Ensayo sobre la Naturaleza y el Desarrollo de las Pasiones y de los Afectos, Francis Hutcheson

[Essay on the Nature and Conduct of the Passions and Affections]. Obra del filósofo irlandés publicada en Lon­dres en 1728. Es evidente la influencia di­recta sobre el pensamiento de Hutcheson, de la doctrina de Shaftesbury: no en su inmanentismo metafísico de origen rena­centista, sino en su método de análisis psi­cológico y su ideal de armonía moral del hombre. La primera, que, por otra parte, corresponde al gusto y las actitudes espi­rituales del siglo XVIII, lleva a Hutcheson a distinguir en el alma humana las pasio­nes violentas, rápidas, impetuosas y pasa­jeras, de los afectos, más tranquilos, pro­fundos y duraderos.

Aquéllas representan variaciones inesperadas e inestables del equilibrio interno de la personalidad; los afectos, sus tendencias esenciales, su estruc­tura dinámica más íntima. Ésta se basa en una tensión que caracteriza la doble pola­ridad de los afectos: el hombre se siente y quiere, por un lado, en su singularidad, por el otro en su comunidad humana universal. La felicidad propia y la felicidad de todos son los dos polos de vida interior. Y así como un sentido instintivo nos advierte de lo que es conveniente o perjudicial para nosotros, así un íntimo sentido moral nos advierte de lo que conviene o perjudica a toda la humanidad, y actúa como criterio de nuestro juicio de bien o de mal. Del mismo modo que el instinto egoísta nos lleva a las acciones correspondientes a la utilidad propia, un instinto moral, una des­interesada benevolencia natural nos lleva a las acciones morales.

La vida moral alcan­za su más alto grado allí donde el instin­to de la propia felicidad y de la felicidad universal se armonizan, donde el hombre, con la propia acción, alcanza con su mayor plenitud vital, la más amplia e íntima coin­cidencia con toda la humanidad. Así, en el pensamiento de Hutcheson el ideal huma­nitario identifica la virtud con la felicidad: de racionalista pasa a ser sentimental: no corresponde a la universalidad de una ley racional, sino a la íntima unidad afectiva del alma humana.

A. Banfi