización moderna, y funda una pode­rosa monarquía. Pero las riquezas del país no bastan a su ambición: armados sus súb­ditos de mosquetes y de cañones, descono­cidos en todo el país, vence fácilmente no sólo a los habitantes de los países limítro­fes, sino también a los poderosos martinianos. Pero su soberbia y crueldad le hacen muy pronto mal visto de sus propios súb­ditos, que lo expulsan. Por fin puede mila­grosamente escapar, a través de la cavidad por donde había sido precipitado, y llegar de nuevo a Bergen. Después de tanto tiem­po, ninguno de sus conciudadanos le re­conoce, salvo un amigo fiel, quien le acon­seja no hable con nadie de su increíble viaje.

Este extraño y entretenido libro, que experimenta a la vez la influencia de Los viajes de Gulliver (v.) de Swift, la del Robinson Crusoe (v.) de Defoe y la de las Cartas Persas (v.) de Montesquieu, es un típico producto del racionalismo del si­glo XVIII y como tal es notable, si bien no se puede decir que la obra tenga un gran valor literario. Son frecuentes las referen­cias autobiográficas. La descripción de los diversos países no es más que un pretexto para la sátira de la Europa contemporánea (bien conocida de Holberg por propia expe­riencia); sátira que, aunque no benévola, no llega nunca a la indignación, como en Swift, ni tiene tampoco evidentes finali­dades moralistas.

A. Manghi