Escritos Jurídicos Menores de Ruffini

[Scritti giuridici minori]. Escritos y estudios de Francesco Ruffini (1863-1934), escogidos y ordenados por M. Falco, A. C. Jemolo y E. Ruffini: fueron publicados en Milán, en dos volúmenes, en 1936.

Junto a sus célebres monografías jurídicas, tales como la Actio Spolii, de 1889, La buena fe en materia de prescripción [La buona fede in materia di prescrizione], de 1892 y Los gastos de culto de las obras pías [Le spese di culto delle opere pie], de 1908, su hijo y sus fieles discípulos pensaron recoger en un volumen todos sus escritos de derecho canónico (disciplina que tuvo en Ruffini uno de los mayores maestros de nuestra época) y en un segundo volumen los de­más escritos concernientes a los diversos ramos del derecho y de las doctrinas po­líticas. De este modo, si el primer volumen tiene un carácter orgánico, equiparable a un tratado general de derecho canónico, el segundo aparece como una colección de ensayos históricos, digna de interesar tam­bién a los no especializados en materias jurídicas.

En el volumen primero son no­tables las páginas concernientes a los «conceptos y fuentes del derecho canónico»; con el preámbulo — con que inició su ense­ñanza libre en la Universidad de Turín el 14 de noviembre de 1891 —, «Libertad re­ligiosa y relaciones entre el Estado y la Iglesia en general», defendiendo una neta separación de poderes que explica el es­píritu de los escritos históricos (v. La li­bertad religiosa) y el abandono de la cá­tedra en 1931, por no haber querido pres­tar juramento a las leyes fascistas; y las «Relaciones entre el Estado y la Iglesia», tanto en Italia (con ensayos y estudios, desde la política eclesiástica de Manuel Fi- liberto de Saboya, a los estudios sobre el Estado de la Ciudad del Vaticano apareci­dos en el mismo 1931 en un periódico) como en Francia (con las cuestiones sobre las congregaciones religiosas, la separación entre el ‘Estado y la Iglesia y por fin las más recientes relaciones entre Francia y el Vaticano).

Añádense las investigaciones so­bre «Constitución y administración de la Iglesia» donde al lado de trabajos exce­lentes por su argumentación y el rigor de la investigación histórica («De las facul­tades de los obispos en cuanto a la repre­sentación jurídica de las parroquias», «Diez­mos contractuales que constituyen la dote de un beneficio» y «De la novación en ma­teria de diezmos sacramentales»), se des­tacan investigaciones tales como «Por qué César Baronio no fue papa»; contribución al estudio de la «Monarquía sícula» y del «jus exclusivae»; «La parroquia mauriciana de Stupinigi» y «La naturaleza jurídica del «Consorcio de los vivos y de los muer­tos” de Parma», que Falco, en la introduc­ción, define como un modelo de investiga­ción histórico comparativa tal como la en­tendía el autor.

Con toda justicia hacía notar el discípulo (inteligente universita­rio, fallecido en 1943) que el primer volu­men de esta miscelánea, siguiendo los prin­cipios del método de Ruffini, no distingue el derecho canónico del derecho eclesiásti­co del Estado, ni la historia del derecho del derecho vigente: precisamente es ésta su compenetración entre investigación y meditación, entre erudición y una tenaz defensa de los derechos de libertad bajo todas sus formas, lo que explica la noble vida del investigador, su actividad política y, sobre todo, su respeto a la actividad hu­mana en su exigencia de progresivas con­quistas civiles. El volumen II, aunque me­nos amplio que el primero, comprende una serie de escritos jurídicos y políticos del más alto interés.

La primera parte está dedicada a los «Escritos sobre personas ju­rídicas», entre los que se halla la famosa monografía sobre «La clasificación de las personas políticas en Sinibaldo dei Fieschi (Inocencio IV) y en Federico Carlos de Savigny», junto a investigaciones muy téc­nicas como la «Transformación de personas jurídicas y conmutaciones de última volun­tad en el art. 91 de la Ley de obras pías» y «Por la historia política y dogmática del  87 del código civil del Imperio Germá­nico (BGB)», que se ocupa sobre todo de la facultad del Estado para modificar cuan­tas fundaciones «no puedan ya responder a sus propios fines o lo hagan sólo de un modo deficiente». La segunda parte con­tiene los «Escritos de derecho internacio­nal» (entre los que hay un trabajo, de 1920, sobre el sionismo, todavía digno de interés en la actual situación política); la tercera, los «Escritos sobre la propiedad científica», y la cuarta y última, los «Es­critos históricos» propiamente dichos, con un panorama sobre la «universidad de Turín», una doctísima investigación sobre «Dante y el malvado decretalista innomi­nado (Monarquía, III, III, 1», o sea Matteo d’Acquasparta, y por fin «El orden constantiniano y Scipion Maffei», ensayo agudo y vivo. En conjunto puede decirse, pues, que estos dos volúmenes de Escritos jurídicos menores representan un monu­mento de doctrina, a la vez que el más sig­nificativo testimonio de los intereses espi­rituales del maestro.

C. Cordié