Epigramas de Sannazaro

[Epigrammatum libri tres]. Siguiendo el ejemplo de famosos poetas latinos, el humanista na­politano Jacopo Sannazaro (hacia 1456- 1530) quiso dejar Tres libros de epigra­mas, que nos han quedado junto con las Elegías (v.) como vivísimo testimonio de su vida. Esta obra, escrita en un latín fluido y espontáneo, une a los dísticos ele­giacos otros metros, entre ellos las odas sáficas y los endecasílabos a la manera de Catulo.

Estados amorosos, meditaciones, do­lores, se entrelazan armónicamente; siguen luego encomios y sátiras, como los que los humanistas Poggio Bracciolini y Angiolo Poliziano escribieron, descripciones y re­cuerdos. Son famosas las alabanzas a la tranquilidad de la villa Margellina (que había de dar después su nombre al propio lugar), y el recuerdo de las fiestas de los marineros a los pies de la colina de Posilipo. Y, sobre todo, es notable el epigrama de adiós a Nápoles mientras el poeta se ale­ja de la patria para seguir en su destierro a Federico de Aragón, su señor (poesía ya antes recogida por Pontano en el Egidio v.), el dedicado a la belleza de Venecia a la que finge, galantemente, construida por los mismos dioses, y el escrito durante su destierro en Francia, sin dejar el séquito de su amado rey Federico, y dedicado a San Nazario (Saint-Mazare sobre el Loira) que le recuerda el castillo de Romelia San Nacaro (ahora Sannazaro del Burgundi).

En este género que, por su naturaleza, sigue siendo el más conexo con la vida del poeta, Sannazaro nos ofrece todo el complejo cuadro de su espíritu y, más to­davía, del espíritu humanista: nostálgico y sensual, sensible al ideal como a la rea­lidad inmediata, igualmente dispuesto al egoísmo y al sacrificio, igualmente pronto para la sátira como para el encomio. Todo esto no forma contraste ni contradicción: son momentos terminados cada uno en sí, facetas siempre tersas, armoniosas y vivas del poliédrico humanismo.

C. Cordié