Discurso sobre el origen y naturaleza de la poesía, Francesco Mario Pagano

[Discorso sull’origine e natura della poesía]. Escrito pu­blicado como apéndice en los Ensayos po­líticos (v.), en la edición de 1806, y com­puesto mientras el autor se hallaba en la cárcel, donde había de permanecer desde el 1797 al 1798, por ser sospechoso de ten­dencias liberales. El Discurso es sustancial­mente una vulgarización de las ideas es­téticas contenidas en los Principios de una ciencia nueva, etc. (v. Ciencia nueva) de Vico, sobre las cuales vino a sobreponerse la tesis presentada por Rousseau de una humanidad en estado natural, ingenua y generosa, sedienta de fantasía y feliz. Asi­mismo, Pagano imagina la humanidad pri­mitiva y salvaje en estado de naturaleza, dotada de muchas y poderosas pasiones y de limitados medios de discernimiento y de expresión. «Al despertarse la inteligencia humana notó no ya la semejanza de las ideas, sino que vio entre todas aquéllas identidad».

Esta confusa acumulación de ideas y sensaciones en la mente humana «engendró la manera de hablar por tropos, por alegorías y ejemplos». Además de la semejanza, fue propia de la humanidad primitiva la tendencia a personificar los atributos o cualidades de las cosas y, en consecuencia, a representarlos mediante imágenes o cuerpos existentes por sí, ha­ciendo abstracción de las cosas con que se hallan enlazados: en otros términos, a divinizarlos. Esta animación de la naturaleza la creó el hombre primitivo mediante el entusiasmo o «furor sacro» extendiendo más allá de sí la propia pasión creadora de imágenes.

Esta primera forma de poesía era predominantemente patética o nostál­gica: el poeta, por lo tanto, representaba las pasiones de sus semejantes por analogía con la propia, refiriéndose predominante­mente al pasado: la poesía, en consecuen­cia, fue primeramente épica, una épica acompañada por la danza y la música, que representaba la vida de las virtudes natu­rales personificadas o divinizadas y de los héroes del pasado. De la épica derivan las otras formas y, en primer término, la dra­mática. El ensayo termina con una consi­deración sobre los fines del arte, que habien­do aparecido primero con una intención es­trictamente hedonista, consiguió conquistar después una función didáctico social. Fue continuada bajo el título de Ensayo sobre el gusto (v.).

S. Spellanzon