Exposición del Empirismo Filosófico, Friedrich Wilhelm Joseph Schelling

[Darstellung des philosophischen Empirismus]. Obra del filósofo alemán publicada postuma en Stuttgart en 1861, en el X volumen de las «Sámmtliche Werke». El escrito se acabó de componer en Munich hacia 1836, y debía servir, con otros, como esquema de lecciones para un curso de propedéutica filosófica.

El cono­cimiento filosófico surge por el trámite de la experiencia: la filosofía debe explicar el «hecho». Éste no es un mero conglomerado de datos sensibles, sino algo interno para el espíritu que lo crea y que lo piensa. El «empirismo filosófico» es precisamente la parte preliminar de la filosofía que indaga las estructuras ideales del «hecho», abrien­do el camino a la verdadera filosofía, al «racionalismo» filosófico. El problema del «hecho» ha sido el problema fundamental de la historia de la filosofía, hasta la «filo­sofía de la naturaleza» del autor, que ha llegado a este resultado: «La génesis de toda la naturaleza se apoya únicamente en la prevalencia que gradualmente va tomando el sujeto sobre el objeto, hasta el punto en que el objeto viene a ser completamente el sujeto de la conciencia humana».

Yendo todavía más lejos, Schelling establece que el «hecho» implica siempre la copresencia de dos principios: el ser como objeto, mera y ciega objetividad, meramente potencial, ilimitado e indeterminado, y el ser del su­jeto que conoce, que es quien propone, limita y determina el primero. El proceso de la realidad que se expresa en el «hecho», es la transformación del primer principio en el segundo. Pero la dualidad presupone una unidad más profunda: Dios como cau­sa, y precisamente como causa del preva­lecer del sujeto. Dios es, por tanto, más que el ser, el Señor del Ser. El proceso del devenir, en sus tres momentos (1.° lo que en Dios está contenido y, por tanto* es limitado; 2.° el ser ilimitado; 3.° lo que del ser ilimitado pasa a la limitación), radica por tanto dentro de Dios. De esta manera Schelling funde la filosofía de Fichte con el spinozismo. Pero de esta manera, Dios sólo es pensado como causa y señor del ser, no como absoluto, porque «causa» im­plica «relación».

Y Dios, para nosotros, es: en sí mismo, la voluntad que puede ser, queriéndolo, el sustrato del proceso, que por tanto crea con un acto absoluta­mente libre de cualquier existencia, aun­que sea simplemente potencial, del ser. De este modo, el empirismo, en sus consecuen­cias extremas, se resuelve en lo sobreempírico. Notable es la importancia histórica de este escrito que marca el punto de transición de la fase idealista a la fase teosófica del pensamiento de Schelling: la fusión entre Fichte y Spinoza, que primero había tratado de hallar en la metafísica de la identidad, y más tarde en la de la liber­tad, aquí está considerada como prope­déutica y provisional. El pensamiento de Schelling trata ahora de indagar el con­cepto de universo entendido como absoluta teofanía. Con ello su pensamiento sale de la tradición del idealismo clásico para conectarse con las exigencias de la renovación de la metafísica religiosa que agitaron el pensamiento alemán, hacia la mitad del siglo pasado.

G. Preti