Usatges, Ramón Berenguer I

Constituyen los Usatges de Barcelona el núcleo fundamental del dere­cho del Principado de Cataluña, base inicial del proceso de su posterior desarrollo hasta los tiempos modernos. El código de los Usatges debe su promulgación a uno de los más insignes condes de Barcelona, Ramón Berenguer I, a mediados del siglo XI, pero en la forma llegada hasta nosotros es el fruto de sucesivas agregaciones de ele­mentos adventicios al núcleo fundamental.

El problema de la formación de los Usatges ha sido objeto de laboriosas investigaciones por parte de numerosos autores, entre ellos Balari, Ficker, Conrat, Besta y Valls Taberner. Gracias a la paciente labor de este último, pueden señalarse con bastantes pro­babilidades de acierto las diferentes etapas de su redacción reflejadas en diversos nú­cleos de disposiciones refundidos en el tex­to actual. A un primer grupo de «usualia», antiguos usos de curia, puestos por escrito y promulgados en una asamblea hacia 1058, seguiría una «carta constitucional» de pocos años después, y luego unos estatutos de paz y tregua (1064), y nuevos «usatici» en 1068. Estos distintos elementos, promulgados to­dos bajo el reinado de Ramón Berenguer I, serían recopilados a su muerte por un anó­nimo jurista de su corte, refundiéndolos en un cuerpo con cierta, ordenación. Los copis­tas de los siglos siguientes añadieron a esta redacción elementos de distintas proceden­cias, tanto antiguos textos jurídicos (roma­nos, canónicos, visigodos, francos) como dis­posiciones de los primeros condes-reyes catalanoaragoneses, completándose éstas con algunos estatutos de Jaume I (1243), época en que finaliza el proceso formativo de nues­tro código.

La aparición de los Usatges, en pleno siglo XI, corresponde históricamente al momento de iniciación de la sociedad feu­dal en los condados catalanes, y de estruc­turación de su constitución política. La insu­ficiencia del viejo Liber Judiciorum, de as­cendencia visigoda, para regular buen nú­mero de relaciones jurídicas de la nueva sociedad, con la consiguiente incertidumbre y arbitrariedad en los fallos judiciales, in­dujo al príncipe barcelonés a promulgar el primer núcleo de Usatges, con el ascenso de los magnates de su condado y la colabora­ción de expertos juristas (Pon? Bofill March, como el más destacado). Las instituciones feudales fueron el objeto principal de la regulación de estas primeras leyes, que cons­tituyen, cronológicamente, el primer código feudal de Europa. Nuevos aspectos, así de derecho público como privado, fueron des­arrollados en los núcleos sucesivos, perfi­lándose a través de los mismos la configu­ración típica del derecho catalán.

La vigen­cia de los Usatges, limitada en un principio a los condados dependientes del de Barcelona, no tardó en extenderse a toda Cata­luña, ya de modo principal, ya como suple­toria de los respectivos textos locales, y a fines del siglo XV, al procederse a la reco­pilación oficial del derecho del Principado, los Usatges fueron incorporados a la misma (Constitucions i altres drets de Catalunya), y han regido con ella, hasta 1716, de modo pleno, y hasta el presente en determinado ámbito del derecho civil. Redactados origi­nariamente en latín, desde el siglo XIII fueron objeto de varias versiones al cata­lán, hasta la oficial de los compiladores del siglo XV. Dado su carácter de ley funda­mental del Principado, han sido glosados por los más ilustres comentaristas del dere­cho de Cataluña (Callís, Marquilles, etc.).

Aun faltando una edición crítica de su texto, como ediciones modernas manejables pue­den citarse la de Abadal-Valls, Usatges de Barcelona, Barcelona, 1913 (que da el texto de varias versiones latinas), y la de J. Rovira Armengol, Usatges de Barcelona i Commemoracions de Pere Albert, Barcelona, 1933, que ofrece un texto catalán del si­glo XIII y el de la traducción oficial del siglo XV.

J. M. Font Rius