De Prospectiva Pingendi, Piero della Francesca

Es el primer tratado de perspectiva geométrica propiamente dicho, escrito en lengua vul­gar, por el pintor Piero della Francesca (14169-1492), que además de gran pintor, fue gran matemático. Esta segunda activi­dad no estuvo limitada a sus últimos años, cuando la ceguera le impidió pintar, según dice Vasari, sino que le acompañó durante toda su vida; se conserva también de él otro tratado De los cinco cuerpos regulares (v.) y un pequeño «àbaco» autógrafo en la biblioteca Laurenciana.

No es esto priva­tivo de della Francesca, pues todos los fun­dadores del Renacimiento cultivaron los es­tudios matemáticos y fueron los promotores teóricos de un idealismo matemático incluso en su investigación de la naturaleza, con­vencidos como estaban de que Dios había creado el mundo «número pondere et men­sura». De esta actitud mental viene la doc­trina de las proporciones, la idea de la regu­laridad de la naturaleza que se expresa en sus leyes, y la perspectiva geométrica como punto central; así se explica la conjunción de la ciencia y el arte en el siglo XV. Piero della Francesca ocupa un lugar intermedio entre Brunelleschi y Leonardo. Si en el tra­tado De la Pintura (v.) de L. Alberti se leen algunas definiciones fundamentales para comprender la perspectiva en el siglo XV, sólo en el libro de Piero hay un verdadero desarrollo del tema, hecho de modo siste­mático, por reglas, pero de un modo más analítico y práctico en forma de teoremas que resuelven gradualmente problemas deperspectiva cada vez más complejos.

Se com­pone de tres partes: en la primera, tras algunas definiciones y teoremas geométricos preparatorios, basados en el «ángulo visual» de Euclides, se ponen en perspectiva figuras planas; en la segunda, sólidos; en la ter­cera, se repiten construcciones análogas y se dan ejemplos de perspectiva aplicada a la cabeza humana por un procedimiento más empírico que aquel que era usado en los ta­lleres y del que el autor dice que es «más fácil de demostrar y de entender». Las cons­trucciones son prolijas, hechas por artistas y no por matemáticos; el procedimiento co­mún es el de descomponer los cuerpos en planta y perfil, y recomponerlos en pers­pectiva, siguiendo en sustancia el proceso llamado por Alberti «construcción legítima»; la construcción de la perspectiva del cuadro entero se presupone como dato; la obra quiere enseñar cómo se transforman las superficies y los cuerpos según varíe el pun­to de vista.

No parece que Piero presente direcciones fundamentalmente nuevas; la perspectiva era ya una adquisición segura, pero la belleza de los ejemplos es suya (y fue tan apreciada, que pasó a otros trata­dos); gran perspectivista también en su pintura, no carece de procedimientos perso­nales, como los más grandes artistas. Pero la originalidad principal de la obra reside en el hecho de estar dedicada sólo a la pers­pectiva entendida como sustancia de la pin­tura, con el fin. de educar al pintor, para mirar la realidad y tener de ella una ima­gen perfecta y rigurosa, correspondiente a su naturaleza divina, por lo que no hay en ella las construcciones aproximativas ya censuradas por Alberti. De prospectiva pingendi es también importante para la com­prensión del arte de Piero della Francesca. Aunque cite a menudo a Euclides, y la óp­tica de Euclides sea la base de la perspectiva del siglo XV, hay algunas modificaciones fundamentales en la idea del espacio que hacen de la teoría de la perspectiva lineal algo completamente original y ligado a la estética del Renacimiento.

La obra fue dedi­cada por el pintor al duque Federico de Urbino, de modo que debió de ser compuesta antes de la muerte de éste (1482); cierta­mente precedió, según propio testimonio del autor, al De quinqué corporibus regularibus, obra que la continúa incluso teóricamente como estereometría que sigue la proyección en el plano de figuras tridimensionales de base regular. El De prospectiva pingendi se conserva en varios códices, el mejor de los cuales es el de la Biblioteca Palatina de Parma, autógrafo y con dibujos originales; tie­ne también dibujos del autor una versión la­tina hecha por el retórico Mateo dal Borgo, coterráneo y amigo de Piero. La primera edición fue hecha por C. Winterberg (Estras­burgo, 1899); una nueva, más legible y co­rrecta, fue hecha por F. Nicco Fasola (Flo­rencia, 1942). Todos los tratados de pers­pectiva del Renacimiento partieron de esta obra y se sirvieron de ella en sus exposiciones, comenzando por Durero, por Jean Pélerin llamado Viator por Serlio; el pro­pio Daniel Barbaro, aunque trata de desva­lorizar el tratado porque no contiene el desarrollo sistemático de la teoría de la perspectiva, se aprovechó de él largamente.

G. N. Fasola