Experimentos y Observaciones sobre Diferentes Especies de Aire, Joseph Priestley

[Experiments and observations on different Kinds of air], Obra del físico inglés publicada en Londres en 1774-75 en dos volúmenes en 8.°. Priestley, en sus experimentos sobre la combustión del carbón en el vacío, había estudiado las circunstancias en que se for­man las dos especies de aire, es decir, la fija y la inflamable.

Fijando las caracte­rísticas de lo que queda después de la combustión del aire común, que él llama fiogistificado, descubrió el aire nitroso (ni­trógeno) y su propiedad de regular la salu­bridad del aire común absorbiendo toda la parte respirable, y, finalmente separó la parte respirable, el aire puro, el único que conserva la combustión y la vida. Con ello dio un gran paso en el descubrimiento de los dos elementos, nitrógeno y oxígeno. En el tratado Experiments and observations relating to various branches of Natural Philosophy, with a continuation of the observations on air, 3 volúmenes (Londres, 1779-86), en gran parte reproduce y des­arrolla este tema principal de la constitu­ción del aire, mediante numerosas expe­riencias sobre las propiedades del ácido nitroso y sobre las reacciones del mismo con los metales y con otras substancias. Se encuentran muchas otras experiencias y ob­servaciones sobre los ácidos, marino (clor­hídrico), vitriólico (sulfúrico), fosfórico, sobre la agitación del mercurio en el agua, no exactamente interpretada por él, sobre la producción del aire «desflogisticado» por acción del ácido vitriólico sobre los meta­les, sobre la pureza del aire, sobre el efecto de la chispa eléctrica en el aire, sobre la vegetación de las plantas y de su acción en el aire, y otras numerosísimas experien­cias, en su mayoría siempre dirigidas a la propiedad de los aires, en las que, prescin­diendo de los errores justificables por las condiciones de la química de entonces, po­demos reconocer una tentativa bien conse­guida y bien encaminada para librarse de las trabas de las teorías inveteradas de la alquimia y orientarse hacia los métodos de la química moderna.

Sin embargo, el pre­juicio flogístico no le permitió ver claro en el fenómeno de la combustión. Fue pre­ciso esperar a Lavoisier para conseguir la exacta teoría de la oxidación. Para Priest­ley, el nitrógeno continuó siendo «aire flogistificado» y el oxígeno «aire desflogistificado». El principio del «flogisto» era para él la clave de la química. «El flogisto — nos dice—, como antaño se llamaba al principio de la inflamabilidad, es uno de los puntos que más han preocupado a los quí­micos. Stahl descubrió que este principio, fuese el que fuese, es capaz de pasar de una sustancia a otra, por muy distintas que puedan ser sus propiedades, como la ma­dera, el azufre, los metales, y, en conse­cuencia, es el mismo en todos. Pero lo que ha dado un aire de misterio al asun­to es haber creído que este principio, o sustancia, no puede ofrecerse a nuestros sentidos sino combinado con otra sustan­cia, y que es imposible hacerle tomar se­paradamente ninguna forma, ni fluida ni sólida…

En estos últimos tiempos, muchos químicos célebres, entre ellos Lavoisier, han pretendido que toda la doctrina del flogisto estaba basada en un error y que en todos los casos en que se creía que los cuerpos estaban privados del principio del flogisto, no habían perdido nada, sino al contrario, habían adquirido algo, la mayo­ría de las veces una especie de aire, y que un metal, por ejemplo, no era una combi­nación de dos cosas, es decir, de una tierra y del flogisto, sino que en su estado metá­lico es una sustancia simple y que, cuando pasa al estado de cal, la causa no es la pérdida de su flogisto ni de cualquier otra sustancia, sino la adquisición del aire». Pero estas objeciones, que en el fondo se aproximan bastante a la explicación de los fenómenos, Priestley, aun reconociendo su ingeniosidad, no quiso tomarlas en la consideración que merecían y perseveró en el camino equivocado del flogisto, hacien­do de este modo perder mucho valor a sus cuidadosas observaciones.

P. Pagnini