Ensayo sobre el Origen del Conocimiento, Etienne Bonnot de Condillac

[Essai sur l’origine des connaissances humaines]. Exposición sistemática del empirismo lockiano, publicada en 1746, inseparable del Tratado de las sen­saciones (v.), su obra principal, publicada en 1754. Inspirándose en Fontenelle y si­guiendo a Locke, considera la sensación y la reflexión como las dos fuentes de la experiencia, ambas igualmente originales, si bien hace de la reflexión una facultad analítica posterior al acto primitivo del co­nocimiento, la percepción sensible de los objetos. Se propone reformar la metafísica, sustituyendo una ciencia de los primeros principios basados en entidades abstractas, por un estudio del espíritu humano funda­do sobre la observación, la experiencia y la aplicación del método propio de las ma­temáticas y de la física, es decir, el aná­lisis, e investigando no la naturaleza del alma, que escapa al mismo, sino sus opera­ciones en su unión con el cuerpo.

La pri­mera parte del Ensayo está dedicada al análisis de las operaciones del alma par­tiendo del hecho íntimo y primitivo que no podemos poner en duda; la conciencia de nuestra existencia y de nuestro pensa­miento, extendida a las ideas, susceptible de grados, ligada a nuestras necesidades, pasiones y temperamento. Las ideas están sometidas en nuestra vida interna a una dependencia recíproca, a una «concatena­ción» — correspondiente a la de los seres y las cosas en el orden físico —, que en­cuentra su razón en la organización huma­na y en el comercio con los demás hom­bres, y la posibilidad de funcionamiento en nuestra capacidad de despertar las ideas mediante signos. La reflexión consiste, pues, en un conjunto de operaciones que atesti­guan la actividad del espíritu y la intervención del «juicio» que la expresa por medio del discurso, adonde el pensamiento se fracciona en tantos términos cuantas son las ideas, gracias a la trabazón de las ideas entre sí y a su enlace con los signos. Para dirigir bien las operaciones del alma es ne­cesario, pues, estudiar el origen y des­arrollo de los signos: el lenguaje y el mé­todo.

Este es el tema de la segunda parte del Ensayo. Los hombres empezaron a expresarse, seguramente, mediante signos y movimientos del cuerpo, hasta el momento en que imitaron los sonidos naturales; des­pués los sustituyeron por sonidos articula­dos que designaban objetos. El desarrollo del lenguaje está ligado al carácter de los pueblos, al clima, a la intervención del go­bierno. La fuente de nuestros errores reside en la costumbre de razonar sobre cosas de las que no tenemos ideas precisas; para rectificarlas, hay que aprehender de nuevo la idea en su origen, es decir, remontarse a las sensaciones, sentir, ver, y después dar a nuestras sensaciones un nombre derivado del uso. Conciencia, juicio, relación entre las ideas y entre éstas y los signos: ahí radica toda la ciencia del conocimiento hu­mano. Este sistema había de ser completado en el Tratado de las sensaciones, donde verá, al contrario de Berkeley, en todas las operaciones del espíritu posteriores al sen­tir, como un desarrollo o «transformación» de la sensación.

La filosofía de Condillac simplifica y al mismo tiempo integra y vul­gariza el empirismo de Locke, mostrando la «génesis» de nuestros conocimientos, en lugar de suponer ya constituida dicha sín­tesis que es nuestra experiencia, para deri­var mediante el análisis las ideas de nuestra inteligencia. Favoreció con su agnosticis­mo y sensualismo la oposición a la tra­dición dogmática en la moral y, más tarde, degeneró en Cabanis, quien dio a su psicologismo un fundamento fisiológico. La oposición suscitada por su negación del ori­gen espiritual del conocimiento, quedó apa­ciguada con el Tratado de los Animales (1755), en donde da muestras de conviccio­nes espiritualistas, y en la Disertación so­bre la existencia de Dios, incluida en él, donde demuestra que su sistema, basado en verdades experimentales, llega a una reli­gión natural que acude a la revelación. El sensismo proporcionó de ese modo a la Ilustración (v.) en fermentación un marco filosófico dentro del cual encuadrar las so­luciones más radicalmente contrarias al espiritualismo tradicional, aun sin salir de un prudente agnosticismo; a los científicos les dio un método, a los ideólogos una doctrina que quedó como base de la filo­sofía francesa hasta la contrarrevolución y el triunfo de Kant.

G. Pioli

La obra de Condillac, como la de Des­cartes en el siglo XVII, es la expresión filosófica del espíritu que produjo la lite­ratura de la época. (Lanson)