La Curación por el Espíritu, Stefan Zweig

[Die Heilung durch den Geist]. Son tres ensa­yos, publicados en 1931, del escritor austría­co Stefan Zweig (1881-1942), sobre F. A. Mesmer, M. Baker Eddy y S. Freud. Los „ ensayos exponen cíclicamente un mismo problema: la curación psíquica de las enfer­medades. La antigüedad y la Edad Media ya habían recurrido, bajo el velo de la re­ligión, a prácticas psicoterapéuticas, pero el primero que se ocupó científicamente del problema fue el alemán Franz Antón Mes­mer (1743-1815), fundador del magnetismo animal. A consecuencia de una curación conseguida con la aplicación del imán, Mes­mer, médico bastante conocido en la Viena de María Teresa, empleó la nueva cura con extraordinario éxito. Advirtiendo que la cu­ración se producía inclusive sin la interven­ción del imán, atribuyó la causa a un fluido que creía transmitir al enfermo.

En reali­dad Mesmer había descubierto, sin saberlo la moderna psicoterapia. El segundo ensayo, el más amplio, está dedicado a la ameri­cana Mary Baker Eddy (1821-1910), funda­dora de la «Ciencia Cristiana». De humilde origen, atormentada hasta los cuarenta años por una enfermedad considerada incurable, la Baker sanó por la sugestión de un tal Quimby. El método de Quimby se convirtió en el núcleo de las teorías de la Baker, que adquirieron en seguida un carácter religio­so. La Baker, partiendo del presupuesto que el hombre es una criatura divina y que Dios no puede querer el mal del hombre, afirma que la enfermedad y el mal, son erró­neas representaciones mentales de las cuales se sana reconociendo su naturaleza iluso­ria. Las nuevas teorías se difundieron rápidamente; después de haber superado graves dificultades con singular tenacidad, unida a un sentido práctico sorprendente, la Baker afirmó victoriosamente sus principios creando en América una nueva Iglesia. El psicoanálisis y su fundador, el austríaco Sigmund Freud (1856-1939), son el argumento del tercer ensayo. Un colega de Freud ha­bía curado a una histérica, resolviendo un conflicto íntimo, que era la causa del mal. La comprobación de dicho caso, las inves­tigaciones del francés Charcot sobre la histeria y las observaciones personales lleva­ron a Freud a descubrir que muchas enfer­medades del espíritu son debidas a con­flictos que se desarrollan en el interior del individuo.

Sólo llevando de la esfera de la subconsciencia a la de la conciencia el conflicto causa del mal (conflicto que el en­fermo ignora u oculta a sí mismo) es po­sible la curación. Pero, ¿cómo puede conseguirse un equilibrio entre las exigencias tiránicas del instinto y las necesidades so­ciales? En parte gracias al sueño, que es un desahogo de los impulsos que quedan in­satisfechos durante la vigilia. Los instintos componen toda la vida psíquica: la «libido» no aparece en la pubertad sino que la pre­cede. Famosa a este propósito es la expli­cación que Freud da del mito de Edipo. Así la vida del individuo, como la de la humanidad, está dominada por el conflicto del instinto, salvaje y antisocial, y las exi­gencias de la razón. Freud no resuelve la contradicción: ¿cómo puede curar el espí­ritu daños producidos por impulsos más fuertes que él? Dichos problemas están ex­puestos por Zweig con una humana com­prensión de su gravedad: mientras en el ensayo sobre Mesmer el autor nos describe un hombre y una época, y en el de la Ba­ker recrea una excepcional figura feme­nina, hablando del psicoanálisis (v.) Zweig (que quizás se excede, atribuyéndole sobre la cultura contemporánea una influencia que en realidad es más superficial que profun­da), asciende a un tono más prudente, casi escrupuloso. También él es hombre antes que nada. [Trad. de F. Payarols (Barcelona, 1934)].

B. Del Re