Exposición Del Sistema Del Mundo, Pierre Simón Laplace

[Exposition du systéme du monde] Obra del astrónomo francés publicada en París en 1796. Esta obra, que ha estimulado y hecho progresar el pensamiento científico duran­te el siglo XIX, es una divulgación sin aparato matemático de las hipótesis de La- place sobre los orígenes del sistema solar, y es como la conclusión de su Tratado de mecánica celeste (v.). El procedimiento empleado por Laplace reviste y esconde en la vulgarización toda la parte analítica ya anteriormente desarrollada por él.

El es­tilo es claro y magistral y el sumario de la historia astronómica, con el que termina, es ciertamente una obra maestra literaria. Su famosa hipótesis cosmogónica, según la cual existió una nebulosa que ocupaba todo el espacio del sistema planetario, está tra­tada detalladamente y basada sobre tres hechos notables, entonces sin discusión en el sistema solar, esto es, que los movimien­tos diurnos y anuales de sus componentes son directos (proceden de occidente a oriente); que las excentricidades de sus órbitas respectivas son pequeñas; que las inclinaciones de las órbitas sobre el plano de la eclíptica son también pequeñas. Aun­que en una nota diga que la hipótesis ha de mirarse «con la desconfianza que debe inspirar todo lo que no es resultado de la observación y el cálculo», sin embargo, pronto se revela la importancia que tiene Laplace por su originalidad y sencillez a la vez que por la claridad de los principios adoptados.

Una misma causa debe haber producido los tres fenómenos señalados, obrando sobre todos los planetas, y como éstos están separados por distancias rela­tivamente grandes, debe admitirse la exis­tencia de materia nebulosa más o menos densa que ocupó todo el espacio, hasta más allá de la órbita del más lejano pla­neta entonces conocido: Urano. La forma­ción de los planetas debió de ocurrir por enfriamiento o contracción de la materia; de aquí se sigue necesariamente un aumen­to de la velocidad angular, de modo que en cierto momento la fuerza centrífuga del borde extremo de la nebulosa rotatoria, su­peraría la atracción de la masa central, dan­do así lugar a la separación de un primer anillo y de otros posteriores, de modo aná­logo a lo que ocurre en el planeta Saturno. De la materia rotatoria de cada anillo se formarían de modo análogo los satélites, también situados, más o menos, en el pla­no de la eclíptica, girando con movimiento directo.

G. Abetti