Ensayo sobre la Naturaleza del Comercio en General, Richard Cantillon

[Essai sur la nature du commerce en general]. Esta obra fue publicada después de su muerte, en Paris, en 1755, aunque el manuscrito era ya co­nocido entre quienes constituyeron más tarde la escuela fisiocrática. Se deben al economista inglés Jevons el conocimiento y la difusión de la obra de Cantillon, pro­clamada por él como «la cuna de la eco­nomía».

En realidad, se trata de una obra de transición que señala el punto de fusión entre dos grandes corrientes de ideas, la francesa y la inglesa, orientadas hacia las nuevas doctrinas. Cantillon resume las ideas de algunos mercantilistas del último pe­ríodo, corrigiéndolas y modificándolas con conceptos nuevos, agudos y sin duda fun­damentales dada la época en que fueron escritos, que sirvieron más tarde para la formulación de las doctrinas fisiocráticas. Contrariamente a lo que habían hecho sus predecesores, Cantillon establece como pre­misa una distinción fundamental entre los dos aspectos de los fenómenos económicos: producción y distribución por una parte, y fenómeno monetario por otra.

Las dos principales divisiones de la obra corres­ponden a estos dos puntos de vista, que, por otra parte, permiten al autor, según que se coloque en un punto de vista general o en el de la economía nacional, conciliar las dos actitudes aparentemente opuestas de la idea de riqueza. En la primera parte, al estudiar la noción de riqueza en sí misma, concluye, superando la concepción mone­taria mercantilista de la riqueza, que «el valor intrínseco de una cosa es la canti­dad de tierra y de trabajo que entran en su producción». Todas las riquezas, en otras palabras, encierran cierta cantidad de tie­rra y de trabajo, y de aquí deriva su valor. Pero, por otra parte, al analizar sucesiva­mente la noción de riqueza comparativa y «el valor corriente o extrínseco o de mer­cado» Cantillon afirma que consiste «en la cantidad de moneda que los Estados po­seen» y añade que conviene «hacer entrar en el País la mayor cantidad de moneda posible», que es un medio eficaz de cambio.

Y esto, no porque el aumento de la mone­da asegure la supremacía del Estado sobre sus vecinos, sino porque es el síntoma de su superioridad. La moneda no es el punto de partida de la riqueza, sino su lógico desarrollo. Como se ve, Cantillon acepta ambas nociones: la de la riqueza en gene­ral con su medida (la tierra), y la de la ri­queza comparativa con su medida (la mo­neda). Fisiocrático en la economía general, Cantillon es mercantilista en su economía nacional.

A. Maffei